Bolivia atraviesa una crisis multidimensional que abarca desde el déficit fiscal hasta la paralización institucional, configurando lo que algunos analistas califican como el momento más complejo de la democracia boliviana. La escasez de combustibles, la falta de dólares y el deterioro de la gobernabilidad han puesto al país en una encrucijada que demanda respuestas urgentes y estructurales.
José Luis Lupo, candidato a vicepresidente que acompaña a Samuel Doria Medina en la fórmula de la alianza Unidad, trae al debate político una vasta experiencia acumulada en cinco gestiones a cargo de ministerios del Estado boliviano y más de dos décadas de trabajo en organismos internacionales, incluido su paso por el Banco Interamericano de Desarrollo y CAF. Su trayectoria profesional lo posiciona como uno de los técnicos con mayor conocimiento del aparato estatal boliviano.
Las elecciones del 17 de agosto próximo representan, según diversos sectores políticos, una de las citas electorales más determinantes de la historia democrática del país. En juego no está solo el relevo del oficialismo, sino la posibilidad de revertir lo que muchos consideran un proceso de deterioro institucional y económico que amenaza la estabilidad social. La fragmentación política y la ausencia de mayorías claras en la Asamblea Legislativa Plurinacional añaden complejidad al escenario postelectoral.
En entrevista exclusiva con Animal Político, de La Razón, Lupo expresa su diagnóstico sobre la gravedad de la situación boliviana, comparando al país con «un paciente en situación de terapia intensiva donde tenemos una hemorragia que si no la paramos el paciente se muere». Su propuesta articula una agenda anticrisis en tres etapas, un cambio radical de modelo económico hacia el libre mercado, reformas institucionales profundas en el sistema de justicia y una reconfiguración del pacto autonómico que fortalezca la descentralización con criterios de eficiencia y transparencia.
Crisis sistémica y agenda anticrisis
Para Lupo, Bolivia atraviesa «la situación más complicada que hemos vivido en nuestra democracia», caracterizada por «una crisis económica, política, social, institucional, moral de todo tipo». El diagnóstico del candidato a vicepresidente va más allá de los síntomas visibles. «La subida del dólar, la falta de combustibles, el crecimiento de los precios, lo que no alcanza el presupuesto familiar en los mercados son los síntomas de la crisis, la verdadera crisis está en el sector fiscal», sostiene.
Los números que maneja son contundentes y remarca que «tenemos un déficit de casi 12% en el sector público, durante los últimos ocho años hemos gastado mucho más de lo que ingresaba, gasto superfluo, creación de empresas innecesarias, engordamiento del Estado». Esta situación, según su análisis, requiere «un antibiótico potente para curar la infección» y justifica lo que denomina una «agenda anticrisis».
La propuesta de Lupo se estructura en tres etapas claramente diferenciadas. La primera, que califica como la más urgente, consiste en «estabilizar la economía, es decir cortar el déficit en lo que se pueda ya en la ley financial y estabilizar la economía para que vuelvan los dólares, vuelvan los combustibles y paren de subir los precios». Esta fase inicial, que proyecta para los primeros cien días, incluye medidas específicas como el recorte del subsidio al diésel, que «se lleva cuatro puntos del déficit», y la creación de «un fondo de estabilización de al menos 5.000l millones de dólares» financiado con recursos de organismos internacionales.
La segunda etapa de la agenda anticrisis se enfoca en «recuperar el estado de derecho y la seguridad jurídica, lo que nos va a permitir mostrar que somos un país seguro para invertir». Esta fase busca restablecer la confianza institucional como prerequisito para la reactivación económica. «Necesitamos que vuelvan las petroleras, que vuelvan las empresas que exploran gas etcétera», explica Lupo, reconociendo que sin marcos jurídicos estables no es posible atraer la inversión extranjera necesaria para superar la crisis.
La tercera y última etapa representa el componente más ambicioso del plan. Se trata de «la reconstrucción del país a través de reformas estructurales en todas las áreas». Lupo enumera las transformaciones legislativas que considera indispensables: «la ley de hidrocarburos, la ley del litio, la ley del código de minería, el código tributario, todas las áreas para poder cerrar este ciclo estatista y centralista y abrir un nuevo ciclo que va a ser mucho más autonomista y liberal en lo económico». Esta fase final apunta a consolidar un cambio de paradigma que, según su visión, permitirá al país insertarse competitivamente en la economía global.
El desafío de la gobernabilidad
Consciente de las complejidades del sistema político boliviano, Lupo reconoce que la gobernabilidad será uno de los mayores desafíos. Admite que no se prevé que vaya a haber una coalición que pueda garantizar la mayoría de cincuenta por ciento más uno en la Asamblea Legislativa Plurinacional, pero confía en que la gravedad de la crisis generará consensos. «Una agenda anticrisis tiene que ser consensuada porque si no el país se hunde». advierte.
El candidato a vicepresidente no minimiza la presencia de actores políticos con capacidad de movilización, particularmente en referencia a Evo Morales. «Bolivia ya le dijo no por tercera vez a un personaje que no puede ser candidato que no puede participar que tiene que rendir cuentas a la justicia». Sin embargo, distingue entre protesta legítima y violencia. «Obviamente que va a haber protesta legítima, y tiene que haberla en democracia eso es un derecho, lo que no puede haber es ese tipo de protesta violenta que vulnere los derechos de los demás», asevera.
