Chile se encamina hacia una segunda vuelta presidencial el próximo 14 de diciembre, luego de que ningún candidato alcanzara la mayoría absoluta necesaria para ganar en primera instancia. Los resultados del 16 de noviembre dejaron a la candidata oficialista Jeannette Jara con un ajustado 26,85% de los votos y a José Antonio Kast, del Partido Republicano, con 23,92%, pero la verdadera sorpresa de la jornada electoral fue Franco Parisi, quien con casi 20% de los sufragios se convirtió en el fiel de la balanza para el balotaje.
El oficialismo en declive
«En primer lugar, hay un resultado que es muy malo para el oficialismo porque encontraron tener un techo electoral bastante bajo», explica Andrés Dockendorff, politólogo chileno y doctor en Ciencia Política de la Universidad de Essex, Inglaterra. La candidatura de Jeanette Jara, exministra de Trabajo del presidente Gabriel Boric y primera militante comunista en liderar una coalición de izquierda y centroizquierda en una elección presidencial en el país trasandino, no logró despegarse significativamente de los niveles de aprobación del gobierno actual, que oscilan entre el 28 y 30%.
Los resultados muestran que Jara obtuvo 3.476.615 votos, mientras que Kast alcanzó 3.097.017. En tercer lugar quedó Franco Parisi, con 2.552.649 sufragios (19,71%), seguido por Johannes Kaiser con 1.804.773 (13,94%) y Evelyn Matthei con 1.613.797 (12,47%). Con escasos porcentajes se ubicaron los candidatos independientes Harold Mayne-Nicholls (1,26%), Marco Enríquez-Ominami (1,20%) y Eduardo Artés (0,66%)
«La derecha, por su parte, fue fragmentada en tres candidaturas, la oposición de derecha, Matthei, Kaiser y Kast, y se dividieron los votos en tres», señala Dockendorff. Agrega que, a pesar de esta división, «las derechas tuvieron un resultado histórico». En conjunto, esta vereda obtuvo más del 50% de apoyo, lo que podría presagiar una ventaja en la segunda vuelta.
El fenómeno Parisi
El candidato inesperado de la elección fue, sin duda, Franco Parisi. El economista, quien vive en Estados Unidos y realizó su campaña de manera virtual, superó ampliamente las proyecciones de las encuestas que lo ubicaban entre 8% y 10%, alcanzando finalmente casi el 20% de los votos. «Parisi cuenta con un partido muy centrado en él, en su figura, y que de alguna forma es un partido que refleja un rechazo a la clase política en general», analiza nuestro invitado.
Parisi dominó especialmente en el norte de Chile, alcanzando primera mayoría en 64 comunas, incluidas las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá, Antofagasta y Atacama, con porcentajes que oscilaron entre el 28% y el 35%. En Colchane, región de Tarapacá, obtuvo un impresionante 57,30% de los votos.
Según Dockendorff, el apoyo a Parisi proviene de sectores específicos de la sociedad chilena. «Los temas de migración, el acceso a servicios, y también la vulnerabilidad de una clase media que cree en el mérito personal, pero que percibe que las élites son cerradas, que hay techos, que no van a progresar mucho más, que tienen un rechazo muy fuerte a los abusos empresariales o de las élites. Yo creo que ahí está una parte importante de su apoyo», afirma.
El politólogo destaca que Parisi «tiene un discurso muy meritocrático, pero de la mano con un discurso muy antielite, y muy anticasta, por así decirlo, en términos de lógica del discurso que tiene Milei en Argentina». Esta combinación de promesas de movilidad social con fuerte crítica a las élites lo diferencia de otros candidatos de derecha. «Cultiva con mucha fuerza eso, que no es lo mismo que hace Kast, por ejemplo. Kast no tiene un discurso antielite, tiene un discurso fuerte en contra de la izquierda, pero no un discurso antielite».
El legado de Boric
La gestión del presidente Gabriel Boric pesa como una losa sobre las aspiraciones de Jeanette Jara. «El gobierno tiene aproximadamente, si se promedian las encuestas, entre el 28% y el 30% de aprobación. En consecuencia, a ella le está resultando muy difícil subir de eso en intención de voto», explica Dockendorff.
El presidente Boric, quien llegó al poder en 2022 como un joven renovador tras 20 años de alternancia entre Piñera y Bachelet, vio su mandato erosionarse de manera temprana. «Ese mandato empieza rápidamente, con una línea muy corta, a perder apoyo en la ciudadanía ya entre abril y mayo de 2022, y después sufre un golpe muy fuerte con el rechazo al texto constitucional sobre el cual el gobierno se había jugado», señala el experto.
