A pesar de un contexto geopolítico incierto y de tensiones macroeconómicas, la inversión global en energía alcanzará en 2025 los $us 3,3 billones, según el informe World Energy Investment 2025 de la Agencia Internacional de Energía (AIE). El 66% de ese total, aproximadamente $us 2,2 billones, se destinará a tecnologías limpias: renovables, nuclear, redes eléctricas, almacenamiento, eficiencia y electrificación. Esto es el doble que lo dirigido a petróleo, gas y carbón.
“La era de la electricidad está marcando las tendencias de inversión”, afirma la AIE. En una década, el gasto en generación eléctrica, redes y almacenamiento superó al de los combustibles fósiles, que en 2015 era un 30% mayor. En 2025, el sector eléctrico absorberá $us 1,5 billones, impulsado por la demanda creciente en industria, refrigeración, movilidad eléctrica, centros de datos e inteligencia artificial.
El crecimiento acelerado de la inversión en transición energética durante los últimos cinco años “fue impulsado no solo por políticas climáticas, sino por consideraciones de seguridad energética, tecnología e industria”. China lidera con su esfuerzo por reducir la dependencia de hidrocarburos importados; Europa reaccionó a la crisis del gas ruso; India intensificó el despliegue solar; y EEUU respondió con incentivos para competir con China en tecnologías limpias.
La energía solar fotovoltaica es el rubro con mayor inversión, con $us 450.000 millones estimados para 2025. “La feroz competencia y los costos ultrabajos están haciendo que los paneles solares, frecuentemente acompañados de baterías, sean un motor clave de inversión en muchas economías emergentes”, destaca el informe. Solo Pakistán importó 19 GW de capacidad solar en 2024, equivalente a la mitad de su red eléctrica conectada.
No obstante, la AIE advierte sobre cuellos de botella críticos. “La inversión en redes eléctricas no está siguiendo el ritmo del auge renovable ni del aumento de demanda”, apunta el documento. Aunque se destinan $us 400.000 millones anuales a redes, es insuficiente frente a los $us 1 billón invertido en generación. Los obstáculos incluyen permisos lentos, cadenas de suministro tensionadas y la frágil situación financiera de muchas empresas eléctricas, especialmente en países en desarrollo.
Las inversiones en combustibles fósiles presentan una dinámica desigual. En 2025 se prevé una caída del 6% en la inversión upstream de petróleo, la primera desde la pandemia, debido a expectativas de menor demanda y precios a la baja. En contraste, el gas natural mantiene su nivel de inversión, mientras que el carbón registra un crecimiento del 4%, impulsado casi en su totalidad por China e India ante preocupaciones sobre la seguridad energética.
La AIE subraya que “la geografía de la inversión energética está cambiando con implicaciones duraderas”.



















































































