Tuvieron mucho poder y la soberbia de sus dirigencias las llevó casi a su autodestrucción, ahora inician disminuidos su periplo por el desierto después de una derrota extrañísima. Habrá que ver si las izquierdas consiguen alguna expiación y se reconstruyen con un nuevo proyecto capaz de convencer a las mayorías. Pese a tanto desorden, hay potencialidades que están ahí a la espera de una reactivación. Pero, primero, habrá que asumir los errores y admitir que muchas cosas se hicieron mal, sin caer en el lamento o la melancolía paralizante.
Fuimos derrotados bochornosamente, empecemos por ahí, incluyéndome yo mismo en ese colectivo de dirigentes, adherentes y votantes que acompañamos intensamente o a veces simplemente con nuestro voto casual al MAS en estos veinte años.
Lo invitamos a leer: ¿Quién inventaría las elecciones?
No hay que darles vuelta a las cosas, la no calificación de un candidato de izquierda para el balotaje, apenas una decena de diputados que se reivindican de esta corriente y una salida del gobierno en medio de descontrol económico y sospechas de corrupción son evidencias de la debacle.
Ni sumando a los “votos nulos” las cuentas salen, se transitó de una fuerza que logró el voto de casi el 60% de las y los bolivianos a un conglomerado fragmentado que no superó en agosto pasado el 25% y que gracias a la extraña idea de pelearse hasta el cansancio y atrincherarse en el “voto nulo” le regalaron al menos 40 potenciales diputados y senadores y una super mayoría calificada artificial a la centroderecha. Ni frente al abismo, las dirigencias cedieron en su manía suicida, dieron un paso al vacío con entusiasmo.
Otra cosa inquietante es, de igual modo, las pocas nuevas ideas para enfrentar los problemas del país, empezando por la crisis económica, la incapacidad para entender los cambios sociales que se produjeron desde inicios de siglo o la identificación de su dirigencia con el abuso, la insensibilidad, la lejanía y la corrupción, es decir con eso que se cuestionaba a las viejas elites políticas de derecha.
Fenómenos que explican el colapso de la gestión de Arce, el mal desempeño electoral de Andrónico y Del Castillo, la ausencia de una respuesta táctica razonable de Evo a su imposibilidad de ser candidato que acabó en una campaña pírrica por el voto nulo y la emergencia, por primera vez en la historia reciente, de una derecha capaz de atraer al votante popular en la persona de Edmand Lara y algunos caudillos locales que se sumaron al PDC.
Sin embargo, la fuerza sigue ahí, en las mayorías plebeyas, que a pesar de tanta insensatez no le entregaron ni sus preferencias ni representación a los candidatos del centro derecha tradicional, los cuales siguieron con su 40% histórico en un escenario que les era muy favorable. Nuevamente fue el heterogéneo mundo popular el que eligió a un presidente que nadie esperaba y dijo que no estaba de acuerdo con la versión más radical de una restauración o retorno al pasado, aunque habrá que ver si el nuevo gobierno toma en cuenta ese deseo, pero eso ya es otra historia.
Ojalá el vagabundeo por el desierto ayude a despejar las bajas pasiones que tanto contaminaron las relaciones en las izquierdas. Volver a las bases, ver a los ojos a la gente a la cual se les falló, escuchar sus reclamos, vivencias y sueños, disculparse, ayudar a que mujeres y hombres jóvenes asuman la responsabilidad de guiar en las futuras contiendas puede ayudar, pero no es suficiente.
Hay necesidad de repensar el proyecto, que no debería renunciar a sus fundamentos de búsqueda de igualdad y de representación de las mayorías populares, pero que deberá adaptarse a un mundo donde el capitalismo de estado ya no es suficiente, en el cual la tecnología y nuestro vínculo con los ecosistemas que nos cobijan tienen que ser torales para pensar el progreso, en el que se debe reivindicar la libertad como un valor de izquierda y al mismo tiempo reconstruir la autoridad y el orden estatal frente a las nuevas fuentes de inseguridad, entre muchas de las cosas que hay que trabajar.
Habrá tentaciones en este periplo, estará ahí el riesgo del sectarismo. La unidad no será fácil, habrá que desdramatizar la cuestión e incluso discutir si es deseable en el corto plazo si su costo es elevado. No está claro si el proyecto hegemónico del evismo de unificar eliminando a cualquiera que disienta con el exjefazo tiene alguna posibilidad de ir más allá del 15-20% que parecer haber preservado. Tampoco es evidente la emergencia de una izquierda alternativa por ahora con pocos votos, alejada de Evo, la cual deberá mostrar su capacidad de sobrevivir construyendo un espacio competitivo frente al evismo y los nuevos populistas de derecha.
Año cero, en el cual mucho está por rediscutirse o quizás reinventarse, aunque con una premisa: el futuro de las izquierdas sigue ahí, en los vitales mundos populares que están renovando el país pero que se han complejizado. Habrá que entenderlos y hacerse cargo de su diversidad. Mientras tanto, como leí de adolescente en algún viejo pasquín izquierdista, ahí en mi cerro en Oruro, mientras estemos junto con el pueblo, no nos equivocaremos. Hay mucho por hacer, cada uno desde su pequeño o gran lugar.
(*) Armando Ortuño Yáñez es investigador social
















































