Pero el factor determinante en la baja aprobación del gobierno ha sido el tema de la seguridad. «La principal preocupación de los chilenos hoy día, que es la seguridad, con mucha distancia a otras materias, es un área donde el gobierno no está siendo bien evaluado por la ciudadanía en la opinión pública», afirma Dockendorff.
El incremento de delitos violentos, anteriormente poco comunes en Chile, ha generado un cambio profundo en las prioridades ciudadanas. «Ese temor a ser víctimas de delitos se ha incrementado muy fuertemente en los últimos años. Y para muchos electores, lo que uno puede ver en las encuestas es que esto parece asociado a un tipo particular de migración que habría traído este crimen organizado, que es la migración reciente producto de la crisis venezolana», explica el politólogo.
La llegada de prácticas como el sicariato, los secuestros y la aparición de cuerpos «eran cosas a las cuales la opinión pública no estaba acostumbrada y ha generado un cambio en las prioridades de la ciudadanía». Si hace seis años los temas económicos y sociales dominaban la agenda, «hoy día el tema del temor a la delincuencia y la demanda de que sea una prioridad del gobierno es lo que está capturando las preferencias de los ciudadanos en la opinión pública».
Nuevos clivajes políticos
La tradicional división entre izquierda y derecha que caracterizó a Chile durante décadas parece estar experimentando una transformación. Dockendorff identifica una «superposición de distintos clivajes o ejes que producen división».
El viejo clivaje del plebiscito de 1988 —a favor o en contra de Pinochet— «parece irse debilitando crecientemente», mientras que la división de clases también muestra señales de erosión. «El clivaje de clases, que antiguamente explicaba que las clases más populares votaban por la izquierda y las clases medias y altas por la derecha, también parece más debilitado», observa.
Un nuevo eje divisorio ha emergido del plebiscito constitucional de 2022, donde el rechazo obtuvo 62% frente al 38% de aprobación. «Yo tengo la impresión de que eso va a seguir marcando algunos alineamientos políticos, sin ser propiamente como tal un clivaje, pero sí parece ser influyente si uno mira las correlaciones de votos», señala el experto. «La votación de todos los candidatos de derecha, más la votación de Parisi, está muy relacionada con ese 62%. Y la votación de Jara se relaciona más con la aprobación, aunque no logra llegar al techo del plebiscito, sino que queda mucho más abajo que eso».
Fragmentación legislativa
En las elecciones parlamentarias simultáneas, se renovó la totalidad de los 155 diputados y 23 de los 50 senadores. Los resultados dejaron un panorama de fragmentación que complicará la gobernabilidad del próximo presidente.
En la Cámara de Diputados, la derecha quedó «justo a un voto de tener la mayoría del 51%», explica Dockendorff. Sin embargo, si se suman los 14 diputados del Partido de la Gente de Parisi, «está llegando incluso a superar el quórum para la reforma constitucional, que son cuatro séptimos». La izquierda, por su parte, «tuvo uno de sus peores resultados históricos. Obtuvieron apenas por sobre los 60 legisladores».
En el Senado, la situación quedó más equilibrada debido a que la división de la derecha en las circunscripciones «se produjeron doblajes a favor de la izquierda, y eso fortaleció un poco la posición de la izquierda en el Senado». El resultado final muestra que «nuevamente en el Senado, también el gobierno próximo va a tener que negociar para las cosas importantes, como ha venido ocurriendo hace mucho tiempo».
Segunda vuelta
De cara al balotaje del 14 de diciembre, las alianzas ya comenzaron a trazarse. Los candidatos derrotados de derecha, incluida Evelyn Matthei, ya anunciaron su apoyo a Kast. «Es muy probable que teniendo al frente una candidata que es del Partido Comunista, esos ciudadanos van a votar en proporción importante por Kast y algunos pocos van a anular. Dudo que se transfieran votos de esos sectores hacia Jara», prevé Dockendorff.
La gran incógnita es hacia dónde se moverán los casi 2,6 millones de votantes de Parisi. «Jara tiene muy poco para crecer, por eso está buscando los votos de Parisi y va a ser muy difícil que logre obtener todos aquello o una mitad, pero es algo que no sabemos. También va a depender de las decisiones que tome el candidato Parisi», señala el experto.
La experiencia de 2021 ofrece algunas pistas. Según estimaciones citadas por Dockendorff, en aquella elección «más del 30% de los votos de Parisi se fueron a Boric, y poco más del 20% se fue a Kast, y el resto se fue a nulo». Sin embargo, la situación actual es diferente, Jara, a diferencia de Boric en 2021, no representa un perfil renovador sino la continuidad de un gobierno con baja aprobación.
