La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue fundada el 24 de octubre de 1945, después de la Segunda Guerra Mundial, con el propósito de mantener la paz y la seguridad internacionales. La Carta, establece como objetivos: fomentar relaciones amistosas entre las naciones, cooperar en la solución de problemas globales, promover los derechos humanos y servir como centro de coordinación para la acción conjunta de los Estados.
La ONU nació con la idea de evitar una nueva guerra mundial y construir un sistema internacional basado en la cooperación, el diálogo y el respeto mutuo. Su predecesora, la Liga de las Naciones —creada en 1919 mediante el Tratado de Versalles—, fracasó en su intento de garantizar la paz. El historiador Eric Hobsbawm explicó que su debilidad radicaba en depender totalmente de la voluntad y los recursos de los países miembros, lo que limitó su capacidad de acción.
A lo largo de ocho décadas, la ONU ha crecido en funciones y estructura. Según el académico y periodista Jaime Cordero, hoy cuenta con más de 37.000 funcionarios y múltiples agencias dedicadas a enfrentar los desafíos globales. Su labor humanitaria es enorme y costosa: en 2024 solicitó 46.000 millones de dólares para asistir a 180 millones de personas en 72 países afectados por conflictos, crisis climáticas y economías colapsadas, una cifra menor a los 56.700 millones requeridos en 2023.
Entre sus principales agencias destacan el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Agencia para los Refugiados (ACNUR), el Fondo para la Infancia (UNICEF), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la UNESCO y la FAO. Estas instituciones encarnan el espíritu solidario de la ONU, aunque los desafíos financieros y políticos amenazan su efectividad.
La situación se agrava con la tendencia de algunos líderes a optar por el unilateralismo, debilitando el multilateralismo que representa la ONU.
Bolivia ha sido miembro no permanente del Consejo de Seguridad en tres periodos: 1964–1965, 1978–1979 y 2017–2018. En esas gestiones participó activamente en debates y votaciones, sin derecho a veto, reservado a Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. En su última participación, Bolivia se destacó por defender los principios de soberanía y no injerencia en los asuntos internos de los Estados.
El diplomático sueco Dag Hammarskjöld, secretario general de la ONU entre 1953 y 1961, expresó una frase que aún conserva vigencia: “Las Naciones Unidas no se crearon para llevar a la humanidad al cielo, sino para evitar su caída al infierno”.
António Guterres, actual secretario general desde 2017, advierte que el mundo atraviesa una “crisis global” marcada por la división geopolítica y la sensación de impunidad. “Cada país cree que puede hacer lo que quiera”, alertó, describiendo un círculo vicioso donde las grandes potencias actúan según sus intereses, alentando la desconfianza y la violencia.
Frente a cada crisis mundial, Guterres propone fortalecer la acción concertada a través de la ONU: negociaciones, mediaciones y cooperación internacional como únicas vías para mantener viva la esperanza de paz. En cuanto a la emergencia climática, urge a los Estados a reducir drásticamente sus emisiones y cumplir los compromisos para limitar el calentamiento global a 1,5 grados.
Sin embargo, el Secretario General advierte que la organización enfrenta una “carrera hacia la bancarrota” si los países miembros no pagan sus cuotas completas y a tiempo. Aun así, la ONU sigue siendo el principal foro del diálogo y la cooperación mundial, un espacio indispensable para impedir que la humanidad repita los errores del pasado.
(*) Rolando Kempff Bacigalupo es economista, licenciado en la UMSA, doctorado Ph.D. en Relaciones Internacionales de la Universidad del Salvador de Argentina, académico de número de la ABCE y presidente del directorio de la UREAL
















































































