¿Alguien cree que el diputado Israel Huaytari, de triste paso por la presidencia de la Cámara, defiende los derechos de las mujeres? Todo lo contrario. Por ello es altamente sospechoso su recurso de inconstitucionalidad para incluir en los comicios “el requisito de paridad y equidad de género en las duplas para presidente y vicepresidente”. No lo hizo por convicción, sino como instrumento. ¿De qué? ¿De quién? A lo Sabines: No lo sabemos de cierto. Lo suponemos.
Una de las asignaturas pendientes de la democracia boliviana es la presencia de mujeres en cargos ejecutivos. En más de cuatro décadas desde la transición, 11 elecciones generales, el binomio presidencial ha sido y continúa siendo territorio exclusivo de hombres. Lo propio pasa, desde hace 20 años, con los gobernadores departamentales. Y el acceso de mujeres electas a las alcaldías es todavía marginal. Los órganos ejecutivos están blindados contra la paridad.
Desde 2009, la igual participación política de mujeres y hombres es un mandato de la Constitución. La legislación electoral, a su vez, establece que la paridad de género aplica a las listas de todos los cargos de gobierno. Incluye, por tanto, a la presidencia y vicepresidencia. Como el precepto no está incluido de manera explícita en la normativa, el Órgano Electoral lo esquiva. Enhorabuena, pues, si el binomio paritario se garantiza mediante una sentencia constitucional.
Dicho esto, ¿qué implicaciones tiene la tardía acción interpuesta por el hombrecito Israel? La más evidente es cambiar las reglas del juego en pleno juego. Se vulnera el principio de certeza en las reglas. La peor es el riesgo de que una exigencia histórica desde las mujeres: el binomio paritario, sea utilizada para violar el principio de preclusión. Sería terrible. Habría que dar marcha atrás, lo menos, en el Reglamento para el registro de candidaturas aprobado el 1 de abril.
¿Hay tiempo para que el TCP se pronuncie? Debe hacerlo antes del período establecido (del 14 al 19 de mayo) para la inscripción de candidaturas. Es un factor de incertidumbre. Los partidos y alianzas tendrán que esperar para definir sus “duplas”. Detrás de la movida hay cálculo instrumental. La tragedia, como ya ocurrió en las judiciales mutiladas, es depender de sentencias a la carta de un dañino suprapoder autoprorrogado. Se perfora el sistema electoral, se abolla la democracia.
El operativo Huaytari dice, con gran frivolidad, que retirará su recurso si la discusión se pone en la mesa. “No hubiera tanto problema”. Qué tal. El binomio paritario no es una concesión graciosa ni menos un fusible o globo de ensayo, sino un derecho irrenunciable. Seguimos.
FadoCracia
fraudulenta
- Temerario e irresponsable, el empresario a control remoto, Marcelo Claure, disparó en X: “Están planeando un gran fraude”. Luego matizó: “Tenemos que estar alerta con el potencial fraude”. 2. La narrativa del fraude por anticipado no es nueva ni exclusiva de nuestra comarca. Se la construye con tiempo, deslizando sospechas. Y opera como profecía autocumplida cuando el resultado no gusta. 3. Hay antecedentes. Ahí están los “fraudes” monumental, sistemático, a gran escala, informático, grotesco. Sobran discursos, faltan evidencias. Relato mata acta. 4. Ante la denuncia del “libertino” Claure, el vocal Tahuichix2 le conminó a que, en 24 horas, diga dónde radica el fraude: “Que nos enseñe al menos una prueba”. Claure tiró la piedra y se chupó la mano. 5. El riesgo de instalar una narrativa es que después se la crean. A veces son delirantes: ahora hablan de un “grupo secreto de hackers” (sic). Supongo que serán rusos. 6. Desde su sitial de opinante precoz, el emprendedor “making Bolivia better” está desinformando. Parece su especialidad. 7. Los tuits pasan, el daño queda. Son un fraude, como el gabinete senil de Zúñiga.





















































































