Bolivia enfrenta una realidad económica desafiante para el Gobierno entrante, con una mezcla entre bajo crecimiento, alta informalidad y una inversión que no alcanza para impulsar el desarrollo que el país necesita. En este contexto, la inversión —pública y privada, nacional y extranjera— se convierte en el motor esencial para crear empleo de calidad, fortalecer la productividad y recuperar la confianza. “Apostar por la inversión es abrir más caminos a la esperanza, que hoy se nota en cada boliviano”.
La evidencia es clara, puesto que cada proyecto que se implementa genera impactos inmediatos y medibles. Cuando se ejecuta, se crean empleos directos que dinamizan el consumo local. Cuando está en fase de operación, genera puestos más estables y especializados. Además, alrededor de cada inversión nace una cadena de proveedores de bienes y servicios que amplifica el impacto positivo sobre la economía; es decir, un puesto directo puede traducirse en varios indirectos. “La inversión es, en esencia, una fábrica de oportunidades”.
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Sin embargo, en Bolivia el desafío va más allá de atraer nuevas inversiones, se debe lograr que esas inversiones sean sostenibles y se traduzcan en empleos formales y productivos. Hoy, cerca del 80% de los trabajadores permanece en la informalidad, lo que limita ingresos fiscales, acceso a seguridad social y protección laboral. Invertir para generar empleo digno y formal debe ser una prioridad nacional, puesto que, es la mejor estrategia de ampliar la base tributaria sin incrementar impuestos y fortalecer la sostenibilidad de nuestro sistema económico.
La inversión también es una herramienta clave para mejorar otros indicadores fundamentales como, por ejemplo, cuando las empresas incorporan tecnología y mejores procesos, aumenta la productividad y se impulsa la competitividad del país. Si las inversiones están orientadas a exportar, se fortalecen las reservas y la balanza comercial. Asimismo, si incluyen encadenamientos productivos, las comunidades locales participan de los beneficios y se genera desarrollo local y regional.
Bolivia tiene sectores con enorme potencial como ser, la minería, el litio y sus cadenas de valor, los hidrocarburos con procesos más eficientes, la agroindustria sostenible, las energías renovables, el turismo, la economía del conocimiento y la infraestructura logística, entre otros, pero para que estas oportunidades se conviertan en empleos reales, se requiere mayor seguridad jurídica con reglas claras, estabilidad y eficiencia institucional.
Otro aspecto indispensable es mejorar la formación del talento humano, puesto que, la inversión genera demanda de habilidades específicas, y si no se cuenta con personal calificado, los puestos se reducen o se cubren desde fuera. La capacitación técnica y la educación enfocada en sectores estratégicos deben acompañar cualquier plan de inversiones; de lo contrario, la oportunidad pasa de largo.
La transparencia es otro componente esencial por lo que, la correcta comunicación es imprescindible. La ciudadanía debe conocer los avances, el empleo generado y el cumplimiento de compromisos ambientales y sociales, lo cual, fortalece la confianza y evita que la inversión se perciba como un beneficio para pocos.
Hoy, necesitamos construir un “Gran Pacto Público–Privado por la Inversión y el Empleo”, que una a gobierno, empresarios, trabajadores y la academia en un objetivo común, “que cada dólar invertido se convierta en oportunidades laborales, educación integral, innovación y prosperidad compartida”. Poseemos recursos, talento y ubicación estratégica, lo que falta es, “activar una visión que incentive y premie la producción, la productividad, la formalidad y la sostenibilidad”.
La inversión que se ejecuta, que emplea y que mejora la calidad de vida, es la que realmente transforma. Cada proyecto que despega, cada empresa que crece y se formaliza, cada exportación que suma, es un paso hacia el país que deseamos.
Si Bolivia quiere empleo formal, estabilidad económica y progreso sostenible, debe colocar a la inversión productiva en el centro de su agenda. “No podemos seguir administrando límites; es hora de ampliar nuestras posibilidades”.
(*) Gustavo Jáuregui Gonzáles es asesor empresarial, especialista en gerencia de organizaciones empresariales















































































