De los intentos de sátira política televisiva en Bolivia, tal vez el más memorable fue el que lleva el mismo nombre de esta columna. “Esta Boca es Mía”, producida por Beto Barragán y protagonizada por Giovanna Chávez, David Santalla y otros, tuvo 3 recordados períodos, en Red Uno (entre 1996 y 1997) en ATB (en 2002 y 2014) y en Bolivisión (2006 a 2008). Quien escribe estas líneas hacía guiones, además de una caracterización del compadre Carlos Palenque y varias otras voces para los muñecos de látex que, con la inspiración del clásico inglés “Spitting Image”, se mofaban de los principales personajes de nuestra nunca aburrida política. Goni, Jaime Paz, el general Banzer y varios otros eran parodiados semana tras semana, todos los domingos a las ocho de la noche.
Pero no todo fueron risas. En determinado momento, algunos integrantes de la producción notaron que los seguía un auto de vidrios polarizados, con dos ocupantes que, siempre con lentes oscuros, no ponían mucho empeño en esconderse, como para dejarse ver y así dejar un mensaje. Primero, nos pidieron amablemente a los guionistas que bajáramos el tono. Luego, varios guiones comenzaron a ser rechazados por “órdenes de arriba”. El nombre del ofendido político que llamó al canal ya no vale la pena recordarlo; fue mi primer contacto con la censura.
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Casi 30 años después, la sátira política no necesita de la televisión para ser parte de nuestro día a día. El meme, el gran lenguaje de síntesis de nuestros tiempos, surge casi de manera espontánea en las redes con cada intervención desubicada de una autoridad pública, cada declaración desafortunada de nuestros políticos, cada evento con un mínimo de influencia cultural. Videos modificados en minutos, retoques con Photoshop y talentosas caracterizaciones de voz nos sacan sonrisas en el TikTok y viajan a través de miles de reenvíos vía WhatsApp.
Reírnos del poder es un derecho y cuando la situación se pone crítica, casi una obligación. Aristóteles reconocía a la comedia como “un género que imita a hombres peores que el promedio, no para dañarlos sino para provocar risa y reflexión”. Umberto Eco se refería a la parodia como “un instrumento cultural de resistencia”. Es el contrapeso del que la sociedad goza y la forma que tiene de cuestionar a quienes ocupan cargos de jerarquía, no importando si el poder es político, económico, o incluso religioso. Actualmente, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos reconoce a la sátira política como un derecho protegido por el artículo 10 del Convenio Europeo. Incluso cuando es ofensiva o provocadora, la sátira forma parte de la libertad de expresión protegida: este enfoque jurídico defiende a la parodia como un elemento esencial para el debate democrático, que debe gozar de un alto nivel de protección frente a la censura estatal.
Quién le pudiera decir esto a Jimmy Kimmel, conductor de televisión y comediante estadounidense quien, hace unas horas nada más, acaba de sufrir la cancelación indefinida de su programa casi por órdenes directas de Brendan Carr, presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (en inglés, FCC). Él declaró: “Podemos hacer esto por las buenas o por las malas. Estas empresas pueden encontrar formas de cambiar su conducta, de tomar medidas, francamente, contra Kimmel, o ya saben, la FCC tendrá más trabajo que hacer”. Al parecer, Jimmy Fallon y Seth Meyers son los siguientes en la lista, después de que a Stephen Colbert le comunicaran hace un mes, desde CBS, que no le renovarán para una nueva temporada.
Ese es el problema con la comedia, que incomoda al poder y no se puede contraargumentar. Si algo te hace reír, te hizo reír y listo. La única forma de reaccionar adecuadamente es hacer un chiste mejor, más gracioso, pero aun así, nadie pierde, todos salimos ganando porque todos reímos.
Hoy en día, con tanto aspirante a “influencer” (léase generador de contenido), es bueno recordar que uno de los precios que se paga por ser “figura pública” es justamente el de pasar a ser, probablemente, motivo de mofa. Que se lo pregunten a algunos futbolistas que nos han dejado memorables frases como “a medida que uno va ganando cosas, se hamburguesa» (del proletario y nunca aburguesado Carlos Tévez) o a Nelson Pedetti, mediocampista uruguayo, quien dijo haber hecho un gol “de odontología”.
Personalmente, yo gustaba mucho de leer los periodiquitos de Alasita. Gustaba, digo, porque cuando ciertos políticos nos comenzaron a gobernar haciendo comedia no intencionada en el día a día, le ganaron por goleada a los guionistas de las mencionadas publicaciones. ¡No se puede competir con la realidad!
(*) Martin Diaz Meave es publicista y comunicador estratégico















































































