El oro mantiene su tendencia alcista, consolidándose como uno de los activos más buscados en los mercados globales. En la sesión del jueves pasado, el metal precioso llegó a cotizar en $us 4.385,92 por onza troy en el mercado al contado.
El metal amarillo se estableció cómodamente en la última semana arriba de los $us 4.200 por onza fina, reflejando la persistente demanda de activos refugio. En lo que va de 2025, este mineral ha experimentado una ganancia acumulada superior al 60%, evidenciando la solidez de su desempeño en los mercados financieros.
Factores determinantes
El auge del oro responde a múltiples factores de riesgo que mantienen a los inversores alerta. Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, sumadas a las preocupaciones geopolíticas globales y las consecuencias del cierre del gobierno estadounidense, generan un entorno donde los inversores buscan protegerse mediante la inversión en oro.
Analistas de reconocidas firmas financieras consideran que la demanda se mantiene impulsada por el llamado «debasement trade», una estrategia basada en la revalorización de activos tangibles ante la creación monetaria continua y el aumento de la deuda pública mundial.
Desde una perspectiva técnica, el oro presenta condiciones de sobrecompra sin señales de agotamiento inmediato. Los especialistas señalan que mientras persistan las tensiones geopolíticas y la incertidumbre económica, el metal seguirá atrayendo inversiones defensivas, manteniendo su trayectoria alcista en los próximos períodos.
Grandes compradores de oro
Además, los bancos centrales continúan desempeñando un papel crucial en el fortalecimiento del mercado del oro. En 2025, varias economías emergentes —entre ellas China, India y Turquía— han incrementado significativamente sus reservas del metal como parte de una estrategia para diversificar sus activos y reducir la exposición al dólar estadounidense. Este comportamiento institucional refuerza la presión alcista sobre los precios y consolida al oro no solo como refugio financiero, sino también como instrumento geopolítico. A medida que los flujos de inversión se desplazan desde los bonos soberanos hacia los metales preciosos, los analistas anticipan un escenario de alta volatilidad en los mercados tradicionales y una prolongación del ciclo dorado del oro.




















































































