El 20 de julio de 1925 nace Frantz Fanon, psiquiatra y filósofo, quien muere en 1961, muy joven apenas de 36 años. Nueve años antes había publicado su primer libro, traducido al castellano como “Piel negra, máscaras blancas”.
Después de su muerte se publica su obra más exitosa, en términos de traducciones e influencias, se trata de “Los condenados de la tierra”, un libro cuyo título es tomado de la letra del himno obrero “La Internacional”. No es casual la elección del título, en tanto los condenados de la tierra serán, para Fanon, el sujeto de la revolución. El libro posee uno de los prólogos más conocidos, escrito por Jean Paul Sartre, en el que éste escribe una de sus frases más hermosas: “no nos convertimos en lo que somos sino mediante la negación íntima y radical de lo que han hecho de nosotros”.
La identidad, según Fanon, no es otra que la negación de lo que se ha hecho con el subalterno, con el colonizado, con el indígena, con el negro. Como señala Spivak, el subalterno es una subjetividad bloqueada por el afuera. No puede hablar en tanto carece de enunciación.
En “Piel negra, máscaras blancas” Fanon utiliza de dos maneras distintas el término negro (en la lengua madre de Fanon, el francés). La traducción al castellano puede ser engañosa. Para Fanon “noir: (negro) es el color, en tanto “nègre” (negro, también en castellano) es el resultado de un proceso social e histórico. Nègre es la identidad de un discurso que, a través de las relaciones de poder —que la ha puesto en juego— ha constituido al subalterno.
La subalternidad, la colonialidad, la condición patriarcal, son marcas que, a través del discurso del poder, constituyen al sujeto. La identidad del nègre no tiene condiciones de emancipación, es decir, no puede fundar, en ningún caso una identidad para la descolonización, en tanto ha sido constituida por la violencia misma de la colonización. Y esta reflexión queda mucho más clara en las primeras líneas de “Los condenados de la tierra”, en las que Fanon señala que “liberación nacional, renacimiento nacional, restitución de la nación al pueblo, Commonwealth, cualesquiera que sean las rúbricas utilizadas o las nuevas fórmulas introducidas, la descolonización es siempre un fenómeno violento”. Más adelante, también en “Los condenados de la tierra” señala que “la violencia desintoxica. Libra al colonizado de su complejo de inferioridad, de sus actitudes contemplativas o desesperadas. Lo hace intrépido, lo rehabilita ante sus propios ojos”.
Tanto “Pieles negras, máscaras blancas” como “Los condenados de la tierra” son libros, que, como señala Sartre, no se dirigen a los poderosos del mundo, sino que se dirigen a los subalternos, a los sujetos constituidos por la colonización. Son libros experiencia, en tanto buscan generar, constituir, una experiencia que transforme al lector, en tanto también hizo esto con en el mismo escritor.
A cien años del nacimiento de Fanon, su obra ha sido central para la reflexión radical de la descolonización.
(*) Farit Rojas es docente investigador de la UMSA















































































