La segunda vuelta electoral boliviana no fue simplemente una contienda entre dos candidatos y sus propuestas de gobierno. Fue, ante todo, una batalla de narrativas, una guerra de estados de ánimo y una demostración de cómo las campañas políticas modernas han aprendido a manipular percepciones más que a convencer con argumentos. Entre el miedo a la crisis económica, la herida del racismo, y la promesa de un cambio que nadie terminó de explicar claramente, Bolivia experimenta su primer balotaje en un clima polarizado y, paradójicamente, con menos esperanzas.
Para entender qué sucedió en esta segunda vuelta, Animal Político, de La Razón, conversó con dos expertos, quienes brindan análisis a profundidad y complementarios. Manuel Mercado y Carlos Saavedra son ambos comunicadores especializados en comunicación política. Sus perspectivas, aunque frecuentemente convergen, exponen distintas capas de complejidad sobre cómo se articuló la competencia electoral, desde los debates públicos hasta el trabajo invisible de terceros actores que operaban fuera del reflector oficial.
Ambos analistas coinciden en un diagnóstico fundamental: la campaña fue dominada por construcciones discursivas polarizantes, ausencia de propuestas coherentes, y una apelación sofisticada al voto indeciso a través de estados de ánimo más que de convicción política. Pero, además, revelan matices importantes sobre cómo cada candidatura intentó navegar una sociedad fragmentada, donde el desgaste del MAS, la crisis económica y las heridas raciales del país jugaron papeles determinantes.
Campaña en dos dimensiones
Según Saavedra, “la campaña ha estado marcada por construcciones discursivas que podrían leerse en dos dimensiones: una pragmática y otra política». En la dimensión pragmática, ambas candidaturas plantearon «un gobierno de emergencia que resuelva los problemas económicos», con «la lógica de plantear un cambio en la conducción económica del país» como fundamental.
Pero fue en la dimensión política donde emergió la verdadera batalla. «Se pensaba que el MAS y todas sus variantes desaparecerían tras la campaña de segunda vuelta, pero hay un eje de discusión política mucho más poderoso que un partido: dos visiones del país que se han plasmado en las corrientes discursivas», señala Saavedra.
Manuel Mercado complementa esta lectura, afirmando que «todas las candidaturas han tenido una lectura muy similar por la fuerza de la circunstancia. Se han concentrado en dos dimensiones: la dimensión económica, marcada por la crisis, y la dimensión política, marcada esencialmente por el desgaste del MAS». Ambos comunicadores coinciden en que estas dos dimensiones han organizado toda su propuesta electoral, desde la definición de alianzas hasta la presentación de perfiles y candidaturas.
Visiones de país contrapuestas
Saavedra identifica una «visión conservadora» encarnada por la candidatura de Libre, que «plantea la modernidad como horizonte de futuro, con la lógica de que Bolivia debe integrarse al mundo y a las corrientes económicas mundiales». El slogan característico de esta propuesta fue: «no miremos por el retrovisor, miremos hacia adelante», una frase que, según el analista, «esconde una forma de simplificar el pasado».
Para Saavedra, este enfoque representa un problema medular. «El pasado es fundamental en política. Un proyecto político, cuando hace una síntesis de su pasado, termina cuestionando cuáles han sido las relaciones de poder, los órdenes de dominación material, simbólica y racial en la sociedad. Estos discursos conservadores intentan hacer un barrido del pasado para decir: no importa tanto lo que ocurrió, lo importante es que nos insertemos en un mundo moderno y globalizado».
Por su parte, la candidatura de Rodrigo Paz y Edmand Lara se posicionó de manera diferente. «Rodrigo Paz y el PDC, voluntaria o involuntariamente, terminó siendo el refugio político del bloque popular en Bolivia», explica Saavedra. «El bloque popular se hastió del MAS y de todas sus modalidades. No quería nada relacionado con el MAS, pero tampoco quería desplazarse hacia un discurso que fuera la antítesis, en el lado del conservadurismo político».
El tema del racismo
Un punto de quiebre fundamental en la campaña fue el surgimiento de los tweets racistas atribuidos a Juan Pablo Velasco. «Creo que el segundo punto central donde se dividen las aguas discursivas es la aparición de los tweets racistas. Si hay algo que ordena el escenario político en Bolivia es el racismo. Ha sido el orden de dominación material más complejo y perverso de toda la historia del país», señala Saavedra.
La respuesta de Libre fue inicialmente evasiva, pero luego, «cuando sintieron que les afectaba mucho en la votación, tomaron una medida desesperada: intentaron disfrazarse de populares, asumiendo una iconografía que no es la suya. Cambiaron las pantallas gigantes y las luces de modernidad por imágenes de JP Velasco con poncho rojo boleando coca, Tuto Quiroga con poncho rojo y la esposa de Tuto cantando en quechua».
