Las últimas dos semanas fueron históricas y puntos de inflexión, no solo para Medio Oriente sino también para la geopolítica mundial por tres razones: 1) Por primera vez desde la Guerra del Golfo en 1991, Israel fue atacado directamente por otro Estado y perdió su crítica habilidad militar de disuasión (deterrence); 2) por primera vez Irán enfrentó a Israel directamente desde la Revolución Islámica de 1979 y probablemente puso fin a la «guerra contra el terrorismo» como mecanismo de dominación; y 3) por primera vez, gran parte del público estadounidense, incluidas algunas élites políticas y al parecer Trump, cuestionan el rol de Israel como aliado indispensable y confiable.
1) ¿Israel perdió?
Como apunta el cientista político Zeev Maoz en su conocido libro Defendiendo la Tierra Santa: Un análisis crítico de la seguridad y la política exterior de Israel (2016), el concepto de «disuasión» es esencial para la doctrina de seguridad israelí. Israel debe proyectar tener inalcanzable fuerza y responder de manera tan definitiva que convenza al enemigo de la futilidad de cualquier posterior acción. Maoz: «Los estados árabes deben entender que no pueden destruir Israel y que el precio de un conflicto continuado es más del que pueden soportar» (:28).
No obstante, este poder de disuasión fue quebrado desde el inicio del conflicto en Gaza en 2023 y finalmente destruido con los recientes ataques de Irán. Y es que hace pocos años, nadie podía imaginarse bases militares y barrios residenciales en Israel siendo destruidos. El veterano periodista de guerra Pepe Escobar observa que Israel perdió su aura de invencibilidad: «Yo diría que este es un golpe psicológico incluso más importante que perderlo todo. Ya nadie tiene miedo a los israelíes» (Dialogue Works, 6-21-2025).
Sitios militares, edificios residenciales, centros de investigación (Instituto Weizmann), puertos comerciales (Haifa, Ashdod, Eilat), aeropuertos (Ben Gurion), compañías de defensa (Sistemas de Defensa Avanzados Rafael) fueron atacados por Irán en conjunción con Yemen. Por otra parte, los costos económicos fueron significativos: gastos en armamento, movilización de cientos de miles de reservistas, pérdida de infraestructura, reconstrucción, ayudas para familias de soldados caídos, disrupción total en turismo y en comercio internacional. Como señala el analista político e ingeniero Dimitry Orlov, probablemente solo el interceptar señuelos (decoys) —que Irán produce de manera barata— Israel gastó billones de dólares (Dialogue Works, 20-6-25). Un titular del Wall Street Journal reportaba: «Israel se está quedando sin interceptores defensivos» (18-6-25).
2) ¿Irán ganó?
De acuerdo al exdiplomático británico Alastair Crooke, en un principio pudo haber habido la verdadera expectativa de que el gobierno de Irán colapsara, como sucedió con Irak, Libia y Siria. El plan estaba listo y comprobado. Se aplicaría la conocida estrategia shock and awe («conmoción y pavor») haciendo una increíble demostración de fuerza que paralice y destruya la voluntad de pelear del enemigo. También se haría uso de la lógica de las «revoluciones de colores»: protestas internas coordinadas por medios y ONG para derrocar a un líder-gobierno autoritario-dictatorial y reemplazarlo con una democracia liberal. Mucho mejor si el país objetivo estaba debilitado por décadas de sanciones económicas. Gracias a todo esto, Saddam Hussein cayó en 3 semanas y Bashar al-Assad en 11 días.
Al igual que Netanyahu aprovechó los ataques de Hamas del 7 de octubre para solucionar de una vez por todas la cuestión de Gaza, también aprovecharía el conflicto con Irán para solucionar el problema de la revolución islámica. Es más, todo el plan de los famosos neoconservadores (documento «Clean Break» y el «PNAC») iniciado a finales de los años 90 y enmascarado bajo la «guerra contra el terrorismo» llegaría a su tan esperada conclusión con la derrota de Irán.
Israel comenzó a actuar. Se lanzó un ataque cibernético y varios objetivos militares, un canal de televisión estatal y centros nucleares fueron bombardeados. Se eliminaron rápidamente entre 24 y 30 líderes militares, políticos y científicos iraníes. Reza Pahlavi desde Estados Unidos comenzó a estimular y llamar a un levantamiento popular contra el Líder Supremo. No obstante, Irán había observado durante 20 años cómo sus vecinos fueron cayendo y estaba preparado. Rápidamente reemplazó a sus líderes asesinados, pudo recuperarse en un día del ataque cibernético con supuesta ayuda de Rusia y parte de las vastas cantidades de misiles balísticos de todo tipo que se acumularon en distintos túneles fueron lanzados contra Israel.
3) ¿Cambio en EEUU?
A cuatro días desde el inicio del conflicto, parecía que Trump iba a entrar a la guerra contra Irán con fuerza a favor de Israel, al menos así lo demostraban sus irreverentes tweets del 16 y 17 de junio. El presidente de EE. UU. advertía que todos tenían que evacuar la capital Teherán, demandaba «rendición incondicional» y amenazaba con asesinar al Líder Supremo. ¿Trump sería quien lleve a Estados Unidos a una larga y costosa guerra contra Irán, como lo hizo George Bush con Irak?
Estas intenciones fueron vistas por su base política como una grave traición y decepción, pues justamente una de las razones por las cuales mucha gente votó por MAGA fue la clara posición de Trump respecto a las numerosas anteriores invasiones norteamericanas en Medio Oriente. Ya se anunciaba la muerte de MAGA y el movimiento «America First» para ser reemplazado por MIGA («Make Israel Great Again») e «Israel First». Las repercusiones en las elecciones intermedias (midterms) de abril de 2026 podrían ser muy graves. ¿Trump se dio cuenta de esto y decidió cambiar de posición? El analista geopolítico Ryan Dawson comentaba: «La base de Trump se está dando la vuelta contra él y está teniendo un efecto (…) La rebelión de las bases de Trump tuvo un gran impacto» (X, 5-24-25).
Si bien las posiciones proisraelíes de Trump son conocidas, también mostró signos de no llevarse bien con Netanyahu y mucho menos querer ser arrastrado a una guerra. Por ejemplo, el 9 de enero de 2025, Trump compartió en sus redes sociales un video del profesor Jeffrey Sachs, donde este acusaba a Netanyahu de influenciar la política exterior de Estados Unidos para lograr una guerra contra Irán. Por otra parte, desde el genocidio en Gaza iniciado en 2023, hubo un cambio sísmico sin precedentes en la opinión pública estadounidense respecto a Israel y la influencia que tiene en Washington. Si Trump entraba a la guerra, el costo político iba a ser muy grande y la muerte de MAGA muy posible.
Más llamativo aún, rumores surgieron de que el hijo mayor de Trump, Don Junior, estaba llevando acciones para remover elementos proisraelíes del gobierno de su padre. ¿Se quiere limitar la influencia sionista? Steve Bannon, conocido estratega muy cercano a Trump, denunciaba que, a pesar del cese al fuego del presidente, Netanyahu mintió: «Incluso fue más allá de lo que le dijo que no hiciera. Eso no es ser un aliado. Claro que no lo eres. Eres un protectorado, y los protectorados no deben actuar así» (War Room, 24-6-25).
Después de todo, el Reino de Jerusalén (1099–1291) fue el más importante Estado cruzado. No obstante, tampoco hay que olvidar que para muchos judíos Estados Unidos es visto como Roma: un imperio opresor del cual hay que rebelarse en contra y buscar independencia. Un ataque de falsa bandera dentro de Estados Unidos no está lejos de las posibilidades.






















































































