En 1871, Carl Menger publicó Principios de economía política, una obra que cuestionaría la teoría del valor-trabajo predominante en su época. Dicha teoría sostenía que el valor de los bienes materiales derivaba directamente del tiempo de trabajo (socialmente necesario) invertido en su producción. Menger sustituyó esta teoría por un nuevo enfoque: el valor de los bienes surge de su escasez relativa frente a las necesidades humanas y de la utilidad marginal que proporcionan. Es decir, la satisfacción que otorga cada unidad adicional de un bien disminuye a medida que aumenta su consumo.
Estas ideas sentaron la base de la teoría económica que consagró las leyes del mercado. Según dichas leyes, el valor de un bien —medido a través de su precio— aumenta cuando escasea y disminuye cuando abunda. Así, la escasez dejó de interpretarse como un fenómeno meramente material para entenderse como un factor psicológico vinculado a la percepción de la utilidad. Esta reflexión cobra relevancia ante la reciente caída del precio del dólar en el mercado paralelo que llegó a situarse por debajo de Bs 14. Para comprender las causas de esta tendencia bajista, es necesario analizar los fundamentos que rigen la dinámica de los mercados.
Bolivia atraviesa un prolongado desorden cambiario de casi dos años impulsado por la escasez de divisas. Durante este tiempo se registraron tres episodios de ataques especulativos sobre las divisas, lo que ha ampliado la brecha cambiaria hasta superar el 100% de devaluación de facto. El origen estructural de esta escasez se encuentra en el déficit comercial del sector privado, que históricamente se había financiado con reservas internacionales. Esta situación se ha visto agravada por la autorización del uso de plataformas virtuales con criptomonedas, las cuales han facilitado las transacciones financieras con el exterior sin requerir dólares físicos. No obstante, esta medida ha creado una nueva fuente de exposición cambiaria que escapa al control de las autoridades, al operarse a través de plataformas digitales fuera del sistema financiero tradicional.
Esta leve caída del dólar podría interpretarse como una señal alentadora, sugiriendo el fin de la crisis cambiaria y un posible retorno al tipo de cambio oficial de Bs 6,96. No obstante, se trata de una ilusión peligrosa: los fundamentos económicos actuales no respaldan ninguna recuperación sostenible del boliviano frente al dólar. Por el contrario, las condiciones estructurales que generaron la depreciación permanecen intactas.
El Banco Central ha perdido su capacidad para determinar el tipo de cambio. Hoy, son los mercados virtuales, callejeros y electrónicos los que establecen su valor, pero bajo dinámicas que no responden a las tradicionales leyes del mercado. Los librecambistas ya no basan sus precios en la disponibilidad real de divisas, sino que siguen los indicadores de las plataformas digitales. En el ámbito cripto, la valoración del dólar tampoco responde a su escasez real, pues trata de un mercado con capacidad de creación ilimitada del dinero digital. Es crucial precisar que los USDT (dólares emitidos por la empresa de criptoactivos Tether) no son dólares físicos, sino representaciones virtuales respaldadas por dólares verdaderos que sí son escasos y que su emisor se compromete a mantener la paridad, aunque para ello se valgan de prácticas financieras de dudosa verificación. En tal sentido, en estos mercados los dólares son infinitos y su utilidad irrelevante porque su propósito no es precisamente actuar como medio de cambio entre bienes, sino de acumulación y rentabilidad financiera, por tanto, su precio tampoco responde a las leyes del mercado.
Esta reciente caída del dólar en el mercado paralelo es un acto meramente especulativo, digno de quienes tratan de lanzar falsas señales al mercado haciendo creer que su precio continuará bajando cuando no lo es. ¿Por qué lo hacen? En un mercado especulativo, las leyes de demanda y oferta no se cumplen de la forma esperada. La baja artificial del precio del dólar podría exacerbar la escasez al estimular una mayor demanda especulativa de agentes que anticipan futuras alzas. Los tenedores de divisas podrían retener sus dólares, esperando mejores condiciones de venta. El transfondo de esta situación se vincula claramente al contexto electoral y al persistente riesgo devaluatorio que históricamente ha derivado en episodios de inestabilidad monetaria.
Para lograr una estabilización cambiaria genuina —que frene el alza descontrolada del dólar— se necesitan medidas estructurales que trasciendan los episodios especulativos. Urge: corregir el déficit crónico de la balanza comercial, reformar el régimen cambiario para recuperar la capacidad de intervención del Banco Central y crear un fondo de estabilización que proteja la moneda ante futuras turbulencias. La transición requiere que la población internalice progresivamente la volatilidad cambiaria, superando lo que Guillermo Calvo denominó “el miedo a flotar”. Este proceso de adaptación será gradual, pero impostergable. Mientras estas condiciones no se cumplan, la estabilidad cambiaria seguirá siendo una quimera.
Omar Rilver Velasco es habitante del Kollasuyo, Yatiri económico y promotor del Vivir Bien.

















































































