En una significativa escalada de la presión económica, el gobierno del presidente Donald Trump impuso sanciones a las dos mayores compañías petroleras de Rusia. Las empresas Rosneft y Lukoil son las directas afectadas con las medidas anunciadas el pasado miércoles. El objetivo declarado es forzar el fin de la guerra en Ucrania. La medida provocó un aumento inmediato en los precios mundiales del petróleo.
Las nuevas sanciones, detalladas por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, afectan directamente la capacidad financiera de Rusia para librar la guerra. Las medidas se implementaron debido a la «falta de compromiso serio de Rusia con un proceso de paz». Esta decisión marca un cambio en el enfoque del gobierno, y se produce pocos días después de que Trump cancelara una reunión prevista con el presidente ruso, Vladimir Putin.
Las sanciones congelan todos los activos de Rosneft y Lukoil en Estados Unidos y prohíben a las entidades estadounidenses negociar con ellos. Fundamentalmente, la medida conlleva la amenaza de sanciones secundarias contra cualquier empresa o institución financiera extranjera que continúe realizando transacciones significativas con las empresas incluidas en la lista negra, una poderosa herramienta para aislarlas del sistema financiero global.
El anuncio causó conmoción en los mercados energéticos mundiales, impulsado por la preocupación de que la eliminación de dos empresas responsables de casi la mitad de las exportaciones de crudo de Rusia generaría un déficit de suministro.
Un día después del anuncio, el crudo Brent se situó por encima de los $us 66 por barril, un alza de más del 5%.




















































































