Un Centro Cultural de Santa Cruz que lleva desde hace 15 años el apellido de «Plurinacional» era una gran oportunidad de pensar este concepto dictado por la CPE, pero desde las artes, por un lado, y desde la apertura a las diferentes manifestaciones culturales, por el otro. ¿Pues qué produce un centro cultural? ¿Para qué sirve? No es su misión producir agendas culturales mensuales, ya que ese es un medio para un fin. En realidad, lo primero es que sirve para generar vínculos humanos, ampliarlos y profundizarlos mediante formas de reunir a los individuos que no se logran desde la política, ni del deporte u otras. El centro cultural siempre se debe a la ciudad en la que está emplazado y puede operar al interior de varios territorios interconectados: barrio, zona, ciudad, región, país.
Pero no se trabaja en un centro cultural con presupuesto del Estado para hacer programación de eventos culturales simplemente, sino que el Estado les paga a los funcionarios —con ítem a tiempo completo— para que se rompan la cabeza y piensen en formas de hacer más óptima la gestión, no para que se pregunten cómo puede una actividad ayudar más a la propaganda política del gobierno de turno. Un criterio, por ejemplo, podría ser que las acciones respondan a suplir fallas de la escena: véase el caso de la escasa bibliografía que existe para estudiar las artes escénicas de Santa Cruz, o la virtual inexistencia de manuales de gestión cultural desde espacios locales de Bolivia, o la falta de publicaciones actuales sobre artistas referenciales de la región, como Herminio Pedraza, Olga Ribera, Roberto Valcárcel, o de otras presencias patrimoniales en la ciudad. Es decir, un criterio podría ser invertir recursos y programar actividades para la producción de archivo, escritura de la historia local de las artes, lo cual es enriquecimiento de la memoria institucional.
Esta búsqueda de criterios está estrechamente ligada a la vocación de cada institución cultural. Pero un problema que afrontó el CCP fue su incompletitud de infraestructura, que lo mantuvo siempre imaginando lo que sería en el futuro por venir. El gestor cultural Marcelo Araúz, que fue uno de los promotores para que el Banco Central decidiera destinar el abandonado edificio del Banco Boliviano Americano para usarse como un centro cultural para Santa Cruz, nos hace reflexionar sobre el hecho de que el CCP no tiene una gran colección que custodiar.
«La Fundación del Banco Central de Bolivia siempre estuvo más concernida con la custodia de los grandes patrimonios, como los de Casa de Moneda, MNA, MUSEF, ABNB, Casa de la Libertad… En Santa Cruz no había un patrimonio así de grande. Se trató de recuperar una pequeña colección de un pueblo indígena que se llevaron a Dinamarca, pero no se pudo. Y así, no teníamos nada de la FCBCB en Santa Cruz, y era extraño, siendo la ciudad de mayor crecimiento del país. Llegamos a plantearle al directorio, junto a Alcides Pareja, que hacía falta en Santa Cruz mayor infraestructura para las artes, especialmente para el teatro y la música que tanto gusta aquí a los cruceños».
Hubo la voluntad política de refuncionalizar una infraestructura dependiente del Banco Central, pero se quedó a medias el proyecto general. Si estuviera construido en su totalidad, el CCP representaría casi 700 m² de espacios equipados para diversas actividades culturales. Pero desde su apertura en 2009 —con el nombre de Centro Cultural Santa Cruz—, ha funcionado solo con la primera etapa de trabajos concluida, habiendo quedado toda la gran parte posterior del predio (que da a la calle Independencia) pendiente de su construcción, es decir, el área donde debía haber un teatro para 450 personas, una fosa de orquesta, cafetería, biblioteca y un parqueo de vehículos.
La segunda fase no se llegó a construir hasta la fecha, ni se iniciaron nunca los trabajos, debido a problemas de orden legal que mantuvieron con la casa colindante a la construcción. Araúz recuerda el problema:
«Había unos metros cuadrados que no coincidían entre los planos del Banco Central y lo que estaba inscrito en la Municipalidad. Por eso, aquello no pasó de ser un anteproyecto del teatro. Qué pena que la Alcaldía, siendo cruceños… Uno estaría feliz de que en Santa Cruz haya un nuevo teatro… Capricho de la Alcaldía y flojera de la gestión de la FCBCB. En su momento llegaron a tener dos millones de dólares en su cuenta para este teatro, pero las cosas del Estado son así».
¿Qué dice al respecto la actual dirección del CCP?
