Un dato relevante en las elecciones del 17 de agosto fue el tamaño/porcentaje del voto nulo, que marcó un punto de quiebre. Durante siete lustros, entre 1985 y 2020, en nueve elecciones presidenciales, el promedio del voto nulo fue del 3,7%. Este año alcanzó al 19,9%. Si restamos el nulo histórico, un 16% en 2025 puede atribuirse a la consigna impulsada por Evo desde su trinchera-reinado en Lauca Ñ. El voto nulo es la tercera fuerza, apenas 60.000 votos menos que Tuto Quiroga.
Algunos datos desagregados son interesantes. Con el 27%, el voto nulo es mayoritario en el exterior (en especial por Argentina). Es la primera fuerza en Cochabamba y la segunda en La Paz y Potosí. De las 63 circunscripciones uninominales, el voto nulo ganó en 23. Y de las siete circunscripciones indígenas, ganó en cinco. No está mal, aunque está lejos de la expectativa/discurso que tenía el evismo: superar el 50%, ser la primera mayoría.
Hasta ahí los números del voto nulo. ¿Cómo se leyeron? Hígado en mano, los “analistas independientes” expresaron su desprecio: “No significa nada”. Ahora dicen que es un “voto de oro” para la segunda vuelta. En el otro extremo, los evistas magnificaron su rendimiento, declarándose ganadores: “Somos la primera fuerza”. Y hubo ejercicios alucinantes, como el de Celag: agregó no participación + nulos + blancos, proclamando que fue “la opción política más elegida” (ufa).
Ahora bien, ¿cuáles son las implicaciones del voto nulo? En términos legales, para la distribución de escaños en la Asamblea Legislativa, el voto nulo no cuenta. Solo se contabiliza para fines estadísticos. Su impacto, pues, está concentrado en la disputa por la validez. Que casi una quinta parte del electorado haya optado por anular la papeleta, interpela la legitimidad de la elección y de su resultado. Pero es un dato/daño simbólico, que se agota en sí mismo.
Los efectos prácticos del voto nulo son otros. El más curioso es que salvó la sigla del MAS-IPSP, que de otro modo se hubiese cancelado. EVO Pueblo bloqueó también cualquier posibilidad de renovación: su enemigo principal fue Andrónico, no la derecha. Y el saldo en representación política es penoso. Junto con la implosión masista, el mal gobierno, la débil regeneración y la crisis económica, el nulo dejó en la marginalidad al bloque plurinacional popular otrora mayoritario. ¿Cuántos diputados, cuántos senadores, obtuvo el 19,9% de votos nulos? Cero.
Cierto que, en medio de la derrota histórica de la izquierda y el progresismo, Evo continúa siendo un factor de poder. ¿Hasta cuándo? ¿Basta la calle para la resistencia y la rebelión? Hay nulidades que invalidan proyectos de futuro.
FadoCracia impune
- En noviembre de 2019, el régimen inconstitucional de Áñez se estrenó con dos masacres. Hubo decreto de la muerte; militares y policías dispararon, asesinaron y torturaron; hubo ejecuciones extrajudiciales. 2. Así lo certificó en terreno y con evidencia el grupo de expertos independientes de la CIDH. En Sacaba y Senkata se produjeron masacres. 3. Queda para la infamia el titular de prensa: “fuego cruzado”. Queda la vileza de quienes siguen repitiendo el guion de los ministros corruptos y matones: “se dispararon entre ellos”, “querían hacer volar la planta de gas” (sic). 4. Seis años después, no hay justicia para las víctimas. Ni verdad, ni reparación, ni garantía de no repetición. Hay impunidad. 5. La anulación de los juicios ordinarios contra Áñez y los suyos reencamina el proceso, mal llevado por demagogia del masismo y veto opositor. 6. Sin más cálculos mezquinos ni demora, la Asamblea debe autorizar un juicio de responsabilidades. Y el TSJ habrá de tramitarlo con imparcialidad, lejos del activismo político de su presidente. 7. ¿Se hará justicia? Nunca más masacres en democracia.
*Es politólogo.





















































































