Los debates vicepresidenciales y presidenciales marcaron un triunfo institucional indiscutible tras veinte años de silencio forzado que apagó la deliberación pública. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) merece reconocimiento por devolver esta práctica al centro de la transparencia democrática. Sin embargo, en política, el cómo suele pesar más que el qué.
Lo que se anunció como una confrontación de ideas terminó siendo una coreografía política ensayada, donde cada palabra estaba medida y cada silencio calculado. El entusiasmo inicial se evaporó en un formato rígido, sin alma ni riesgo.
Sin espacio para preguntas periodísticas fuera de guion, la chispa del debate real se extinguió. Los candidatos, blindados por pactos previos, recitaron monólogos y exageraciones sin temor al escrutinio. Así, se toleraron afirmaciones inverosímiles, como los supuestos 230 000 kilómetros recorridos por Rodrigo Paz Pereira.
Vicepresidenciales sin fondo
El primer debate vicepresidencial de 2025 fue reflejo de esa forma sin fondo. Participaron José Luis Lupo (Unidad), Juan Pablo Velasco (Libre), Juan Carlos Medrano (APB-Súmate) y Mariana Prado (Alianza Popular). Hablaron de gobernabilidad, pero gastaron más energía en descalificarse que en proponer.
Lupo lanzó una ironía que se volvió viral: «¿Cuál crees que será la consecuencia de la brecha digital y la exclusión social, esa falta de conexión de banda ancha o, si quieres, cohete?».
El comentario aludía a la ignorancia de Velasco sobre la AGETIC (Agencia de Gobierno Electrónico y TIC) y su célebre confusión al llamar «cohete» al Satélite Túpac Katari. Velasco respondió con sarcasmo y victimismo, desviando la conversación.
Mariana Prado, por su parte, fue cuestionada por su pasado en el MAS, aunque insistió en haber cortado ese vínculo. El resultado fue el mismo: más alusiones personales que ideas.
Del argumento al agravio
El primer debate presidencial de 2025 reunió a Jorge «Tuto» Quiroga, Manfred Reyes Villa, Samuel Doria Medina, Eduardo del Castillo, Andrónico Rodríguez, Pavel Aracena y Jhonny Fernández. Lo que debía ser un ejercicio de cultura democrática se convirtió en un duelo de egos.
El intercambio entre Tuto y Manfred fue elocuente:
— «Manfred, recordarás que condonamos toda la deuda externa del FMI, Banco Mundial y BID; tú eras alcalde», lanzó Quiroga.
— «No fue por tu iniciativa personal, Tuto. Fue gestión del Banco Mundial y la Iglesia. Nos regalaron la plata», replicó Reyes Villa.
En ese tono irónico se movió gran parte del encuentro: frases medidas para ganar votos y aplausos, no para convencer.
Show de «carajazos» y apodos
Samuel Doria Medina insistió con su eslogan empresarial:
«Con tu confianza podemos acabar con esta crisis: ¡en 100 días, carajo!».
Manfred no se quedó callado:
«Eso no pasará. Como Siles Suazo no pudo hacerlo en 100 días, vos tampoco. ¡En 100 días te vas a caer, carajo!».
Hasta Rodrigo Paz se sumó, reivindicando la palabra como un legado familiar: «¡Viva Bolivia, carajo!», gritó, evocando a su abuelo excombatiente de la Guerra del Chaco.
El debate descendió aún más cuando Doria Medina, molesto, respondió a Eduardo del Castillo, quien lo había llamado «Samuelitio»:
«A mí nadie me pone apodo. ¡A vos los narcos te decían Sonia!».
El golpe fue bajo, pero efectivo. Los moderadores callaron. El público celebró. El insulto había vencido al argumento. El resultado: más gritos que ideas, más risas que política.
¿El debate de la vergüenza?
El cara a cara entre JP Velasco y Edman Lara fue bautizado como el «debate de la vergüenza». El formato con cuatro moderadores fue una concesión al PDC, que exigió pluralidad ante lo que consideraba sesgo mediático. La pluralidad formal no se tradujo en profundidad real: los moderadores no repreguntaron, solo observaron el cruce.
Edman Lara fue acusado de «guerra sucia» por mencionar los tuits racistas atribuidos a Velasco y por aludir a su familia. Sin embargo, su discurso giró en torno a la corrupción judicial, policial y política, su bandera de campaña política.
«Voy a ceder mi tiempo a mi contrincante para que pida disculpas al pueblo boliviano por los mensajes racistas que realizó», dijo Lara.
El gesto fue interpretado como un ataque y «guerra sucia», pero ni JP Velasco ni Tuto Quiroga, autoproclamados expertos tecnológicos, lograron desmentir, hasta hoy, los tuits racistas como prometieron varias veces.
Lara presentó documentos que vinculan a JP Velasco con 7000 acciones del Banco Fassil y el cobro de dividendos junto a su familia. Los grandes medios cruceños ignoraron la denuncia, la calificaron de «ataque personal» y evitaron verificar los documentos legalmente reconocidos.
JP Velasco reiteró varias veces que nunca tuvo relación con la entidad bancaria y que sus propios créditos estaban en otro banco (el Banco Nacional). Pidió no ser responsabilizado por las acciones de su padre Álvaro Velasco Bruno.
La estafa del Banco Fassil dejó un hueco financiero de más de 600 millones de dólares, unos 4200 millones de bolivianos, y las controvertidas muertes del interventor Carlos Alberto Colodro López y del principal ejecutivo Ricardo Mertens.
Durante el debate, Velasco recurrió a la burla personal, llamando «Evo» a Lara en tres ocasiones y utilizando el término «pajpaku», expresión que Tuto Quiroga también adoptó para referirse despectivamente a su rival.
Amnistía que incomoda a Tuto
En el primer debate, el alcalde y candidato Jhonny Fernández lanzó la pregunta más incómoda a Quiroga: «Fue Evo Morales quien te dio el decreto de amnistía, ¿sí o no? Decíselo al país».
Tuto respondió irritado: «Jhonny, eres un camaleón. Estabas con Camacho, ahora con Evo. No hubo decreto; eran contratos de exploración. Demostré mi inocencia».
«Nunca he recibido perdonazo. Tú sí lo recibiste de Evo Morales con el Decreto 3682», disparó Rodrigo Paz, metiendo el dedo en la llaga. Tuto replicó que fue víctima «del único juicio de responsabilidades contra un expresidente por descubrir el pozo Incahuasi».
Quiroga olvidó mencionar que tanto él como Carlos Mesa fueron beneficiados por la amnistía de Evo Morales, mientras que el expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada y tres de sus ministros, Jorge Berindoague, Carlos Contreras y Carlos López Quiroga, recibieron condenas efectivas de cárcel.
Del argumento al espectáculo
Silenciaron los debates y los convirtieron en escenarios de marketing político antes que en ejercicios democráticos. Del argumento al agravio, de la propuesta al apodo, los candidatos compiten por viralidad antes que por verdad.
Los debates 2025 confirman una constante histórica: la política boliviana aprendió a hablar frente a la cámara, pero aún no sabe dialogar con el país.






















































