En contraste, «el PDC asumió con fuerza la bandera de la reivindicación y la lucha contra el racismo, uno de los ejes fundamentales de la construcción discursiva del Estado plurinacional». Para Saavedra, «ese fue un momento determinante en el ordenamiento discursivo y simbólico de la campaña».
Debates: confrontación y cálculo
«El debate vicepresidencial fue el momento donde se plantearon con mayor dureza las diferencias discursivas de cada lado. Tuvo poco de construcción argumental de propuestas; fue especialmente dirigido por Lara como un espacio para plantear temas políticos fundamentales», sostiene Saavedra.
Edmand Lara, según el analista, «comenzó su debate diciendo: ‘te cedo este tiempo para que pidas perdón por los tweets racistas’. Así metió un tema central de la campaña». En contraposición, «JP Velasco recitaba prácticamente la línea de sus asesores: ‘No hay que mirar al pasado, yo no he venido por la Guerra Sucia, quiero hablar de la modernización del Estado’. Un discurso mucho más tecnócrata que no supo responder inmediatamente a las acusaciones de temas profundamente políticos que planteaba Lara».
El debate presidencial siguió una dinámica distinta. «Fue como pasar de una pelea de vale todo a un juego de ajedrez absolutamente calculado». El elemento político central fue «el sentimiento nacionalista permanentemente invocado por Rodrigo Paz, que intentaba contraponerlo con Tuto Quiroga, quien nuevamente mostró su performance de hombre que abraza organismos internacionales como el FMI. El contraste fue el elemento central: el nacionalista versus el conservador, quien quiere que Bolivia abrace al mundo».
La batalla por el voto intermedio
El voto indeciso se convirtió en campo de batalla fundamental. «Finalizada la primera vuelta, teniendo en cuenta la votación nula, más de un 50% del electorado no había votado por ninguno de los candidatos que llegaron a segunda vuelta. Era un campo muy grande de electores en juego», explica Saavedra.
Mercado profundiza en cómo ambas candidaturas intentaron conquistar este segmento. «Creo que solamente Rodrigo Paz hizo intentos serios por acercarse a ese sector, aunque de manera muy poco clara, porque no hubo una interpelación directa a quienes votaron nulo, especialmente». Según Mercado, «Paz intentó tratar de llegar por la vía del antirracismo. Obviamente no podía apelar a un tema tan clave para el votante nulo como qué va a suceder con Evo Morales. Entonces ha tratado de acercarse a esos sectores por la vía del discurso antirracista y no lo ha hecho él en persona, sino a través de Lara como factor de atracción».
Para Mercado, la neutralidad de Evo Morales fue crucial. «Al decir: ‘no voy a decir por quién tienen que votar, no voy a inducir el voto y no voy a hacer campaña’, le quitó la camisa de fuerza a ese sector que lo sigue para que naturalmente se vaya con el binomio Paz-Lara».
Sin embargo, ambas candidaturas enfrentaron dificultades. Saavedra señala que «el gran problema discursivo para Paz es que le terminó costando ingresar en los centros urbanos. Ambas candidaturas tuvieron dificultades: el PDC posiblemente perdió mucha votación en centros urbanos que priorizaban certezas económicas, mientras que Libre perdió la posibilidad de ingresar en sectores populares que son igualmente importantes».
Economía: claridad versus ambigüedad
Las propuestas económicas revelaron diferencias significativas. Mercado destaca que Tuto Quiroga «se plantea sin ambages un retorno a la economía del mercado, a una reducción de la importancia del Estado». Su agenda era «muchísimo más clara», con «una agenda mucho más estructural, claramente liberal, centrada en un nuevo relacionamiento con los centros de poder económico del mundo occidental. Por eso habla del endeudamiento masivo con los mismos actores de siempre: el FMI, el Banco Mundial, un relacionamiento directo con Estados Unidos».
En contraste, «la propuesta de Rodrigo Paz todavía fue muy difusa. No terminó de explicar con qué se come el capitalismo para todos». Mercado subraya que mientras Tuto «se plantea que todos seamos accionistas, lo que significa transformar empresas en sociedades anónimas, Rodrigo trata de volvernos socios de las empresas del Estado».
Desde su perspectiva, ambos candidatos coincidieron en algo fundamental y es que los dos “están planteando el abandono del concepto de lo común en la economía».
