El pasado jueves 15 de mayo, el dólar paralelo llegó a cotizarse hasta en Bs 20 en las plataformas digitales del país, una relación no vista desde los tiempos de la dictadura de Hugo Banzer, allá en el año de 1972, cuando ese gobierno decidió devaluar la moneda nacional en un 67% a cambio de un crédito con el FMI. El dólar callejero tuvo similar comportamiento, que indujo a los librecambistas a dejar de venderlos en grandes cantidades por miedo a que su precio siga subiendo.
El mercado cambiario afronta un tercer episodio de volatilidad cambiaria desde que el tipo de cambio paralelo se despegó del oficial en febrero de 2023. La escasez de dólares no se ha resuelto y, por el contrario, se ha acentuado, provocando un potencial riesgo de descontrol cambiario que termine haciendo estragos a la economía nacional. Para comprender la naturaleza de este nuevo salto devaluatorio, es esencial analizar sus causas.
Para algunos economistas neoliberales, el desdoblamiento del tipo de cambio paralelo fue consecuencia de la caída sistemática de las reservas internacionales. Estos economistas justificaron la aparición del dólar negro como un acto racional, propio de quienes utilizan sus dotes optimizadores y anticipan las acciones del gobierno. En el contexto reciente, esta hipótesis no resulta plausible porque en los últimos cuatro meses las RIN subieron en $us 642 millones y la tendencia devaluatoria se ha acentuado. Los hechos demuestran que la escasez no es un simple problema de oferta, sino más bien de demanda, porque la gente sobre reacciona ante la incertidumbre y recurre al dólar para protegerse. Ello termina ahondando la escasez y consolida un tipo de cambio cada vez más alto.
Otros economistas apuntan a las compras estatales de criptomonedas como causante de la devaluación digital. Esta conjetura desconoce que el volumen transaccional en plataformas virtuales es pequeño. Todas las operaciones en una semana en Binace no deben superar el millón de dólares en comparación a las que se realizan con la banca tradicional todos los días. Por tanto, este sector no debería ser referente para marcar la tasa del tipo de cambio de todo el mercado de divisas que es más grande y líquido, y está compuesto por grandes exportadores e importadores que operan a través del sistema financiero, siendo esta hipótesis también fallida. En todo caso, la reciente aprobación del Decreto Supremo 5384, que busca regular los criptoactivos, podría haber generado más ruido en el mercado de divisas que atribuirlas a las supuestas compras estatales.
El movimiento del dólar tampoco debería estar asociado a la incertidumbre política, pues el panorama eleccionario se va esclareciendo de a poco. En consecuencia, este nuevo salto devaluatorio no responde a fundamentos económicos puros. Es un mero acto especulativo, obra de quienes buscan hacer riqueza a costa del bolsillo de la población. Para que la especulación pueda actuar, alguien debe estar dispuesto a pagar un precio cada vez más alto por los dólares. La devaluación digital se produjo como resultado de algunas operaciones pactadas entre especuladores que comenzaron primero a vender y luego a comprar USDT a precios cada vez más altos, haciendo creer al público que la demanda de dólares había aumentado, cuando no fue así.
Los librecambistas acentuaron la especulación digital al tomar como referencia el tipo de cambio de las plataformas digitales para establecer el precio del dólar callejero, en lugar de basarse en su disponibilidad física de divisas. El fenómeno especulativo se desvaneció porque, al precio de Bs 20, no hay más demandantes que los especuladores. Fue entonces cuando el dólar digital comenzó a retroceder hasta volver a Bs 17, originando lo que en economía denominamos “overshooting” o sobrerreacción del tipo de cambio.
En un escenario de volatilidad cambiaria es fundamental protegerse de los impactos negativos de los especuladores. Para quienes todavía tienen margen de ahorro y buscan proteger su riqueza deben evitar comprar más dólares en el mercado paralelo porque con esta conducta solo alientan al proceso devaluatorio. En su lugar deben refugiar su dinero en otros activos alternativos al dólar, en activos reales de la economía como bienes raíces, equipos y maquinaria, bienes de consumo duradero. Para quienes no tienen capacidad de ahorro por causa de la inflación, tienen que proteger su consumo comprando bienes de primera necesidad en mayores cantidades para uso personal antes que el impacto devaluatorio se traslade completamente a la inflación porque la devaluación se convierte en un perverso mecanismo de transferencia de riqueza, que le quita al que menos tienen y se lo entrega al que tiene más.





















































































