Para estas elecciones el Tribunal Supremo Electoral ha registrado 18 empresas encuestadoras. Se puede deducir que entraremos en una guerra que incluirá batallas de datos estadísticos.
Es la primera vez que asistimos a una elección donde existirán más empresas encuestadoras que candidatos. Haciendo un cálculo modesto, tendremos una encuesta de fuente diferente cada cinco días, sin contar con que haya algunas empresas que hagan más de una encuesta.
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Ninguno de los análisis políticos podrá prescindir de lo que digan los sondeos; tampoco lo harán los medios de comunicación. Lo lógico es pensar que el debate va a girar en torno a estos múltiples resultados. Se hará efectiva la frase “el dato mata relato”, pero ¿qué dato?
El premio Nobel de Economía 2002, Daniel Kahneman, laureado por haber incorporado el estudio de la psicología en los comportamientos económicos, en su libro “Pensar rápido. Pensar despacio” (2011), muestra que entre los sesgos cognitivos está la tendencia a seguir el principio de mayoría; por eso se explica la existencia de las modas y los productos de mercado.
La expresión «jump on the bandwagon» (subirse al carro) se popularizó durante la campaña presidencial de 1848 en EEUU. El fenómeno da pie a lo que luego en filosofía se conoce como la falacia de la popularidad o falacia del vagón, que consiste en la afirmación de que algo es mejor, verdadero o bueno porque es mayoritario.
Podemos pensar que varias de estas encuestadoras se inclinarán por alguno de los candidatos, o que el margen de error generará resultados diferentes entre una y otra medición. Una fiesta para las campañas de contraste.
Uno de los hombres más ricos de Bolivia, Marcelo Claure, pagó una encuesta para poder influir en la opinión pública, “la encuesta más grande hecha en Bolivia”, dijo. Tuvo al sistema político dando vueltas sobre ello durante semanas.
Muchos cuerpos de poder se tomaron el trabajo de habilitar a encuestadoras: la carrera de Ciencias Políticas de la UPEA, por ejemplo. ¿Será bueno tener una casa de estudios que se dedique a generar tendencias? ¿Tiene la misma validez cualitativa una empresa que tiene 10 o 20 años haciendo encuestas que sacar a estudiantes a la calle a hacerlas (por mucho que estos estudien políticas)?
Los riesgos están allí. Una guerra de números puede ser muy confusa para el votante. El Tribunal Electoral ha creado un mecanismo para registrar las encuestadoras pensando en evitar la manipulación de los datos y así mejorar la información al votante. Pero, hecha la ley, hecha la trampa. Es bastante evidente que en Bolivia no hay 18 firmas encuestadoras con una amplia experiencia de trabajo en área. Así que el TSE debió de aplicar la norma de forma más cuidadosa, exigiendo una experiencia en el área. Las encuestas influyen y hoy quienes quieren influir deben disponer de una empresa encuestadora, más allá de si es trucha, al igual que pasa con las siglas políticas.
(*) Susana Bejarano Auad es politóloga y periodista
















































































