El pasado 17 de marzo, en la ciudad de Tupiza, se inició el XXXIII Congreso Nacional de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB): después de 10 años, su realización causó expectativa y esperanza.
La sesión inaugural marcó el ritmo del Congreso. El rechazo a J. C. Huarachi, ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB) por la acción prorroguista de su mandato, se extendió a los ejecutivos cesantes de la FSTMB, expresado en el rechazo a su informe de gestión —algo democrático— pero también a quitarles la palabra o no considerar los informes específicos pecaron de no-democráticos, lo que le quitó al Congreso el pan y agua del debate. En este contexto surgieron resoluciones sueltas sin la justificación de su formulación —la parte considerativa— que le quita claridad y contundencia a la propuesta. La crítica y autocritica es la escuela del sindicalismo, sin un espacio para esta práctica no hay avance.
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Un análisis de las conclusiones del Congreso busca descubrir los problemas reales que preocupa al proletariado minero actual.
ORGÁNICO. Se rechaza la impostura de parte del ejecutivo saliente de hablar a nombre de los trabajadores sin la práctica de la democracia directa y participativa expresada en asambleas, conferencias, ampliados y congresos, siendo la parte dirigencial la encargada de viabilizar sus acuerdos, nunca definir el rumbo; esta falta de interacción de la realidad de los trabajadores llevó a la ampliación de carteras, para suplir la falta de atención a las minas pequeñas. Muchos problemas no fueron tratados, se los han dejado postergados al tribunal disciplinario, a conferencias y ampliados, deben ser considerados sin falta para superar los vacíos percibidos en el Congreso.
SOCIAL. Se trata de los temas de salud, educación, vivienda. Con la anulación del campamento como núcleo de la vida social, estos problemas han sido marginados de la competencia sindical, sin embargo, son necesidades que persisten en la familia del trabajador. El Congreso no ha encontrado una vía para enfrentar estos problemas, están las secretarías sin tareas. Se ha expresado preocupación sobre la Caja de Salud y la Gestora, pero los problemas son estructurales, una fiscalización o participación en el directorio no resuelve el problema. Se debe volver a los principios de la seguridad social, urge una conferencia sobre el tema.
ECONÓMICO. La constatación de la crisis de falta de dólares y combustibles tiene respuestas puntuales como el retorno de las divisas, la refundación de COMIBOL, la industrialización de las materias primas, pero peca de no delinear una política integral de reactivación productiva soberana, ante todo la minera. Se obvió el análisis financiero de la FSTMB, que señala un déficit.
POLÍTICO. Se presentaron ocho documentos políticos. La tesis aprobada corresponde a la fusión de tres sindicatos de la empresa privada, considera que el apoyo al proceso de cambio fue un error, ignorando que la propuesta conllevaba una política minera propia con un rol protagónico de los mineros. No se hace un balance del rol de los obreros en la conducción de las empresas estatales; por el contrario, se vuelve a las consignas del partido y del frente de izquierda para la toma del poder; cuando la realidad ha mostrado que el movimiento social es más grande que la organización política y la conducción lo ha ejercido la fuerza organizada de las masas, en la escuela de la vida. Una novedad es el planteamiento de la empresa social, algo que habrá que descifrar.
Con luces y sombras, el XXXIII Congreso marca un hito para reencausar la vida democrática de la FSTMB: destaca la pujanza de esta nueva generación.
(*) José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero














































































