En una época donde la digitalización parece amenazar la existencia misma del libro físico, las bibliotecas públicas enfrentan una transformación sin precedentes. El Día del Bibliotecario en Bolivia, que se celebra este lunes 30 de junio, nos invita a reflexionar sobre el papel fundamental de estos guardianes del conocimiento en la preservación de la memoria colectiva y la democratización del acceso a la información.
William Rojas Mojica representa la memoria viva de esta profesión en Bolivia. Con 42 años de trayectoria ininterrumpida al servicio de los libros y la cultura en Santa Cruz de la Sierra, este bibliotecario ha sido testigo de la evolución de estos espacios públicos desde sus inicios como auxiliar en 1983 hasta convertirse en un referente del gremio en el oriente boliviano.
Su testimonio revela transformaciones profundas: desde la lucha por cambiar la concepción patrimonialista del libro hasta la adaptación forzosa a las nuevas tecnologías, pasando por el reconocimiento del papel fundamental de las mujeres en el bibliotecarismo boliviano y la necesidad de reinventar los espacios bibliotecarios como centros dinámicos de encuentro comunitario.
Mujeres en el bibliotecarismo
«En realidad, digamos, fue una cosa, no sé, como los dones, a veces así, bien fortuito», confiesa Rojas Mojica al recordar cómo llegó al mundo de las bibliotecas. Su historia comenzó en 1983, un primero de mayo que marcó el inicio de una carrera que no estaba en sus planes iniciales. Tras estudios universitarios inconclusos en Madrid y La Paz, interrumpidos por el golpe de García Mesa, el destino lo llevó a responder un anuncio en el periódico que buscaba auxiliares de biblioteca.
Una característica notable que cuenta Rojas Mojica es el reconocimiento constante a las mujeres que marcaron su trayectoria profesional. «Por eso también se me gusta decir que soy tributario de mujeres», afirma, mencionando desde su madre, maestra rural egresada de la Normal de Portachuelo, hasta figuras como Irma Vizcarra, quien le impartió un curso decisivo en su vida, y Doña Alcira Pedrina, directora de la Biblioteca del campus universitario.
«Puede ser, no es solo una intuición, puede ser por razones de que el oficio que está ejercido en su mayoría, o estaba al menos, por mujeres», reflexiona sobre una conversación con la poeta y bibliotecaria paceña Vicky Ayllón. Esta observación no es casual, evidencia cómo el bibliotecarismo ha sido históricamente un espacio donde las mujeres han tenido un protagonismo fundamental en la preservación y transmisión del conocimiento en Bolivia.
La evolución de una profesión
Durante estas cuatro décadas, Rojas Mojica ha sido testigo de transformaciones profundas en el concepto mismo de biblioteca. Critica la tradición bibliotecológica boliviana que priorizó «el proceso técnico» sobre las necesidades reales de los usuarios: «Lo que le interesa a la gente es saber si tienes el libro o no», asevera.
Una de sus batallas más significativas fue conceptual y administrativa: lograr que en las bibliotecas públicas el libro fuera considerado «un material de suministro, no un activo». Como explica: «me costó muelas sacar de la partida 400 a la 300. Para todos los efectos, una biblioteca pública no es patrimonial, no es de conservación ni de preservación. El libro es como un bolígrafo, como papel». Esta visión buscaba facilitar el acceso real a los libros, superando la mentalidad que los mantenía como objetos intocables.
Desafíos
Uno de los problemas estructurales que identifica Rojas Mojica es la centralización de la formación bibliotecológica. «Solo hubo, hay hasta el día de la fecha, escuelas de bibliotecología en La Paz. Y el saldo del país no tiene las posibilidades», lamenta. Esta situación ha creado lo que él llama «una pata coja del gremio», limitando el desarrollo profesional en otras regiones del país.
La biblioteca pública cruceña ha tenido que adaptarse a una realidad particular: «no existe un sistema de bibliotecas escolares como hay en otras partes. Entonces la biblioteca pública tiene que cubrir las necesidades, sobre todo en edad escolar». El resultado es que «casi el 60%, 70% de usuarios son personas en edad escolar», convirtiendo a la biblioteca pública en una «biblioteca pública escolar».
Espacios dinámicos y alianzas innovadoras
La evolución de las bibliotecas como espacios físicos ha sido notable. Rojas Mojica recuerda cómo desde los primeros centros culturales construidos con dinero del Fondo Social de Emergencia se realizaban actividades diversas como «talleres de panificación, de electricidad, de plomería, de formación de recursos humanos, peluquería» y otros.
Esta experiencia pionera anticipó lo que hoy se conoce como «espacios makers» en bibliotecas modernas. Un ejemplo concreto fue el convenio con la UPSA en las bibliotecas de los barrios Virgen de Luján y Los Chacos. «Nosotros pusimos el espacio, los computadores, y digamos que era una especie de alianza público-privada», desarrollando capacitaciones de inclusión digital para personas mayores.
El futuro incierto pero esperanzador
Ante la irrupción de las nuevas tecnologías, Rojas Mojica mantiene una perspectiva equilibrada pero realista. «Van a convivir, creo yo, todavía por un larguito tiempo, lo físico con lo digital», pronostica. Eso sí, confiesa su preferencia personal: «si me das a elegir, me quedo con el libro en físico».
Reconoce las ventajas de la digitalización, dado que «un dispositivo móvil acumular tres mil libros», pero también advierte sobre la necesidad de control de calidad en el contenido digital. Su visión es antropológica: «creo, mal que me pese, que hay un cambio, digamos, civilizatorio», comparando este momento con el surgimiento de la escritura según los estudios de Emilia Ferreiro.
La inteligencia artificial representa otro desafío para la profesión. Con humor y realismo, Rojas Mojica explica cómo podría afectar su trabajo de clasificación: «yo le podría decir a la inteligencia artificial (…) el libro de Don Neftalí Morón de los Robles, dónde lo ubico, y la inteligencia me dirá tal sitio». Reconoce que «también nosotros estamos en la cuerda floja y con fragilidades», pero acepta que «esa es la tendencia».
Lecciones de la pandemia
La crisis sanitaria reveló las limitaciones tecnológicas del sistema bibliotecario municipal. «Todo nuestro trabajo era casi presencial y en la pandemia no podíamos seguir así». Esta experiencia motivó mejoras significativas, como el desarrollo de un catálogo en línea que permite, en casos sin restricciones de derechos de autor, descargar documentos directamente.
En el Día del Bibliotecario en Bolivia, la trayectoria de William Rojas Mojica nos recuerda que más allá de las transformaciones tecnológicas, el bibliotecario sigue siendo un guardián esencial de la memoria colectiva, un facilitador del acceso al conocimiento y un arquitecto de espacios donde la comunidad puede encontrarse con la cultura y consigo misma. Su testimonio es un homenaje a todos quienes han dedicado su vida a que los libros sean esos objetos que «cobran sentido cuando alguien los lee».




















































































