Estamos a dos semanas de la primera vuelta de las próximas elecciones generales y me queda poca opción más para escribir sobre esos comicios. En 13 días iremos a las urnas y hoy me preocupo de lo que no he dicho y, quizás, pudo ser importante.
Hoy retomaré los análisis de encuestas —en este caso la de Ciesmori para Unitel difundida el pasado 30— y solo lamentaré que la de SPIE Consulting para El Deber no pueda esperarla porque se difundirá la noche del viernes (redacciones mandan); no obstante, como explicaré, no creo en diferencias repentinas.
Utilizando resultados ponderados para los valores obtenidos por los candidatos durante las cinco últimas encuestas (El Deber el 17/6 y 16/7, Red Uno el 27/6 y Unitel el 13 y el 30/7), los dos más favorecidos: Samuel Doria Medina y Jorge Quiroga, se han mantenido en sus dos lugares preferentes con diferencias que (excepto en la hecha por Captura Consulting para Red Uno, que ofreció el 3,5% de diferencia, también con los resultados más bajos) están entre 0,8% y 2,5% y, por ende, podemos considerarlas dentro (o muy cerca) de los márgenes de error anunciados del 2,2%; con resultados en un mes y medio (17/6 al 30/7) del 28,5; 22,6, 24,3; 28,6 (éstas ponderadas sin NGP, al igual que para los demás candidatos) y el 27,6% (ésta ponderada además sin Copa) para Doria Medina (promedio del 26,3%) y del 26,0; 19,1; 23,5; 27,2 y el 25,2% para Quiroga (promedio del 24,2%) podemos considerar una tendencia estable para ambos candidatos. Muy distinta para Andrónico Rodríguez en el mismo período y encuestas, que descendió del 17,3; 15,8; 15,3; 10,9 hasta el 7,8 % en la última, cumpliendo Rodríguez progresivamente con las predicciones: no era un candidato por sí; no tenía experiencia; era manejado por la rosca neomarxista española (Zapatero y Podemos) y la sociata veintiunera de este lado; en Bolivia (sin el aura protectora de Morales) dependía de García Linera, y, de yapa, y como en el dicho “el pez muere por la boca”, con sus desaciertos y dubitaciones en entrevistas y huyendo de debates. Los demás candidatos son accesorios (o casi, como Reyes Villa hasta ahora) y es probable que haya varias tiendas que pierdan su personería.
No me asustan las categorías residuales: blanco, nulo e indecisos. Los indecisos han venido variando en las mencionadas cinco encuestas (sin ponderación) entre el 17,5; 27,9; 32,0; 24,6 y el 34,1% (promedio del 22,7%), siendo los indecisos el 3,5; 17,8 (Red Uno), 14,7; 7,0 y 15,9 %; en la votación, las dos primeras categorías “reales” se ponderarán entre los válidos y los Indecisos se definirán. (Creo que más que verdadera indecisión, es la espera a último momento para decidir por cuál sería el presunto “ganador” y sumársele, lo que le daría un plus de oportunidad a este candidato favorecido). Más preocupante me sería la abstención, promovida por el evismo y sobre la cual no hay números —y que expresaría la real medida de la influencia actual de Morales—; aunque este aspecto no influye en los resultados válidos, si puede darle mayor o menor legitimidad al ganador (o ganadores, refiriendo a primera vuelta).
A poco más de 10 días de las elecciones, vale la recomendación —urgente ya— que hizo Fernando Hurtado Peredo en la presentación de la encuesta de Unitel el pasado 30: es hora de hacer creativas soluciones con las mismas propuestas que tienen. Yo agrego: aprovechen para esforzarse en llegar a los jóvenes, porque las últimas décadas les dieron más acceso a la educación superior —muchas veces de calidad cuestionable y en profesiones lejos del presente y aún más del futuro—, pero no les dieron acceso a trabajo digno y de calidad, lo que los lleva a emputarse con el Poder y decepcionarse y enrabietarse con la democracia (al menos la que han conocido).
Es la hora del todo o el nada si quiere al 20 de octubre.
(*) José Rafael Vilar es analista político, académico y escritor














































































