En nuestro medio hay déficit de información social y bajo nivel promedio de educación en relación con otros países. Un subproducto de esta realidad se observa en la manifiesta pretensión de un importante porcentaje poblacional que interpreta la estabilidad social como “una suerte de derecho adquirido heredado”, ignorando su necesaria relación con la superación de los índices de productividad. En todos los casos los resultados hablan por sí mismos.
Un ejemplo historiográfico evidente son los significativos logros económico-sociales, como la reforma agraria, la nacionalización de las minas, el voto universal, los derechos sindicales y otros. Esos logros implicaron un elevado costo para el colectivo social en su conjunto. Dicho costo se incrementó al no haberse construido mecanismos que les proporcionen autosostenibilidad y superación productiva. En vez de construir tales mecanismos innovadores, se recayó, recurrentemente, en discursos repetitivos, para apañar los bajos índices productivos, arriesgando así el futuro de quienes logran ingresos y ahorros en el país.
El exclusivo objetivo miope del grupo de poder vigente es procurarse más votos en las sucesivas contiendas electorales. Esto se viene repitiendo desde la década de los 50 del siglo XX, utilizando además el bloqueo anticonstitucional de carreteras, con lo cual coadyuvan a que los corredores interoceánicos eludan al país. Paradójicamente, transgreden la Constitución aprobada y propiciada por ellos mismos.
Alentar al individualismo innovador beneficia al conjunto social al ser la forma más efectiva de coadyuvar cualitativamente en favor de los legítimos logros sociales.
Análogamente, en lo deportivo, el coro de la mediocridad exige resultados incluso de forma agresiva, ignorando que los resultados son fruto de un proceso que implica renovación, esfuerzo metódico y construcción de un equipo con más obreros que “figuras”, tal como lo demostró la Selección Sub 17 con su clasificación reciente al campeonato mundial de fútbol, con sede en Qatar.
Con lo anotado, resalta como el subdesarrollo, salvando contadas excepciones, se expande logrando dimensión cuasi integral.
En este escenario se aprovechan determinados actores, manipuladores de la información, para aparecer falsamente autopresentados como ‘caudillos insustituibles’, a pesar de sus obvias limitaciones de comportamiento y de conocimientos básicos y fundamentales.
El ejercitar falsos “derechos autoadjudicados” se convierte en un círculo vicioso que propicia y perpetua privilegios abusivos, para quienes logran beneficiarse de esta forma de vida.
En el ámbito familiar se suele practicar la costumbre de depender económicamente de los padres de forma indefinida. También es digno de mención la costumbre inequitativa de que el género masculino, usualmente, sea quien pague la cuenta total dentro de la convencional relación de pareja. En lo que respecta a los funcionarios públicos, la idea del circuito dominante es que los “zonzos trabajen” mientras que ellos, es decir “los vivos”, sean los que cobren la ‘mayor tajada’ de lo que logren recaudar. Con la aplicación de esta concepción perversa es como los “servidores públicos” miran por sobre el hombro a los demás.
La cultura latina tiene este ramalazo como forma de vida, la cual la hace, en general, menos competitiva que la cultura anglosajona. Este es el contexto necesario de ser debatido en procura de construir una autocrítica individual y social que abarque todas las áreas, hasta llegar a desentrañar cómo se camuflan algunos (tal vez muchos) en el abuso, la ineficacia y la mediocridad. Es indispensable revertir semejante inercia social para salir de la crisis en la que nos ahogamos e ingresar, sin excepciones, a la actual etapa del conocimiento, de la aplicación de la tecnología de punta en todo proceso productivo, a lograr la generación de energía eléctrica con los nuevos métodos eficientes, ecológicos y baratos, a la innovación, así como a lograr dominio de la inteligencia artificial. Otros ya iniciaron este recorrido, es nuestro turno.
Fierro Cardona es comunicador y abogado.















































































