Habrán tenido una buena vida, cantando, bailando, cazando, acariciando resquicios del cuerpo amado, agradeciendo a sus dioses. Quizás armando tambores, estirando las membranas o tensando una cuerda que sería la que lleve una melodía con sentido, solo en ese territorio. De pronto, un día no esperado, se vieron, en su propia tierra, víctimas de secuestro, ya sea por vecinos en modo violento, o por extranjeros desconocidos, totalmente diferentes, con la piel de otra tonalidad y hablando una lengua incomprensible. Entonces comenzó así la mala vida. La vida esclavizada.
Fueron desterrados, esclavizados, abusados, obligados a convivir con otros esclavos provenientes de otras naciones. Yorubas con carabalíes, nacidos en el antiguo reino Dahomey, con bantúes, y más. Con el tiempo y en medio de las peores atrocidades, encontraron una forma de apaciguar el sufrimiento. Cantando. Pero también de encontrar sus identidades: reconociendo a sus instrumentos y a sus dioses. ¿Cómo? Imitando. Inventando la forma de reconstruir sus instrumentos con cosas viejas, cajones, puertas, pedazos de metal y por supuesto, las melodías, organizadas en frases y las frases, en forma de responsorio.
Así, en medio del más cruento sufrimiento, se pusieron a cantar el abuso, con músicas de apariencia optimista y, las pocas alegrías, a veces con músicas melancólicas. Así, en medio de la mala vida, en los Estados Unidos esclavista, nació el góspel y las canciones que serían luego el cimiento de esa forma multiplicada a la que se bautizó como blues.
El blues es una forma que se puede definir como una estructura en métrica binaria, de 12 compases, que usa escalas pentatónicas, que agrega notas cromáticas, que en principio se acompañaba con banjo, que el canto era solista, que los textos decían cosas de lo cotidiano, de la tristeza, del dolor, de la mujer doblemente esclavizada, de los campos de algodón, de las barracas. Pues así, el blues, decía un pianista de blues de los Países Bajos, es un sentimiento como el que causa dar de bruces con una infidelidad y descubrir con ese dolor, que en el refrigerador no hay cerveza. Una suma impensable de dolor y frustración cuyo resultado puede ser, un solo de blues, una canción hermosa, un concierto de canciones o, mejor aún, un festival de blues, en medio de las alturas de La Paz, Bolivia. Quién diría. Pero va a ocurrir.
En La Paz, desde hace varios años, tiene lugar el Festiblues, con el impulso y el corazón de Gonzalo Gómez, guitarrista, líder de la banda GoGoBlues.
Han pasado por el Festiblues músicos y bandas memorables, como Vox Dei, que levantó al público cantando y flotando en emociones que estuvieron guardadas por bastante tiempo. El Festiblues, en cada versión, supo tocar una buena fibra en el público. Unas veces emotiva, otras veces etaria. Otras, de nostalgias territoriales o nacionales.
Esta versión, que viene a ser la décima, volverá a sorprender con los participantes. Por primera vez se podrá escuchar blues del Brasil, de las tierras del Sertón. También de Estados Unidos y de Argentina, además de bandas destacadas de Bolivia.
Una muestra de resistencia cultural. Aunque sea una forma musical importada, se ha desarrollado en Latinoamérica con rasgos propios, sin perder ni por un momento el carácter de rebeldía y denuncia en los textos, al margen de las emociones y de la vida cotidiana. El Festiblues devuelve al público en cada versión, un respiro en el camino, como para recordar que el dolor y las alegrías son necesarias y también inseparables. Si esta forma musical nació en medio del sufrimiento, es también capaz, ahora, de brindar enormes atisbos de alegrías. Ese transcurso, de las vidas buenas a las malas y otra vez, a la buena vida, son, serán, en esta versión del Festiblues, una constatación.
Décima versión del Festiblues
El Festiblues Bolivia, reconocido como el festival de blues más alto del mundo, regresa en su décima edición para sacudir la ciudad con tres noches llenas de ritmo, emoción y puro blues.
El Festival de Blues Bolivia nació el año 2007 creado por Gonzalo Gómez a partir de la necesidad de las bandas de blues del país, donde buscaban encontrar un espacio para compartir su arte y su visión a través de sus canciones. En sus primeras dos ediciones el festival se realizó en bares y pubs de la ciudad de La Paz buscando dar a conocer este género musical que aún daba sus primeros pasos en Bolivia. A partir del 2011 y luego de consolidar un trabajo underground en las versiones anteriores, el festival fue llevado a un teatro, lo que significó un importante despegue y la consolidación de esta emergente voz musical, y así el festival adquirió un carácter social, musical y educativo fundamental.
En su décima versión, este 2025, el encuentro musical se llevará a cabo del viernes 11 de abril al domingo 13 en el Teatro Nuna. Además, el Festiblues contempla la realización de talleres gratuitos con los artistas invitados en los días previos en instalaciones de la Universidad San Francisco de Asís.
Entre los participantes este año están Eric «Dirty Red» McDaniel, cantante, compositor y bluesman de Oklahoma, Estados Unidos; Blenio Blues, natural de Carmo do Paranaíba (Brasil), cantante, compositor y guitarrista de rock y blues; Auder Junior, productor musical, compositor, músico y arreglista brasileño; Fran Molins & La Rock and Blues Band (Argentina). Francisco Molins es un saxofonista argentino radicado en Salta Capital, cuya música fusiona rock, blues y ritmos afroamericanos como el reggae y el funk.
Las bandas bolivianas que blusearán son La Chiva (Sucre), La Poncho (Cochabamba), Juan and Roll (Tarija) y, desde la ciudad maravilla, GoGo Blues, Nikopol y Bolivia Bentonia Blues.
Bandas
Sucre, La Chiva
Sergio Carrasco (Bajo),
Hans Carmona (Batería),
Marcelo Bracamonte (Armónica), Gonzalo Pardo (Voz y Guitarra).
Cochabamba, La Poncho
Ramiro Martínez guitarra
Alejandro Mercado voz y bajo
Miguel López guitarra
Fico Cueto batería
Tarija, Juan and Roll
Juan Navajas bajo y voz
Nicolás Bluske guitarra
André Riera batería
La Paz, GoGo Blues
Gonzalo Gómez voz y guitarra
Diego Murillo bajo
Estanly Marin batería
Marcelo Bracamonte armónica
Esteban Velasco guitarra
NIKOPOL
Chuby Gonzáles (voz).
Vic Carpio (bajo).
Fabricio Nava (bata).
Nico Suárez (piano, órgano)
Músicos invitados:
Andrea Camacho (voz)
Juan Carlos Mamani (quena).
Felix Rodríguez (zampoña).
Luis Alarcón (saxo).
Erick Mollo (trombón).
Juan Pablo Guzmán (trompeta)
Bolivia Bentonia Blues
Nico Mavrich guitarra y voz
David Gallardo batería
Javier Monterrey bajo
Carla Casanovas voz y coros
Freddy Mendizabal teclados




















































































