Ana Marietta Colanzi asumió la dirección ejecutiva del Fondo Nacional para el Desarrollo Forestal (Fonabosque) en enero de este año. Llegó con la decisión de incidir en una nueva política forestal para el país. Sin embargo, enfrenta desafíos institucionales que debe ir resolviendo paralelamente.
«Es importante ser transparentes sobre la situación que hemos encontrado», advierte. Lo que halló, según ella misma detalla, son «múltiples irregularidades. Hay debilidades en la planificación, proyectos fuera del mandato institucional, bajos niveles de avance con altos desembolsos, e intervenciones que no responden a las zonas prioritarias”.
La institución que dirige financia proyectos de conservación, forestación y manejo sostenible en todo el país. Colanzi es clara sobre el rumbo que tomará a partir de ahora. «Esta gestión marca un cambio profundo. Estamos elevando los estándares técnicos, corrigiendo distorsiones y reorientando el uso de los recursos hacia intervenciones estratégicas que realmente generen resultados ambientales, económicos y sociales”.
Una nueva estrategia
La reorientación que describe la ejecutiva descansa sobre cuatro ejes concretos. El primero apunta a la calidad técnica desde el origen. «No solo financiamos, sino que acompañamos desde su formulación para asegurar que respondan al mandato de conservación de bosques y cuencas, precisa”. El segundo es territorial y cultural a la vez. «Estamos saliendo del escritorio. Vamos a descentralizar Fonabosque para tener presencia en regiones clave. Santa Cruz, Beni, Pando, el norte de La Paz y los Valles, es donde realmente se juegan los desafíos forestales”, explica.
El tercero coloca la evidencia de campo por encima de los informes de gabinete. «La información recogida en territorio será el principal insumo para priorizar inversiones y garantizar resultados concretos”, asevera. Y el cuarto apunta a la coordinación como condición indispensable. «Estamos fortaleciendo la articulación con comunidades, gobiernos subnacionales, cooperación internacional y sector privado. Porque sin coordinación no hay impacto real”.
Bosques en la agenda de largo plazo
Esta reorientación se inscribe en un marco más amplio. El Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente lidera la formulación del Plan General de Desarrollo Económico y Social (PGDES), la hoja de ruta estratégica de Bolivia para los próximos años. Colanzi sitúa a su institución en el centro de ese proceso. «Fonabosque asume un rol fundamental al operativizar los objetivos nacionales en el territorio, transformando la planificación estratégica en acciones concretas que garantizan la seguridad hídrica, alimentaria y el aprovechamiento sostenible de los bosques para las futuras generaciones”.
En ese marco, las alianzas internacionales como la que mantiene la institución con la agencia de cooperación alemana GIZ cumplen una función que va más allá del financiamiento climático. «Buscamos que estos aliados aporten conocimiento técnico, innovación y buenas prácticas que nos permitan elevar la calidad de las intervenciones y lograr mayor impacto», sostiene la directora.
El mensaje hacia las comunidades y los gobiernos subnacionales resume bien el espíritu del cambio que propone. «Nuestro objetivo es claro: que la conservación de los bosques también se traduzca en sustento para las familias y desarrollo para las comunidades”, concluye.
Auditorías
Una auditoría técnica y legal en curso sobre 78 proyectos financiados por Fonabosque en el último quinquenio está revelando un patrón preocupante. La directora ejecutiva Ana Marietta Colanzi lo describe sin eufemismos. «Se han identificado múltiples irregularidades”, señala.
De los 78 proyectos bajo revisión, 66 son de inversión en ejecución y 12 de preinversión. La conclusión institucional es directa. «Fonabosque no puede continuar financiando proyectos que no garanticen impacto real en la conservación de bosques y tierras forestales”, sostiene la directora.
Pero lo más revelador no es lo que la auditoría encontró, sino lo que aún no puede medir. El indicador clave para evaluar el éxito real de un proyecto de forestación —la supervivencia de las plantaciones y su efecto protector sobre suelos y cuencas— no surge de los registros administrativos. Colanzi es explícita. «Se ha evidenciado la necesidad de realizar visitas de campo para levantar información física de los proyectos, aplicando criterios técnicos y así poder definir si los resultados hubieran sido del impacto ambiental previsto”, puntualiza.
Esas visitas están todavía pendientes. En otras palabras, Fonabosque no sabe con certeza cuántos de los árboles financiados con dinero público están de pie. Esa es, al mismo tiempo, la mayor irregularidad heredada y el punto de partida más honesto para una nueva política forestal boliviana.





















































































