El llamado triángulo del litio, conformado por Bolivia, Argentina y Chile, alberga las mayores reservas mundiales de este mineral estratégico. Sin embargo, pese a su potencial, la región no ha logrado consolidarse como líder en el mercado global. Así lo sostiene José de Castro Alem, ingeniero químico, MBA y consultor estratégico con amplia experiencia en minería. El experto advierte que la ventana de oportunidad podría cerrarse si los países involucrados no actúan con rapidez y pragmatismo.
“La historia ha tenido subibajas”, afirma De Castro en al ser entrevistado en Piedra, Papel y Tinta, de La Razón, en referencia a la evolución de la producción regional. “Chile fue históricamente un gran productor a partir del salar de Atacama. En Argentina, en el último año se pusieron en marcha cuatro proyectos. Y se sigue esperando la entrada de Bolivia como productor comercial”.
De Castro afirma que es fundamental hablar de “producción” de litio y no de “explotación”, planteando así una diferencia conceptual que se centra en el valor agregado. “No es solamente una extracción del más puro estilo de minería tradicional. Hay que producir carbonato de litio, hidróxido de litio y otras sales importantes”, explica. La lógica no es extractivista, sino industrial.
Mirar a largo plazo
El mercado del litio ha atravesado una fuerte volatilidad de precios. Tras la pandemia, en 2021 se alcanzaron valores “históricamente muy altos, que no tienen un sentido lógico a largo plazo”, y en 2024, en contraste, los precios tocaron fondo. “Hoy estamos en un valle de un precio bastante bajo, que tampoco tiene un sentido en el largo plazo”, afirma. Esta semana el precio al contado del carbonato de litio grado batería cerró en Asia a $us 7.902 por tonelada métrica, según los datos de Shanghai Metals Market.
Con todo, el experto no es pesimista. “Se prevé que a partir del año 2026 o 2027 el precio repunte. Es la única forma de mantener la demanda incentivando nuevos proyectos”, asegura. En ese escenario, estima que el precio del carbonato de litio se estabilizaría entre los $us 15.000 y $us 25.000 por tonelada.
“Nosotros, en la región, tenemos la capacidad de tener costos por debajo de $us 10.000, incluso por debajo de $us 6.000, lo que haría muy competitivos estos productos”. En otras palabras, el triángulo del litio sudamericano podría posicionarse como líder global si logra industrializar sus recursos con eficiencia.
Una mezcla de tecnologías
Uno de los debates más enconados en Bolivia ha girado en torno a las tecnologías de producción: ¿evaporación solar o extracción directa? De Castro sostiene que el conflicto es artificial. “No existe esta dicotomía mal creada que muchas veces se lleva por pasiones políticas. Esto es mucho más simple”, dice. “Hoy en día existen justamente operaciones híbridas. En Argentina, por ejemplo, Río Tinto arranca con una extracción directa y tiene piletas de evaporación previa”.
La clave, señala, está en estudiar cada salmuera desde su composición físico-química y diseñar un esquema tecnológico adecuado. “Después de casi 25 años de curva de aprendizaje, diría que ninguna salmuera tiene condiciones insalvables”, afirma. Por tanto, lo que frena el avance ya no es la técnica, sino otros factores.
“Lo que prima son temas de permisología, interrelaciones sociales, acceso al agua. Pero incluso estos, si se tratan técnicamente, son totalmente salvables”, asevera. Por eso insiste en que la producción puede y debe ser sostenible, diseñada de forma que genere “valor para las comunidades locales y para el país”.
La variable geopolítica
El litio es parte de una nueva matriz geopolítica de minerales estratégicos. “Hoy, todo lo que son minerales críticos que incluyen al litio se ha convertido en una faceta geopolítica de importancia”, afirma. De Castro cita las tensiones globales, como las guerras en Ucrania, Oriente Medio, o las amenazas entre China y Taiwán, como elementos que han elevado el valor estratégico de los recursos naturales.
En este mapa global, el gigante asiático es el actor dominante. “El 80% del mercado de baterías y electromovilidad pasa por China”. Mientras Europa y Estados Unidos han ralentizado sus planes de transición energética, Beijing avanza hacia una electrificación total en los próximos 10 o 15 años. Eso presiona al resto del mundo a asegurar suministros estables de litio.
“Aunque el litio es importante, no reemplaza al petróleo. Las baterías acumulan energía, no la generan”, puntualiza el especialista. “Pero sí nos da una oportunidad geopolítica clave. Depende de lo que hagamos con ella”, puntualiza.
El litio en Bolivia
De Castro tiene un mensaje claro para el país: hay que entrar al mercado ya. “No podemos seguir en Uyuni dando vueltas con pruebas y otras cosas. Tenemos que poner en producción y traer valor real a Bolivia y a nuestra gente”.
“Sea cual fuese el gobierno, hay que apurar el tema. Perder esta oportunidad sería un problema”, precisa. De hecho, advierte que ya se perdió una chance crucial entre 2015 y 2016, cuando Australia y China tomaron la delantera en producción a partir de espodumeno. Hoy, África, con Zimbabue y Nigeria al frente, empieza a ocupar el espacio que deja vacante Sudamérica.
“Si no avanzamos, otros lo harán. Las oportunidades se repiten, cambian de forma, pero no debemos dejarlas pasar. Esta arrancó en 2010, estamos en 2025. Hemos perdido 15 años. No perdamos eso de vista”, sentencia.
Un liderazgo posible
La posibilidad de que el triángulo andino defina los precios internacionales del litio, como alguna vez hizo Arabia Saudita con el petróleo, está abierta, pero no está garantizada. “Si logramos avanzar, sacando cualquier otro condicionante que no sea técnico, podríamos ser definidores de precios y de aspectos comerciales del litio”, observa De Castro. Vivimos en un mundo competitivo y si los países sudamericanos no cubren la demanda, otros lo harán.
Las diferencias normativas también juegan un rol. Argentina, al ser federal, deja el control a las provincias. Chile mantiene al litio como mineral no concesible, con un régimen especial. Bolivia centraliza la gestión en el Estado. Aun así, el especialista llama a evitar que las diferencias legales o ideológicas frenen el progreso. “Esto es sentarse en una mesa, discutir, buscar la mejor opción técnica y concretarla políticamente”.
José de Castro participó esta semana en la Cumbre Energética de Bolivia, en Santa Cruz. Su presencia, así como su análisis, busca sembrar una convicción estratégica: que el litio no sea sólo una promesa, sino una fuente real de desarrollo.





















































































