Hace poco reanudé correspondencia con el escritor español José Luis Gómez-Martínez, quien en la década de los ochenta estuvo por Bolivia realizando entrevistas a varias personalidades de la época y visitando repositorios. El resultado de esa visita fue la publicación del libro Bolivia: un pueblo en busca de su identidad (La Paz: Los Amigos del Libro, 1988), que es una síntesis de los grandes procesos políticos del siglo XX, la cual se encuentra separada por dos sucesos significativos de la historia contemporánea: la Guerra del Chaco (1932-1935) y la Revolución de 1952. Estos acontecimientos sociopolíticos fueron desentrañados por la intelectualidad boliviana a través de la literatura, la ensayística y el arte, material que fue cuidadosamente analizado por Gómez-Martínez.
En una de sus misivas, el profesor Gómez-Martínez me comentó que le hice recuerdo sobre su libro publicado hace ya tantos años: “Su lectura me hizo recordar aquellas visitas a Bolivia que tanto me enseñaron. Salgo ahora de viaje a Europa, pero a mi regreso (…) voy a revisar mi extensa correspondencia con Guillermo Francovich (…)”. Luego de un tiempo, volví a escribir al catedrático Gómez-Martínez para recordarle si reviso su archivo personal.
La respuesta que recibí fue desoladora: “Hace ya un año —escribe José Luis Gómez-Martínez— que comencé a desprenderme de mi extensa correspondencia académica y profesional. Y hace apenas un mes que destruí, entre otros, mi nutrida correspondencia con Guillermo Francovich. A la biblioteca [de la Universidad de Georgia] no le interesaba, pues no posee un espacio abierto para este tipo de correspondencia. No sé cómo es en estos momentos en Bolivia, pero aquí, aunque se sigue publicando más que nunca el libro impreso, las bibliotecas universitarias dan énfasis al texto digital”.
Sobre este fenómeno cultural de la segunda década del siglo XXI, Gómez-Martínez pone un ejemplo ilustrativo: “Yo tengo los números completos de una revista de filosofía española que la biblioteca de la Universidad de Georgia no posee en forma impresa. Me puse en contacto para ofrecerles mi colección y me dijeron que ellos poseen la subscripción digital, que los profesores y alumnos prefieren consultar la versión digital y que en sus depósitos no disponen de más espacio. Estamos en verdad entrado en un nuevo mundo en el que comienza a dominar la comodidad y rapidez de la consulta en línea”.
Esta devastadora noticia sobre la destrucción de la correspondencia personal entre el investigador Gómez-Martínez y el filósofo boliviano Guillermo Francovich es una gran pérdida sobre las impresiones íntimas de Francovich. Ya que el género literario epistolar —poco estudiado en Bolivia— contribuiría a una mejor comprensión sobre la vida y obra de una de las personalidades más influyentes de la cultura boliviana del siglo pasado.
También se hace evidente lo que indica el profesor Gómez-Martínez, que en la actualidad estudiantes de todos los niveles y grados utilicen de manera frecuente páginas electrónicas. Esta situación precipitó a que las bibliotecas clásicas queden obsoletas y desérticas por la escasa afluencia de lectores. Al ritmo acelerado que va marchando la sociedad, el mundo de los libros físicos transita a un segundo plano, donde cada vez se va imponiendo el uso de bibliotecas virtuales y libros digitales. Esta fascinación por lo digital está caracterizada por la comodidad, el poco esfuerzo y sobre todo la rapidez.
El debate está abierto, entre aquellos que tienen miedo de que el libro digital sustituya al impreso o aquellos que piensan que los libros impresos perdurarán por su larga tradición histórica.















































