Tendencias pendulares
Chile ha consolidado en las últimas dos décadas una clara «lógica antiincumbente», señala Dockendorff, haciendo referencia a la dificultad de las autoridades en funciones, los incumbentes, el oficialismo, de ser reelegidos. «Ningún gobierno, desde Bachelet en 2005, logra mantenerse en el poder y darle a un correligionario la banda presidencial». La secuencia ha sido clara: Bachelet le entregó el poder a Piñera, quien se lo devolvió a Bachelet, quien nuevamente se lo entregó a Piñera, quien se lo pasó a Boric, y ahora «Boric muy probablemente se lo va a entregar, de acuerdo a toda la encuesta de opinión y a los resultados de la primera vuelta, al candidato de la derecha José Antonio Kast».
Esta dinámica pendular sugiere un electorado hastiado que castiga sistemáticamente al oficialismo. «Uno podría decir que en una parte del electorado también hay un giro a la derecha, pero ese giro a la derecha está de alguna forma jalonado o impulsado por la primacía que tiene la seguridad», analiza el politólogo.
Sin embargo, Dockendorff advierte que «también habría que matizar si es un giro a la derecha, porque no sabemos si va a ser permanente en el tiempo o hacia el futuro, producto de que también existe esta lógica antielite y anticasta que está capturando el voto de Parisi y que parece ser algo creciente en la sociedad chilena y que habría que prestarle atención para entender cómo se va a desenvolver el proceso político en el futuro».
El desafío de la gobernabilidad
La fragmentación política que caracteriza al Chile actual plantea serios desafíos de gobernabilidad para quien resulte electo. «Tener una legislatura muy fragmentada, donde nadie tiene una mayoría clara, hace difícil que los gobiernos puedan, ha hecho muy difícil en los últimos gobiernos, que las administraciones, sea el signo que sea, cumplan con las principales demandas de la gente a través de nuevas leyes», sostiene Dockendorff.
El número de partidos representados en el Congreso «se ha venido incrementando mucho desde hace 10 años, y eso dificulta mucho la gobernabilidad, es decir, que los gobiernos puedan cumplir con las promesas de campaña con las cuales los electores le confirieron un mandato». Algunos partidos, debido a sus bajas votaciones, perderán su estatus legal y deberán reformarse, lo que «quizás ayuda un poco a descomprimir la legislatura».
Un país de segundas vueltas
Chile se ha convertido en un país de balotajes. Desde la implementación del sistema de segunda vuelta en 1999, todas las elecciones presidenciales han requerido una segunda instancia electoral. La primera segunda vuelta enfrentó a Ricardo Lagos y Joaquín Lavín en enero de 2000, resultando victoriosa Lagos por el estrecho margen de 51,3% contra 48,7%.
Desde entonces, Chile ha vivido seis balotajes adicionales: Michelle Bachelet venció a Sebastián Piñera en 2005 (53,5% vs 46,5%), Piñera derrotó a Eduardo Frei en 2009 (51,6% vs 48,4%), Bachelet aplastó a Evelyn Matthei en 2013 (62,2% vs 37,8%) en la segunda vuelta más holgada de la historia, Piñera venció a Alejandro Guillier en 2017 (54,6% vs 45,4%), y Gabriel Boric derrotó a José Antonio Kast en 2021 (55,8% vs 44,1%).
Un dato significativo: en todas las segundas vueltas desde 1999, el candidato que ganó la primera vuelta también triunfó en el balotaje. Sin embargo, esta tradición podría romperse el 14 de diciembre, considerando que nunca antes los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta habían obtenido porcentajes tan bajos (ambos bajo el 27%) con una diferencia tan estrecha entre ellos (menos de 3 puntos porcentuales).
El balotaje definitorio
El domingo 14 de diciembre, Chile definirá quién gobernará el país durante el período 2026-2030. El presidente electo asumirá el cargo el 11 de marzo de 2026, cuando Gabriel Boric realice el traspaso de mando. Será la séptima segunda vuelta consecutiva en la historia democrática reciente del país, y promete ser una de las más reñidas.
Como bien resume Dockendorff, Chile enfrenta múltiples desafíos: la demanda ciudadana por seguridad, la creciente desconfianza hacia las élites políticas, una legislatura fragmentada que dificulta la gobernabilidad, y un electorado que sistemáticamente castiga al oficialismo. El 14 de diciembre no solo se definirá quién ocupará La Moneda, sino también si Chile logra encontrar un camino para superar la crisis de representación que atraviesa su sistema político, reflejado en la creciente fragmentación que se observó en la primera vuelta.






















































































