El Síndrome de Hubris (o Hybris) es «una condición en la que una persona en una posición de poder desarrolla una visión exagerada y desmedida de sí misma y de sus capacidades» (IA para Google), lo que conduce a «un ego desmedido y desprecio por las opiniones y necesidades de los demás» (Owen; Bárcenas), sobrepasando las limitaciones.
Para los griegos la encontramos en la tragedia: En Esquilo es la teología que sustenta toda su tragedia: Dolor y hybris. Platón se refirió a la hybris como el «deseo desordenado y poco reflexivo nos lleva al placer»; también lo llamó “ofuscación de pensamiento” respecto de la manipulación del lenguaje en la democracia: la “audacia irreflexiva” es “lealtad al partido”; la “prudencia”, “cobardía”; la “moderación”, “máscara para encubrir la falta de hombría”; “al hábil” (nuestro pícaro), “inteligente”…
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Aunque podría representarse la situación actual como un déjà vu de noviembre-diciembre de 2019 y de los audios de Morales con Faustino Yucra instruyendo «dejar sin comida a las ciudades a través de un ‘cerco de verdad’». «Hermano que no entre comida a las ciudades, vamos a bloquear, cerco de verdad […], hasta ganar hermano […] desde ahora va a ser combate, combate, combate ¿ya?» (las negrillas son de la publicación).
Más allá de las amenazas y órdenes de Morales y Quintana, las situaciones de grave confrontación fueron muchísimo menos que las expectativas del régimen huido. Quizás para la estabilidad de la sede de gobierno los peores fueron los sucesos de Senkata cuando comunarios del altiplano paceño y habitantes de El Alto intentaron llegar a la ciudad al grito de “¡Ahora sí, guerra civil!”. (Aunque la proporcionalidad del uso de los recursos de fuerza legal del débil gobierno de Transición entonces pudo desbordarse en la contención y conllevó lamentables víctimas fatales, no fue consecuencia de propósitos sanguinarios ni racistas, como proclama la narrativa de la revancha desde 2020).
Ahora, junio de 2025, la angurria hybris de Morales vuelve a sacudir al país. Invalidado por el referéndum constitucional del 21F, descalificado su prorroguismo por la CIDH y cancelada cualquier intención por el TCP, Morales —enfermo irreversible de hybris— sigue pensando que su derecho es divino e inembargable (quizás autoengañado en las fatuas “coronaciones” en Tiwanaku).
Ahora, recién en medio de los ahogantes bloqueos, Rudy Capquique —dirigente del MAS Evista— denunció afanes de Morales de convulsionar el país, cercar La Paz y ejecutar la “batalla final” contra el gobierno de Arce y para sustentar develó una presunta conversación grabada con Morales acerca del plan de bloqueos para provocar el registro de Morales como candidato presidencial… inhabilitado y sin sigla: «Es con todo, hermanos; es la batalla final [¿recuerda de 2019 con Yucra?]. El miércoles hay cerco en La Paz, hay que darles como en octubre, un mes y medio».
Citando a Marx —tomado en versión de Hegel— repito que «La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa». Esta historia se ha repetido más veces, como una pulga en la oreja y me machaca que en nuestra política sucede como sentenció Santayana: «Quienes no pueden recordar el pasado [menos aprender de él] están condenados a repetirlo». Pero ¿¡hasta cuándo!?
Este viernes, el TSE —sesionando desde Santa Cruz de la Sierra para evitar las agresiones evistas— oficializó los candidatos y dio hasta el 13 de julio para presentar la lista definitiva de candidaturas habilitadas con sustitución por renuncia. En la misma sesión, el TSE reconfirmó —a pesar de las amenazas desestabilizadoras del evismo— la fecha de la primera ronda de elecciones en agosto y del ballotage dirimidor en octubre.
Ojalá octubre (más seguro que agosto) termine con la pulga.
(*) José Rafael Vilar es analista y consultor político















































































