Aunque es difícil precisar el origen de las hojas de coca, en Bolivia existe el imaginario compartido de que «la coca es una planta que sólo crece en los Andes». Este imaginario, sospechosamente difundido, concentra la atención sobre la producción de coca en Bolivia, Perú y Colombia, y contradice las investigaciones, avances científicos y, sobre todo, el gran desarrollo económico que la hoja de coca ha generado a principios del siglo veinte en Asia para las colonias holandesas, británicas y el imperio japonés.
Básicamente, existen dos clases de coca: la Erythroxylum Coca E. Lamarck, coca tradicional de los yungas, cuya ingestión oral es usada desde tiempos remotos con fines medicinales y tiene poca cantidad de cocaína en relación a la Erythroxylum Coca Truxillense, que se adapta en distintos suelos y contiene más alcaloide; esta es la coca que crece en el Chapare, en Perú, Colombia y que emigró a otras partes del planeta, tal como lo expuso ya en 1886 el Dr. Josef Nevinný en su tesis de doctorado para la Universidad de Viena, en la que cuenta que «en 1854, el Dr. J. K. Haskarl llevó semillas a Java donde el suelo y el clima eran favorables». Por su parte, la investigadora Ms. Emma Reens, en su tesis de doctorado en Farmacia titulada Java Coca, para la Universidad de París en 1920, dejó establecido que en el jardín botánico Buitenzorg de Java (colonia holandesa), se recibieron en 1876 dos plantas jóvenes enviadas desde Bélgica por la firma Herman Linden y Co., y que para 1886 estas plantas alcanzaron una altura de 3 metros y medio cargando mucho fruto y que, en 1885, se hizo una nueva plantación usando semillas de especímenes originales de Sudamérica. Gradualmente, tanto las plantas jóvenes cultivadas como las semillas, fueron distribuidas del centro de cultivo a todas partes del Archipiélago. De esa manera, el interés en la coca creció tanto que hubo momentos en que el número de semillas disponibles no alcanzaba a satisfacer las demandas de los cultivadores.
Tanto Nevinny como Reens coinciden en que, en 1854, el Dr. Haskarl llevó las primeras plantas a Holanda desde Sudamérica, adonde fue enviado por el gobierno de las Indias para recolectar ejemplares botánicos, especialmente plantas y semillas de Cinchona, que por entonces eran utilizadas para combatir la malaria. Emma Reens sostiene que la familia Erythroxylum es originaria de la flora de la isla de Java, razón por la que las semillas y plantas de coca se adaptaron naturalmente al clima del Jardín Botánico de Buitenzorg en Java, donde botánicos también trataron de cultivar la Erythroxylum Lamarck bolivianense, pero como esta no concentraba mucho alcaloide, su cultivo fue dado de baja. La calidad de las plantaciones de Java continuó su mejoramiento gracias a la investigación y el cuidado en el empaquetado y el transporte, hasta que, a principios del siglo veinte, las perspectivas para los cultivadores holandeses eran muy prometedoras, llegando a superar en calidad y cantidad la coca peruana. Esta información la hemos extraído del libro A History of Cocaine. The Mystery of Coca Java and the Kew Plant. A su vez, en el libro Cocaine Global Histories, editado por Paul Gootenberg en 1999, en el capítulo 6 «Doctors, diplomats, and businessmen. Conflicting interests in the Netherlands and Dutch East Indies, 1860-1950», el investigador Marcel de Kort cuenta que, en general, la coca de Java era de mejor calidad, menos susceptible de dañarse y contenía 1.5 por ciento y hasta 2 por ciento de cocaína, mientras que la coca peruana raramente pasaba de 1.2 por ciento. La hoja de coca de Java daba dos veces más cocaína que la hoja peruana. En otro capítulo del mismo libro, el investigador Steven Karch, en «Japan and the Cocaine industry of southeast Asia, 1864-1944», afirma que debido a que la coca puede crecer en muchas partes del mundo, los gobiernos en muchas partes del planeta han aprovechado la oportunidad para hacer dinero vendiendo y refinando cocaína. Así, Karch ofrece muchos nombres de personas, lugares e industrias en Asia que desarrollaron la transformación de hoja de coca en cocaína, destacando Taiwán, que invadida por los japoneses, comenzó a cultivar coca a gran escala desde 1916 y que en 1927 alcanzó una producción de nada menos que 230 toneladas. La coca de Taiwán contenía, también, más alcaloides que la cultivada en Sudamérica y su comercio y transformación —después de la Primera Guerra Mundial— fue un complejo entramado entre las transnacionales estadounidenses Parke Davis y la Johnson & Johnson, que mantenían negocios con las firmas japonesas Hoshi, Sankyo, Mitsubishi y la Soyaku, cuyas ventas internacionales en 1928 alcanzaron los 500 kilos de cocaína mensualmente. Steven Karch también ofrece información basada en estadísticas y documentos acerca de la participación del Ejército Imperial Japonés, no sólo como comprador de grandes cantidades de cocaína, sino también como transportador de cocaína y opio a Shanghái y otros puertos, antes y durante la Segunda Guerra Mundial.
Actualmente, en Bolivia, los investigadores japoneses Kunihiro Seiki Ph. D. y Yoshito Nishi M.D. han publicado en 2012 el libro Coca: Un Biobanco, donde confirman que entre 1920-1940 la empresa Mitsubishi de Japón cultivó la Erythroxylum Coca Truxillense en gran cantidad en Taiwán, en la isla Iouh y en Okinawa, y que grandes empresas farmacéuticas japonesas, como Sankyo y Hoshi, produjeron cocaína y la comercializaron en el mercado negro de la India… Sorprendentemente, sostienen que en el tráfico de esta se llegaron a utilizar buques de la Fuerza Naval Imperial…
Con todos estos antecedentes históricos, cuesta creer que actualmente no se continúe cultivando hoja de coca y procesando cocaína en Asia y otras latitudes del planeta.






















































































