El domingo, en el ampliado de Evo Pueblo (¡Sorpresa! El nombre es una sigla que rompe el ego: Estamos de Vuelta Obedeciendo al Pueblo), Evo Morales marcó las líneas del partido en ciernes sobre la forma cómo serán elegidos los candidatos para las elecciones generales del 6 de agosto próximo.
Dijo que las actuales autoridades electas del evismo (alcaldes, concejales, senadores, diputados…) no serán consignadas para una eventual candidatura y tampoco los miembros de la dirección nacional de la nueva organización, de la que es su primer presidente. “Excepto Evo”, dijo entre sonrisas y aplausos de parte de sus seguidores.
Es su impronta: caudillista. Si bien líder político que trasciende la historia del país, su ímpetu personal se impone. Siempre fue así. A pesar de la renovación de cuadros políticos en mandos secundarios del Movimiento Al Socialismo (MAS), como se vio en cada periodo legislativo desde 2006, Morales siempre zafó el muyu (alternancia, en las organizaciones ancestrales) que suele reivindicar.
En enero de 2017, en esta misma columna habíamos escrito Choquehuanca y el ‘quinquenio sabático’, que sugería que el entonces canciller sea “una opción al ‘quinquenio sabático’ que permitiría a Morales una pausa para una vuelta como candidato en las elecciones de 2024”.
La columna remataba: “Por el momento son suposiciones, el tiempo dirá si Choquehuanca es candidato o, finalmente, Morales logra encontrar la vía para habilitarse”.
Choquehuanca no fue la opción y Morales, meses después, encontró la vía para repostularse en 2019 y el Tribunal Constitucional le dio la razón a través de la Sentencia 0084/2027.
A Morales no le gustó la columna. “Te leo, compañero”, nos dijo y cortó toda nueva posibilidad de entrevistas.
Así, no hubo posibilidades de alternancia. En 2019 repitió el binomio con Álvaro García y su desempeño electoral es materia de otra columna.
Lo cuenta Martín Sivak en Vértigos de lo inesperado, un libro que retrata a Morales en el “poder, la caída y el reino”, que, en su asilo en México, el expresidente ya pensaba en su vuelta en 2025.
Por tanto, Luis Arce, promovido allí mismo por Morales, resultaba un presidente de transición para sus aspiraciones, impedido de buscar la reelección.
El expresidente lo percibió como un competidor electoral interno desde el principio de la gestión de Arce y por eso comenzó a distanciarse del mandatario, hasta decir que el suyo no es gobierno del MAS y que su antiguo ministro de Economía es un “traidor”. Hasta la escisión definitiva.
Cuando salió a su asilo el 11 de noviembre de 2019, quien dio la cara por su legado fue su discípulo político, Andrónico Rodríguez. El MAS reconoció ese papel, por eso, en enero de 2020, en Huanuni, aprobó su candidatura a la Vicepresidencia en la fórmula de David Choquehuanca.
Sin embargo, asilado en Buenos Aires, Morales frenó las aspiraciones del joven dirigente con el alegado de “le falta experiencia”. Se decantó por Arce y Choquehuanca para el binomio del MAS.
Andrónico no olvida ese desaire. El 22 de enero reciente se lo recordó: Evo, debería “sentirse orgulloso, y no celoso, de muchos jóvenes”.
Y el jueves pasado, el joven senador remató: “Que el pueblo sea quien juzgue: ¿Quién traicionó a quién? ¿Quién cometió el error al elegir al actual presidente, llevando al país a esta delicada situación? Hoy, ¿quiénes son responsables de la división? ¿Quién está en el camino equivocado?”.
Muchas preguntas y ninguna respondió Morales en varios días. Quizás duela una reacción.
Pero Morales hizo el esfuerzo por decir que “no desgasten” a Andrónico diciendo que es candidato. Lo sabe; nadie puede serlo, “excepto Evo”.
*Es periodista
















































