Reforma integral de la justicia
Uno de los temas más críticos en la agenda de Lupo es la reforma del sistema judicial. Su diagnóstico es lapidario al afirmar que «el Tribunal Constitucional Plurinacional fue creado para el control constitucional, no para gobernar a través de él». El problema, según explica, radica en que «la justicia se ha politizado, es la politización de la justicia y la judicialización de la política se ha utilizado como un instrumento del poder político».
La solución que propone implica «una reforma integral a la justicia en el marco de nuestra Constitución», que incluiría la conformación de «una comisión entre la academia, el Órgano Judicial, el Congreso y otros, para debatir profundamente una reforma integral de la justicia». El objetivo es claro: «devolverle la independencia, devolverle la autonomía que funcione transparentemente y que se administre correctamente».
Cambio de modelo económico
Lupo es enfático al señalar que «esta no es una elección cualquiera», sino «la elección más importante de nuestra historia democrática, porque estamos asistiendo ante el agotamiento de un modelo». El modelo que buscan reemplazar, según su caracterización, fue «estatista y centralista» y desperdició las oportunidades del superciclo de las materias primas.
«Ese modelo centralista y estatista debieron haber sembrado esos recursos en educación, en salud, en infraestructura, en todo lo que mejora la productividad del país», explica Lupo. «Nuestra productividad no se ha movido en estos 20 años, sigue tan mala como antes. Es más, ha empeorado», añade.
El nuevo modelo que propone se define como «un modelo de libre mercado, es un modelo pro empresa, pro emprendimiento, con rostro social». Este enfoque implica «quitar todos los obstáculos que el Estado le ha puesto al sector privado» y adoptar una perspectiva de «cara al mundo, que tenga acceso a la tecnología, al conocimiento, a los acuerdos de libre comercio».
Autonomías y descentralización
En materia de autonomías, Lupo reconoce tanto los avances como las deficiencias del proceso. «Deliberadamente y por incompetencia, con una suma de esas dos variables, se ha opacado la gestión pública para mantener la discrecionalidad», observa. Su propuesta incluye «un nuevo pacto fiscal» y lo que denomina «autonomías económicas», donde «todos los ingresos, a partir del 2026, coparticipen 50-50 con las regiones».
Esta descentralización vendría acompañada de herramientas tecnológicas para garantizar la transparencia. «Si tuviéramos digitalizado el Estado, en un blockchain, por ejemplo, se quedan grabadas cada decisiones de cada funcionario público».
Educación y universidad pública
Uno de los diagnósticos más severos de Lupo se refiere al sistema educativo. «Un niño de seis años que, en promedio, no entienda lo que leyó. ¿Qué diferencia hay entre un analfabeto y alguien que no comprende lo que leyó?», se pregunta. Su propuesta educativa se centra en «cuatro asignaturas fundamentales sobre las cuales se puede aprender cualquier cosa»: lectura, escritura, matemáticas y pensamiento crítico.
Además, propone introducir la materia de emprendedurismo “en los últimos años de secundaria”, reconociendo que «en Bolivia el sector formal apenas es un millón cien mil; de los 6,8 millones de empleos (que hay en Bolivia), el sector informal tiene 5,7».
Relaciones internacionales pragmáticas
En el ámbito internacional, Lupo defiende un enfoque pragmático. «Las relaciones internacionales no están guiadas por la ideología», afirma. Cita el ejemplo de Argentina bajo Javier Milei, que «ha dado unas señales muy poderosas de acercamiento con Estados Unidos» pero «también ha hecho una cantidad inmensa de relaciones con China, porque las necesita».
Para Bolivia, esto significa aprovechar oportunidades en todos los frentes. «Si China le interesa a Bolivia, venga China. Si Estados Unidos, venga Estados Unidos. Siempre que esté en el interés de nuestra nación». El único límite que establece es con «las dictaduras de Nicaragua, Venezuela y Cuba».
Un proyecto de centro político
Lupo define su propuesta para Bolivia como «un proyecto de centro político que conecta con la realidad nacional, que es un país plural, diverso y complejo; donde no se impone a la fuerza los temas, sino que se debe recurrir al diálogo democrático». Esta caracterización busca diferenciarse tanto del modelo estatista del MAS como de propuestas más conservadoras.
Con una experiencia que abarca décadas hasta su reciente trabajo en organismos multilaterales, Lupo se presenta como alguien que busca aportar con su conocimiento, su experiencia para construir un mejor destino para el país, con «mucha más experiencia, con mucho más conocimiento, con lecciones aprendidas y mejores prácticas que pude observar a lo largo y ancho de América Latina».
El candidato a vicepresidente concluye con una reflexión sobre los desafíos inmediatos. «El secreto en el próximo gobierno de Bolivia no está en el diseño de un programa de estabilización y de recuperación económica, está en la implementación». Una tarea que, según su diagnóstico, requiere no solo competencia técnica sino también la habilidad política para navegar en un contexto de crisis múltiple y polarización social.
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