La difusión de unos tuits publicados en la cuenta de Twitter, ahora X, del candidato a la vicepresidencia Juan Pablo Velasco de la alianza Libertad y Democracia (Libre), ha generado una gran polémica a menos de tres semanas de la segunda vuelta de las elecciones generales. Aunque gran parte del debate se centra en verificar la existencia de los comentarios y en la negación de Velasco, un panel de analistas entrevistados por La Razón señaló que este hecho tiene un trasfondo histórico que aún persiste en la actualidad.
El periodista y escritor Fernando Molina, señaló que esta distinción de clases y razas que fue perpetuada por escritores como Gabriel René Moreno. “En sus escritos él escribe que la identidad cruceña de esa época se consideraba superior por su blanquitud, porque era muy parecida a la de España, a diferencia de lo que él consideraba el Alto Perú, que tenía un mestizaje con los indígenas que no se parecía no se parecía a Europa”, explicó.
Percepciones
El periodista cruceño Gerson Rivero, distinguió tres formas de discriminación existente en ese departamento: racismo, clasismo y regionalismo. El primero constituye una creencia en la superioridad o inferioridad de un grupo étnico o racial, que lleva a la discriminación. El segundo, establece una diferencia de privilegios en relación al nivel socioeconómico de una persona o grupo y el último responde a una práctica de favorecer a ciertos grupos por su origen geográfico o regional. Este último, se ha visto de forma frecuente en la rivalidad de “cambas contra collas”.
Mientras que el escritor y ensayista Carlos Macusaya señala que los tuits de Velasco, deben pasar por un análisis del contexto en el que fueron publicados. “Ubico las publicaciones, más o menos, marcadas por un escenario de alta confrontación con fuertes elementos racistas durante la Asamblea Constituyente. En ese momento esto no se trataba simplemente de un individuo, sino que respondía a un criterio un poco general y compartido entre varios sectores”, acotó.
Migración
Con el paso del tiempo se asumió que estas diferencias entre el oriente y occidente habían sido superadas. Según Rivero, en la actualidad Santa Cruz está habitada por una mayoría migratoria que equivale al 70% del total de la población. “¿Cómo puede ser Santa Cruz racista siendo la ciudad más cosmopolita de Bolivia?”, cuestionó.
Según Rivero, la transmisión de discursos de odio se debe a una necesidad de integrarse a un discurso predominante. “Muchos de los discriminadores son hijos de migrantes. Son nietos de migrantes o son nacidos en otros departamentos del occidente y llegan acá a Santa Cruz. Tienden a integrarse al discurso predominante, alimentados por los medios de comunicación que promueven la idea de una Santa Cruz blanca, alta, blanco y que habla inglés”, manifestó.
Señaló también que una evidencia de dicha migración es la llegada de Johnny Fernández a la alcaldía de la ciudad. A su criterio, Fernández consiguió dicho puesto gracias a un voto oculto que antes votaba por el Movimiento Al Socialismo (MAS). “Un voto inmigrante decidió votar por Johnny Fernández y logró hacerlo alcalde en contra un oponente que tenía un discurso más radical”, afirmó.
Lea también: Dorgathen dice que deja al próximo gobierno un escenario distinto al que recibió
Racismo a la inversa
Un tema de debate entre sectores sociales, es la existencia de un “racismo a la inversa”. Al respecto, Molina y Macusaya enmarcaron una diferencia entre estos y los discursos de odio.
Ambos coincidieron que, la revisión histórica muestra una denigración por razones étnico-raciales, que “inferioriza” a ciertos grupos de la población. Por lo tanto, estos discursos están articulados a un orden estructural que diferencia posiciones de clase, ubicaciones institucionales y capacidad de movilización de recursos. Lo cual hace que estos discursos de odio no tengan la misma incidencia en la sociedad.
“Las expresiones de racismo no se dan en una horizontalidad. Cuando se trata de agresiones entre personas que vienen de distintos estratos, tiene efectos de poder distinto. Tranquilamente, alguien de origen indígena puede denigrar a la élite paceña, pero ¿Cuál es el efecto de poder que eso tiene? En ciertas circunstancias le pueden dar cobertura como para descalificar al movimiento indígena. En cambio, la agresión de alguien de la élite puede ser validado como un racismo legítimo, porque nunca es un elemento aislado”, señaló Macusaya.
Repercusiones
Según Molina, algo positivo que ha generado la polémica es crear cierta conversación para una parte de la opinión pública que disminuía los problemas del racismo y vinculaba este discurso al partido oficialista. “Ha ocurrido que gracias a esta nueva polarización en la cual no está incluido el MAS, algunas personas están hablando por primera vez del racismo. Eso me parece interesante y espero que no se acabe con la fiebre electoral”, apuntó.
Finalmente, Carlos Macusaya plantea tres aspectos profundamente relacionados a la repercusión de este hecho: indagar el origen histórico de estos discursos, el efecto que tiene este pensamiento en distintos sectores de la sociedad y afrontar los cambios estructurales que podría traer la erradicación de estas percepciones.





















































