Dado que los procedimientos burocratizados de esta gestión no facilitan una conversación más abierta, interpelamos al actual director, Edson Hurtado, mediante nota escrita a inicios de este año, invitándolo a conversar e informar en nuestro programa de radio «Misceláneas culturales» sobre estos temas de interés de la ciudadanía, particularmente de artistas, gestores, colectivos, compañías teatrales y agrupaciones musicales. Además, porque los funcionarios públicos tienen la obligación de gestionar los recursos con transparencia, socializando a la ciudadanía. Curiosamente, su respuesta fue acogerse al silencio. Tampoco el CCP publica ninguna información oficial sobre las gestiones para sanear el tema de la segunda fase y lanzar de nuevo una convocatoria para el proyecto de construcción. Esperamos que, a partir del cambio de gobierno, en una transición que seguramente provocará cambios en las instituciones culturales dependientes de la FCBCB, esta situación de silencio pueda revertirse más bien hacia la total transparencia y apertura a la comunicación con los actores del medio que no compartían la misma ideología política.
La importancia de los espacios teatrales en Santa Cruz
Por: Jorge Calero
La importancia de espacios escénicos, salas de teatro, no es para que haya mayor cantidad de obras, sino más bien para que las obras puedan tener mejores temporadas, crear un público y que la obra gane potencia a nivel estético, actoral, escenográfico y de producción.
Históricamente es improbable desprender la relación espacio escénico y movimiento teatral; sin el primero, el segundo no puede existir. Es imposible pensar en el éxito de Enrique Alfonso (que llenaba temporadas con funciones de 800 personas) sin la existencia del Cine Teatro Mau Mau. O improbable pensar que Casateatro haya cumplido 35 años como grupo si no hubiera tenido su sala en el Museo de Historia de la UAGRM. O la importancia de las nuevas propuestas escénicas que surgieron en 2015 al momento de la apertura del Snack Tía Ñola.
Los espacios públicos hoy son insuficientes para el teatro cruceño, y no solo por un tema de cantidad (ahí no radica solo el problema), sino por la total falta de diálogo con el artista, la falta de conocimiento sobre el arte teatral. Por un lado, muchos espacios públicos, como el CCP o el Museo de Historia (que tiene la sala Ex Casateatro), no están dispuestos a abrir los fines de semana por razones netamente burocráticas. Un error total, pues en nuestra experiencia de 10 años moviendo teatro y 4 con una sala propia, la mayor afluencia de público llega el sábado o domingo. Además, estos espacios no asumen su compromiso con equipamiento técnico, también por temas presupuestarios, pero entonces los grupos deben alquilar luces, dimmers y/o técnicos para el montaje.
Por otra parte, tenemos a la Casa de la Cultura y el Paraninfo, que están abarrotadas de actividades sin ningún tipo de discriminación: puede haber desde un ballet de colegio hasta una ceremonia de bachilleres. Los festivales de teatro secundados y las temporadas profesionales reducidas a 1 o 2 días. Esto reduce la calidad de un espectáculo que quisiera invertir en un montaje de escenotecnia más arriesgado o en un sistema de producción de mayor inversión. ¿Para qué lo hará si no se puede tener la sala más que 2 días?
Por último, creo que me es importante mencionar la carencia de apoyos de parte de la Secretaría de Culturas y Turismo a los espacios independientes. Ciudades como Buenos Aires o Bogotá cubren un porcentaje del mantenimiento de salas independientes, pero sin ir demasiado lejos, La Paz con el FOCUART tiene destinado a los espacios fondos para su equipamiento. Salas como El Gallinero, El Búnker, Casagrito son algunas que han sido beneficiadas con ello, y podemos ver una mayor calidad de equipamiento técnico que mejora los espectáculos. Pero, lo que es peor, un espacio autogestionado no solo no recibe ningún tipo de apoyo por la Alcaldía de Santa Cruz de la Sierra o Gobernación o Ministerio de Culturas, sino que tampoco puede realizar eventos subvencionados por la alcaldía en sus instalaciones. En dos festivales a nosotros se nos ha dicho que las funciones tienen que ser en los espacios que le pertenecen a la alcaldía. En otras palabras, un espacio autogestionado no tiene forma de recibir ningún tipo de apoyo de la alcaldía.























































































