Si se examina la historia económica de Bolivia desde su nacimiento hasta los tiempos actuales, se observa una trayectoria no lineal, sino jalonada por crisis, cambios abruptos y saltos. Lo que trato de identificar en esta marcha turbulenta, en mi reciente libro «Ciclos estatales, crisis y la querella del excedente», son los puntos de inflexión y ruptura en la trayectoria del Estado en cuanto a su rol y su participación en la economía.
El rol del Estado en la economía se puede analizar en tres ámbitos: el de la intervención indirecta mediante políticas económicas más cercanas al mercado o más estatistas; el de la intervención directa en las actividades de producción y comercialización mediante empresas estatales; y en la propiedad y administración de los recursos naturales, especialmente no renovables.
Este rol y sus puntos de quiebre se pueden identificar partiendo del difícil nacimiento de Bolivia en medio de la crisis de la minería colonial debido al agotamiento de las minas, la inundación y abandono de las minas, y de la abolición de la mita, que da lugar a un declive del excedente asociado a la exportación de plata, que presidió el momento constitutivo fundacional de la República, en la terminología de Zavaleta Mercado. Así, Bolivia nació heredando una crisis de la minería colonial y el rol del Estado siguió como el Estado interventor semicolonial y la aplicación de impuestos y controles a la exportación y a la importación.
En este periodo, caracterizado por shocks internos como los cambios de gobierno, motines y revueltas, se da el surgimiento a mediados del siglo XIX de un nuevo modo de producción, el capitalista, a partir de la industria moderna de la plata, con base en Huanchaca. Es una revolución silenciosa productiva y tecnológica; sin embargo, no va a ser hasta 1872 cuando se decrete el libre comercio y exportaciones de plata y el fin del monopolio estatal, en que se inscribe Bolivia propiamente al mercado internacional con una fase de auge hasta fines del siglo XIX. Este momento económico es un momento constitutivo importante, puesto que cambia el carácter del Estado en la economía con la eliminación del monopolio estatal y de los controles a la exportación, impuestos bajos a los minerales, apertura plena a la inversión extranjera en el salitre y el guano y en los minerales como la plata, iniciándose un nuevo ciclo estatal liberal en 1872 que va a durar hasta 1935.
Sin embargo, los momentos constitutivos para Zavaleta (2013) son la Guerra del Pacífico (1879-1884) y la Guerra Federal (1899). La del Pacífico marca la pérdida territorial de la provincia de Tarapacá de Bolivia porque fue una querella por el excedente entre naciones, una guerra por el guano y el salitre. Después vino el ascenso del Partido Conservador que con los gobiernos de Pacheco (1884-1888), Arce (1888-1892) y el último de Fernández Alonso (1896-1899), derivó en una Guerra Federal (1899), que fue una guerra entre los conservadores y los liberales que movilizaron a los indios para, después, limitarse a trasladar la capital a La Paz y terminar con la rebelión indígena, continuando y profundizando el Estado Liberal con bajos impuestos y promoviendo la inversión extranjera. El cambio del siglo fue el cambio de la plata por el estaño. La plata estuvo en el fin del ciclo colonial-republicano y a principios del ciclo del Estado Liberal. El estaño tomó la posta para estar en el auge del ciclo liberal y en su declinación hasta 1936.
El momento constitutivo de inicio del cambio del ciclo estatal es la fase militar del nacionalismo revolucionario con los gobiernos de Toro y Busch (1936-1939). El 13 de marzo de 1937, con la nacionalización de Standard Oil, fue el inicio de la intervención económica estatal, aunque sin cambiar las bases económicas de la oligarquía minera y los terratenientes. Con Toro, además, se creó YPFB, el Ministerio de Minas y Petróleo y el Banco Minero BAMIN. Con Busch, la Nueva Constitución del 30 de octubre de 1938 dispuso que el Estado tiene dominio de los recursos naturales (Artículo 107) y que «podrá asumir la dirección suprema de toda economía» (Artículo 108), así como estatuyó que «la exportación del petróleo de propiedad fiscal o particular solo se hará por intercambio del Estado o de una entidad que lo represente» (Artículo 109). Por último, el 7 de junio de 1939, Busch estableció que se concentrara en el BCB el 100% de las divisas provenientes del total bruto de las exportaciones y dispuso un 11% de las regalías para las regiones productoras de petróleo.
Sin embargo, el momento culminante del ciclo estatal nacional revolucionario fue con la Revolución del 52 y la nacionalización de la gran minería, la creación de COMIBOL, la Reforma Agraria y el voto universal, las masas en acción, proceso que desembocó en la crisis de 1956 y el Plan Eder de Estabilización, que fue adecuado por el presidente Hernán Siles Suazo, sacrificando con las medidas estabilizadoras monetarias y fiscales, pero salvando lo esencial de la revolución, aunque abriendo el Código Davenport al petróleo y el gas a los EEUU.
La fase declinante del ciclo nacional revolucionario culminó con la crisis de 1982-1985 y el momento constitutivo del ciclo neoliberal iniciado por el DS 21060, que cambió el rol del Estado en cuanto a la política económica. El cierre de la CBF, que se había creado en 1942, culminó con la ley de la Capitalización, el desmembramiento de YPFB y la apertura plena a la inversión extranjera. Fue justamente por el problema de la inversión extranjera que primero empezó la Guerra del Agua, con el retiro de la empresa extranjera del agua en Cochabamba, y la Guerra del Gas, con el fallido proyecto de exportación en forma de LNG por intermedio de Chile a EEUU, que generó el momento constitutivo con el Referéndum del Gas (2004), seguido con la Ley de Hidrocarburos (2005), que refundó YPFB, estableció el IDH del 32%, que sumado a las regalías del 18% significaba un monto de 50%, establecido como mínimo por la misma ley y con la forma de distribución del excedente, antes del ascenso del MAS al gobierno en 2006.
Es por eso que el nuevo ciclo estatal, que denomino Plurinacional-Popular, se inició en 2004 y duró hasta agosto de 2025, asociado a una crisis económica que expresó el declive del Modelo Productivo Social Comunitario desde 2014 con el shock externo del precio del petróleo y el shock interno asociado a la caída de la producción de hidrocarburos, que derivaron en una crisis cambiaria y en una crisis de combustibles con altos desequilibrios externos y fiscales, que se tradujo en los inicios de una fase inflacionaria con estancamiento.
Estos temas están tratados con mayor profundidad en mi libro «Ciclos estatales, crisis y la querella del excedente», que presentaré en la Asociación de Periodistas de La Paz el martes 4 de noviembre a horas 19, y concluye que el péndulo estatal entre liberalismo y dirigismo, que guió la trayectoria económica de Bolivia entre 1825-2025, se debería tender a superarlo y centrarlo en un Estado moderno, con un equilibrio entre mercado y Estado que precautele un camino de crecimiento sostenido con equidad, si fuera posible.






















































































