El déficit fiscal no es la causa principal del aumento de precios. Se insiste, una y otra vez, que el déficit fiscal es la causa de la creciente inflación que flagela actualmente a la población boliviana. Más aún, se insiste que es la causa de otros males que aquejan a la economía boliviana, desde la excesiva demanda de dólares, pasando por el agio y la especulación de víveres, hasta el aumento del comercio que saca productos nacionales a los países vecinos.
La manera de referirse al déficit se la hace como una tasa (algunos dirán ratio) resultado de dividir el exceso de gasto fiscal respecto al ingreso fiscal dividido por el PIB. Así, cuando se dice que el déficit es de un 3% o de un 12%, significa que ese cociente expresado porcentualmente alcanzó una de esas cifras.
Al observar los datos como reflejo de la realidad, se constata que el déficit es más inocente de las acusaciones que recibe. En 2013, se alcanzó un superávit de 1,35%. En 2014 se inician los continuos déficits fiscales con -2,54% y no dejó de subir hasta 2020 con -12,72%. Luego baja (con transitorias variaciones en los años intermedios) a -7,8% en 2024. Frente a estas cifras, muchos economistas y comunicadores, contagiados por los primeros, alzan el grito al cielo y exclaman que esa es la causa de casi todos los males en la economía boliviana.
Sin embargo, al contrastar las cifras de déficits con los de la inflación, resalta que en 2013 se alcanzó una inflación de 6,48%, año de superávit. Desde 2014, y a pesar de sucesivos déficits en torno al 7% y hasta el 12,72% del PIB en 2020, mantuvo una inflación controlada; por debajo del 5,19% (2014). En el mismo año de 2020 la inflación llega al 0,67, dato más bajo del período. Si se excluyen el año de superávit (2013) y de la inflación de 2024 que llegó a 9,97, se tienen 10 años (2014 al 2023) con déficit fiscal sin que la inflación asome su desagradable rostro.
Esta evidencia hace que Enrique Velazco, en su opinión La tozuda realidad no se ajusta a las teorías, publicada en Brújula Digital, afirme: “Dada esta realidad, el aumento de precios que experimentamos desde el año pasado, está mucho más correlacionado con la aceleración del tipo de cambio paralelo que se inició precisamente desde el segundo semestre de 2024, coincidiendo con el inicio del brote del aumento de precios”.
Coincido plenamente con la conclusión de Velazco y con otros aspectos que analiza en su artículo. Más aún, insisto en que un país pobre y atrasado como Bolivia puede soportar déficits superiores al 10% sin alterar los fundamentos de la economía. Además, el déficit fiscal no es esencialmente malo o bueno. La causa de la actual inflación radica en otros excesos o carencias.

















































































