Bajo el título genérico de Cultura, política y diplomacia, la distinguida gestora cultural Flor María Muñoz Bañales, condesa Gambirasio d’Asseeux, presenta en París un texto testimonial de las actividades que durante muchos años despliega con inusitado dinamismo en la promoción de tareas culturales y artísticas gestadas por hombres y mujeres que, nacidos en países latinoamericanos, con sus producciones proyectan la imagen de sus naciones en Europa y particularmente en Francia. Oriunda de Panamá, Flor María, desde sus años mozos, emigró al viejo continente donde junto a su esposo fundó su familia que felizmente le deja tiempo para dedicar benévolamente su pasión por dar a conocer los valores culturales hispanoamericanos.
En los últimos años, la diplomacia como el arte de vincular a los Estados entre sí, ha dado paso a lo que se ha venido en llamar la diplomacia cultural. Es decir, el uso de acciones como elementos que forjan la cultura para lograr objetivos de los vínculos bilaterales y también multilaterales, sean estos de promoción de la imagen nacional o regional o fortalecimientos de lazos fraternales entre los pueblos. Aparte de los funcionarios estatales que se ocupan de esas tareas por obligación profesional, son pocos los operadores que lo hacen por vocación y por espíritu altruista cuyo mejor ejemplo puede encontrarse en Flor María.
Por ello, que hubiese recogido en un libro el acopio de sus experiencias personales es altamente encomiable para comprender la relación a veces difícil con las burocracias oficiales que entraban el flujo de las labores netamente voluntaristas. La autora recorre sus memorias de organizadora, promotora y ejecutora de varios eventos ocurridos primero en su nativa Panamá, luego en Limoges y por último en París, la capital cultural del mundo. Un acontecimiento singular como ejemplo es el Encuentro de Literatura Hispanoamericana, que anualmente se reúne en París, donde poetas, autores y narradores alternan sus obras ante un público ávido de aprender los nuevos giros operados en la lengua de Cervantes.
Flor María no solo cuenta sus logros positivos, sino también los tropiezos que tuvo que vencer en algunas ocasiones debido a los inefables egoísmos políticos o a aquellos atisbos de provincialismo inmaduro que afloran donde uno menos espera.
Todo el recuento de su trayectoria como eximia promotora cultural tiene el mérito de ser relatado en primera persona con la genuina integridad que destella la personalidad de Flor María, que une a su innegable talento aquella desbordante simpatía que es la suya y el envidiable dinamismo con que nutre toda actividad que emprende.
Por mi parte, debo añadir que parecidas ejecutorias tuve que sobrepasar en las seis embajadas que estuvieron a mi cargo, algunas con la colaboración de agregados culturales que no siempre están equipados con el entusiasmo y entrega total a la cooperación colectiva como la obra que comentamos.
El libro Cultura, política y diplomacia, que tengo el alto honor de prologar, enlaza esos tres elementos enfrentados a la acción en el terreno. Valiosa experiencia que servirá a quienes quieran seguir una vocación indudablemente útil en la sociedad actual.
Carlos Antonio Carrasco
es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia

















































































