En medio de tanta incertidumbre económica, política y social, repensar el rol del capital ya no es una opción, es una necesidad. Cuando el contexto es inestable, el capital que se mueve con dirección cobra más valor que aquel que simplemente espera.
El venture capital, modelo de inversión en empresas altamente innovadoras, hoy atraviesa una etapa de redefinición. Invertir en crecimiento sigue siendo importante, pero no basta. Lo que vemos en la región —y también en Bolivia— es una búsqueda cada vez más clara de impacto, propósito y soluciones concretas frente a los grandes desafíos que enfrentamos.
A nivel global, los family offices —estructuras creadas para gestionar y hacer crecer patrimonios familiares—se han convertido en un actor importante dentro del capital de riesgo, ya que han comenzado a redirigir su capital hacia inversiones con propósito. Según datos recientes, más del 30% del capital que financia startups en el mundo proviene de estos fondos. Y no lo hacen solos: el 83% de sus inversiones son co-inversiones estratégicas. Además, el 39% prioriza proyectos enfocados en sostenibilidad, salud, educación o inclusión financiera. Esto refleja una nueva lógica de asignación de capital, que deja atrás los sectores tradicionales para transitar hacia una estructura más colaborativa, conectada con las personas y enfocada en el largo plazo.
En Bolivia, si bien el ecosistema de venture capital es aún emergente, hay señales claras de avance. Según el último informe de BOCAP, entre 2022 y 2023 se registraron las mayores rondas de inversión en el país, con startups que lograron levantar entre uno y dos millones de dólares, incluso en medio de un contexto regional adverso.
Pero también enfrentamos desafíos importantes. El mismo informe señala que el 76% de las startups bolivianas opta por constituirse legalmente en el extranjero. ¿La razón? Aún no contamos con un entorno que brinde seguridad jurídica, reglas claras y condiciones adecuadas que hagan más ágil y confiable la inversión local.
No se trata solo de atraer capital, sino de crear un ecosistema donde ese capital quiera quedarse, crecer y multiplicarse en el país.
Redirigir el capital, entonces, no es solo una cuestión financiera; es una invitación a invertir diferente. A apostar por modelos de negocio que combinen impacto y escalabilidad. A confiar en el talento local y en la capacidad de construir soluciones desde Bolivia hacia el mundo. Es también una estrategia inteligente de diversificación de portafolios: una arquitectura de inversión que combine activos tradicionales con un portafolio creciente de startups de alto potencial.
Éste será justamente el enfoque de la conferencia “¿Hacia dónde dirigir el capital en tiempos de turbulencia?”, que ofrecerá Santiago Tamayo, presidente de Family Office Network Latam. La conferencia se llevará a cabo en el marco del VCILAT 2025, que tendrá lugar del 9 al 11 de julio en Santa Cruz de la Sierra.
Una conversación clave para quienes creemos que el capital tiene un rol mucho más transformador del que a veces le atribuimos.

















































































