El Estado soy yo, afirmación atribuida a Luis XIV (siglo XVII). Claro, la divinidad lo había colocado en dicho puesto.
En tiempos de crisis, donde no termina de morir lo viejo ni de parirse lo nuevo, es cuando emergen los terribles demonios, sostuvo un pensador italiano del siglo pasado.
Hace poco, la Policía Federal de yankilandia detuvo a la jueza Dugan por obstruir la acción del Ejecutivo en relación a Eduardo Flores, que por “error” del FBI fuera detenido. Ya antes, el Ministerio de Justicia había instruido investigar a los jueces que “obstruyan” la acción contra los migrantes. Esto sucede en el país que se jactaba de ser el embanderado en cuanto a de defender la democracia=equilibrio y equidistancia entre los poderes del estado=fuerte institucionalidad.
Debemos recordar la renombrada decisión del juez Marshall (1803) contra el presidente Jefferson a través de su ministro Madison. Marshall rayó la cancha y frenó la acción del Ejecutivo.
En una república fallida desde su origen, se ha convertido en deporte el detener y después investigar; y, cuando se incomoda a la divinidad, hasta sus supuestos adláteres (vox populi o imaginario colectivo) son detenidos.
El reciente caso es de quien es interceptada por encapuchados, allanan el vehículo sin orden debida, sin identificación, secuestrada y trasladada fuera del lugar del supuesto hecho delictivo. Estos hechos han sido reconocidos como propios por dos ministerios del gobierno central, sin pestañear siquiera.
Creo que el mayor pecado de esta jueza no fue solo el favorecimiento del denunciado en el recurso que se le presentó. Su mayor afrenta fue darle la razón a otro secuestrado, elegido popularmente, a quien se le negó procesarlo en el lugar de su domicilio y donde supuestamente cometió delito, que ahora se encuentra en Chonchocoro, cuando en todo caso debiera estar en Palmasola. Estableció un precedente nefasto para el feudal poder.
¿Cuál la diferencia entre estos dos ejemplos? ¿La disparidad ideológica? Por los hechos los conoceréis.
*Es criminólogo y nonnino de Valentina.





















































































