Una democracia sin conflicto, seguramente no sería una democracia. El asunto está en que conviva con sus conflictos sin que haya riesgo de ruptura. Al parecer, no es el caso boliviano donde se vive al límite en un enfrentamiento histórico que ha resurgido sin un horizonte de solución claro, en donde lo razonable de una parte es ignorado por la otra, y a la inversa.
Mientras escribo este artículo (10/06/2016), Bolivia lleva más de 40 días de conflicto, con cerca de 100 puntos de bloqueo de caminos y miles de personas campesinas e indígenas en asedio a la ciudad sede de gobierno, La Paz. Hay fuertes efectos en la economía y vida de la ciudadanía urbana. No hay acciones responsables hacia una posibilidad de pacificación. A quienes están movilizados sólo les vale la renuncia del presidente Rodrigo Paz, y entre quienes le apoyan ven la necesidad de respuestas represivas duras o simplemente están en desesperación.
Parecería que un llamado a la razón es inútil. Pero, ¿qué queda? ¿Una guerra civil? ¿Un estado de sitio brutal? Hay quienes ven una u otra opción razonable ¿Qué es lo razonable, entonces?
Lo razonable es lo justificable mediante argumentación pública, dice al respecto Jürgen Habermas. Pero, con habilidad todo se puede argumentar, ¿verdad? Ante eso, él afirma que lo razonable se abre a revisión y fundamentación. En esto último, lo central es eso de “abrirse”. No pasa en Bolivia, cierre total por ambas partes.
Especialmente en La Paz, prácticamente sitiada, hay hartazgo y surgen constantes enfrentamientos sobre lo que se interpreta que ocurre. Walter Lippmann recuerda que los ciudadanos no acceden directamente a la realidad, sino mediante representaciones (generalmente mediáticas). Un juicio razonable no es necesariamente verdadero en sentido absoluto, sino, dice, una interpretación sustentada en evidencia verificable. Es verificable el bloqueo, entonces, parece razonable estar con mucho enfado si se sufren sus consecuencias. Pero, ¿qué de las razones del otro lado? ¿Los medios las muestran? Por lo general, no.
Lippmann agrega que el periodismo tiene la función de reducir distorsiones y ofrecer bases para decisiones razonadas. No ocurre en Bolivia. El comunicador y docente Wilmer Machaca ha demostrado sesgos en la información de los principales medios del país respecto de lo ocurrido en el enfrentamiento de San Julián. Michael Schudson añade que lo razonable es aquello que ha pasado por métodos de verificación, contraste de fuentes y control de sesgos.
Hay algo más, es la adjudicación de posibilidad o no de raciocinio de un grupo de personas. Al campesinado indígena hoy (y siempre en Bolivia) se le ha negado raciocinio, son “llamas” u “ovejas” guiadas por un poder malvado. El gobierno afirma que es por el narcotráfico. Es algo razonable para algunas personas, es absurdo para otras que saben la forma en cómo se organizan y toman decisiones los pueblos indígenas.
De esto se ha escrito mucho, Lila Abu-Lughod, por ejemplo, critica las representaciones occidentales que presentan ciertas prácticas culturales como irracionales sin comprender sus significados locales.
A las mujeres también siempre se las ha mostrado como poco razonables, nos lo recuerda Sherry Ortner, es el lado feo de la Ilustración. Su lado bueno, es que esa visión ha dado lugar al pensamiento feminista que nos da luces: Mary Douglas recuerda que la razonabilidad está vinculada al orden social (que tiene que ver con el poder), que las situaciones parecen razonables cuando se entienden dentro de un sistema cultural (mis amistades, mi barrio, mi ciudad).
En la misma línea, Donna Haraway nos habla del conocimiento situado (mi punto de vista). Por eso, toda afirmación razonable debe reconocer el contexto, los límites y la localización social. Por todo ello, Sandra Harding señala que la pregunta deja de ser si algo «¿es razonable?» para incluir «¿desde qué posición se considera razonable?».
En suma, gente, para hallar una salida, hace falta ponerse en los zapatos de la otra persona y entender más allá de lo que veo desde mi lugar. A no ser que lo que esté en juego sea el control del poder y, en ese caso, hace falta sinceridad. Los movimientos sociales, en ese sentido, son más claros, piden la cabeza del Presidente que los ha traicionado. Porque le votaron.
Quizás, si Rodrigo Paz tomara en cuenta y respetara a toda la población aún encontraría alguna salida que no sea renunciar o “meter bala” (como le piden) a la gente que le votó.
















































































