La reciente depreciación del dólar en Bolivia no es una señal de recuperación, sino una ficción financiera. Esta aparente calma no surge de las expectativas del cambio de gobierno —que, aunque aportó certidumbre política, no resolvió las incertidumbres económicas—, ni es un logro de la administración de Paz, cuyas giras a Estados Unidos aún no se traducen en divisas concretas. Se trata, más bien, de una maniobra especulativa destinada a crear la ilusión de una estabilidad que no existe. A esto se suma una peligrosa “ilusión monetaria”: mientras el tipo de cambio baja, los precios internos se mantienen elevados. Esta frágil situación precede un ajuste doloroso que, de no manejarse con transparencia, podría disparar nuevamente la divisa.
Frente a este escenario, la prioridad del gobierno debería ser la estabilización del tipo de cambio y el rescate de la política cambiaria. Sin embargo, su estrategia se ha centrado en asegurar el abastecimiento de combustibles, una medida de alto costo logístico —por el transporte fraccionado de volúmenes gigantescos— y onerosa —por los sobreprecios pagados a importadoras—, todo para construir una estabilidad artificial de corto plazo.
Esta decisión obedece a una lógica política: el Gobierno prepara el terreno para la eliminación abrupta del subsidio a los combustibles. Busca, mediante una apelación a la “corresponsabilidad”, que la ciudadanía acepte la medida bajo un eslogan de consuelo: “subió el precio, pero al menos hay”.
Esta falta de coherencia se refleja también en el ámbito monetario. La designación de autoridades interinas en el Banco Central de Bolivia (BCB) —que estarán a cargo de la reforma cambiaria más importante en cuatro décadas— debilita el discurso presidencial de una entidad autónoma. En la práctica liberal, un banco central independiente se caracteriza precisamente porque sus autoridades son designadas por la Asamblea Legislativa, no por el Ejecutivo. La designación de interinos plantea serias dudas sobre el compromiso real con una política cambiaria creíble y sostenible.
La credibilidad de la nueva gestión también se ve comprometida por sus contradicciones. El flamante presidente del BCB calificó como un “gran error” el régimen de tipo de cambio fijo anterior, omitiendo que, como antiguo gerente de reservas, fue parte técnica de la definición de ese mismo sistema. Para que sus anuncios futuros sean creíbles, es esencial que exista consistencia intertemporal: la memoria puede ser frágil, pero los registros escritos y audiovisuales permanecen.
El principal riesgo en los próximos días es la implementación de un paquete de medidas sin un “ancla nominal” que estabilice precios, restablezca la confianza y provea certidumbre. Devaluar y suprimir la subvención de manera simultánea es incompatible; el orden de los factores altera profundamente el resultado. Levantar la subvención —en cualquiera de sus modalidades— sin antes estabilizar el tipo de cambio podría desencadenar un nuevo ciclo de inestabilidad con clara tendencia alcista.
Por ello, el Gobierno debe actuar con coraje y devaluar de manera oficial e inmediata. Solo así se eliminará la brecha cambiaria que hoy alimenta la especulación. Cada día de espera aumenta los costos sociales. El objetivo de un programa de ajuste no debe reducirse a restablecer los equilibrios macroeconómicos, sino también —y, sobre todo— a minimizar el impacto sobre la población.
Pero devaluar no basta: es indispensable dotar de estabilidad cambiaria a la ciudadanía. Esto implica:
- Fijar un nuevo precio referencial temporal (por ejemplo, Bs 10 por dólar) durante el periodo de ajuste (seis a 12 meses), o establecer una banda cambiaria estrecha que cumpla la misma función.
- Crear un mercado de dólares líquido en el sistema financiero que reemplace como referencia a las plataformas digitales.
- Eliminar las comisiones de transferencia y el ITF.
- Diseñar un mecanismo de entrega voluntaria de divisas para que el Banco Central recupere el control de la política cambiaria.
La implementación detallada de estas medidas está en mi libro El modelo económico plural (2024), pionero en proponer bandas cambiarias para Bolivia como régimen alternativo al actual. La devaluación no puede esperar: es el primer paso inevitable para recuperar la gobernanza monetaria y evitar un costo social aún mayor.
Omar Rilver Velasco
es habitante del Kollasuyo, yatiri económico y promotor del Vivir Bien.

















































































