En el mundo de la guitarra clásica, el Certamen Internacional «Miguel Llobet» de Barcelona es un evento de referencia, de esos que dan un verdadero aval de calidad a sus premiados. Creo que hay motivos para que un concurso tenga esa solidez: los criterios de selección de su repertorio, siempre apoyando la nueva creación y realzando joyas históricas específicas muchas veces desconocidas; la calidad de sus jurados y concursantes de impresionante nivel internacional siempre, todo esto bajo el manto de la memoria de Llobet (Barcelona 1878 – 1938), que además de haber sido considerado el mejor guitarrista del mundo en su tiempo, como hombre artista fue un modelo de generosidad, humildad y fantasía creativa en sus composiciones. Todo confluye en el evento para buscar, al máximo, la excelencia.
Humildemente puedo decir, como guitarrista boliviano, que soñé con dicho concurso y pude tener la alegría del primer premio en la modalidad de interpretación en 2011. Años después yo pensaba: «¿será que otro boliviano entra al podio en esta importante vitrina musical más adelante? ¡Ojalá! Pues eso ayudará a consolidar nuestro crecimiento». Y llegó el momento en 2025, pero la fortuna de nuestro país en esta ocasión se dio en la otra ala del certamen: la modalidad de composición para guitarra.
El talentoso y joven compositor boliviano Daniel Álvarez Veizaga fue beneficiario de un segundo premio del Certamen Internacional «Miguel Llobet», por una pieza de su suite «Flores para Nayjama» (cuya cuidada edición pronto verá la luz con el apoyo de la Mtra. Teresa Rivera de Stahlie en su Colección de Compositores Bolivianos).
Los premios en Barcelona
El primer premio fue otorgado al español Alejandro Marco Gómez por su obra «The Willow and the Storm», mientras que el gallego José María Corredoira recibió una mención de honor por «Los Estados de la Meditación».
El jurado estuvo compuesto por el guitarrista noruego Anders Clemens, el compositor español Marcos Fernández y Alí Arango, guitarrista-compositor cubano.
El aporte de Álvarez Veizaga a la guitarra emerge como una nueva alternativa de calidad y chispa creadora, porque tiene la capacidad de gustar, sorprender y hasta intrigar a intérpretes y público. Recordemos que Daniel tiene sendas obras para piano, orquesta, coro, música de cámara, electrónica y más formatos.
En una reciente charla con él, pude notar enseguida un impulsor entusiasmo por crear para guitarra, poniendo en relieve las cualidades de las seis cuerdas (pequeña orquesta de enorme riqueza tímbrica). De inmediato surgió en la charla un ofrecimiento generoso que es propio solamente de quienes —como Daniel— tienen inmenso talento y capacidad: «Marcos, quisiera hacer para ti un concierto para guitarra y orquesta». ¡Me alegró el día con su idea y debo decir que me siento muy honrado! Esperemos que esta obra vea la luz en 2026; sería el cuarto concierto boliviano donde la guitarra dialoga con la orquesta, después de los de Atiliano Auza y Rolando Peña.
De Bolivia a Barcelona y al mundo
Volviendo a la guitarra sola, su suite «Flores para Nayjama» presenta 13 piezas con géneros vinculados a danzas bolivianas y extranjeras, siempre filtradas por su propio lenguaje: huayño, chovena, tinku, morenada, taquirari, chacarera, tango, bolero de caballería, hasta un gagaku japonés, o un espectacular porro de Colombia, pero también contiene la obra premiada en el Certamen Llobet, «Ipê Amarelo», un choro de Brasil tratado con frescura, nostalgia y ritmo. En ella, Álvarez luce su talento creativo al máximo, haciendo lo que a otros «no se les ocurriría»; nos demuestra también que «hacer hoy algo bello y de calidad ES POSIBLE».
Tres de estos números se pueden oír en YouTube, tocados por el destacado colega Héctor Osaky, que —según Álvarez— está estrenando y grabando todas las piezas de este ciclo.
Al igual que fenómenos creadores de la época del guitarrista Andrés Segovia, que compusieron para guitarra sin ser guitarristas (Ponce, Tedesco, Torroba, Turina y muchos más), vemos cómo la guitarra boliviana recibe el aporte de Álvarez Veizaga con ávido interés y valoración.






















































