Campañas personalizadas, no programáticas
Ambos analistas coinciden en que las campañas fueron excesivamente personalizadas. Mercado critica que «los mensajes han sido autorreferenciados en ambas campañas. Parecía que todas las propuestas, tanto las económicas como las políticas, eran tributarias de la construcción del líder. Han sido campañas excesivamente personalizadas».
Mercado explica la estrategia. «Las propuestas de Tuto apuntaban a mostrarlo como una persona que conoce de economía, que puede garantizar en lo político un alejamiento del MAS y en lo económico un retorno a la lógica del mercado. Pero todo lo que decía y todo lo que hacía estaba orientado a transformar a Tuto en el nuevo líder».
Como correlato, «en el caso de Rodrigo, se mostraba como la persona más sensible que se acerca al pueblo, que visita todas las comunidades y regiones, que es capaz de ser un interlocutor válido con las organizaciones y los sectores populares». Mercado concluye que «Paz no ha hecho nuevas ofertas electorales. Más bien se ha encargado de ratificar en los debates, entrevistas y campañas que él es cercano al pueblo, que es sensible».
La sofisticación en el manejo de terceros
Ambos analistas subrayan la importancia creciente de terceros actores en la campaña. Saavedra explica que «hay claramente una estrategia de vocerías laterales. Muchas cosas que las campañas oficialmente no pueden decir han sido dichas por otros voceros. Ha habido un rol fundamental de algunos medios de comunicación que decidieron ser actores políticos, siendo prácticamente los principales operadores de las distintas campañas».
Mercado desarrolla esta idea aún más. «Ese es un paso en la sofisticación de las campañas electorales de este nuevo siglo. Las campañas ya no son del centro hacia afuera, sino de afuera hacia el centro». Explica que «antes, los candidatos, sus propuestas y sus maquinarias electorales expandían el mensaje y contagiaban a la sociedad, generando estados de ánimo y humor social. Hoy funciona a la inversa. Ahora se tiene la capacidad de generar estados de ánimo y percepciones en la sociedad que convergen naturalmente hacia un centro, que es el candidato».
Según Mercado, los medios de comunicación juegan un papel central en esto, “porque son los que definen qué tan importante es un tema y qué tanta atención deberíamos poner. Cuando tienes medios que hablan mañana, tarde y noche sobre la crisis económica, la escasez de gasolina, las filas, el incremento de precios, el contrabando, todos esos temas relativos a la crisis, naturalmente generas un estado de ánimo que hace que la gente se mueva hacia un marco de referencia, en este caso la crisis».
Voto por miedo, no por esperanza
Quizás el hallazgo más preocupante de ambos analistas es que la votación se basó en el miedo y el rechazo más que en esperanza. Mercado es contundente: «creo que esta va a ser una de las elecciones menos esperanzadoras que hemos tenido en los últimos años. Ninguno de los dos candidatos convence, y la pregunta que la gente se va a hacer en el momento de ir a votar, o se está haciendo en el momento de decidir, no es por quién voy a votar, sino por quién no voy a votar».
Mercado analiza cómo cada candidato se posicionó en esta dinámica: «Tuto es consistente en su discurso de que el gran mal para Bolivia es el MAS, y que Rodrigo Paz es el nuevo MAS, que tiene vínculos con el MAS, que encarna al MAS, que tiene las bases del MAS y contactos con la dirigencia. Su campaña sigue siendo antimasista, mientras que la campaña de Rodrigo en esta segunda vuelta sí ha variado».
Para Mercado, la situación de Paz fue más cómoda “porque basta con que se enfrente a Tuto Quiroga, sin importar con qué argumentos, sin importar con qué temas, sin importar qué tan diferentes sean sus propuestas, que en muchos sentidos son muy parecidas. El hecho de ser anti-Tuto es lo que lo posiciona de mejor manera».
Conclusión: una campaña sin ideologías
Ambos expertos consultados concuerdan en un diagnóstico final: las propuestas políticas fueron vaciadas de contenido ideológico real. Mercado sintetiza afirmando que esta fue «una campaña electoral que desde principio a fin ha buscado desideologizar. No nos hemos centrado en una contienda ideológica o política en clave de clases, sino simplemente en la competencia de soluciones para el problema económico».
Lo que quedó fueron campañas construidas sobre miedos, personalidades y estados de ánimo, antes que sobre visiones coherentes de país o propuestas transformadoras. Un balotaje, en suma, donde la ausencia de convicción se convirtió en la convicción política dominante.






















































































