Hoy domingo 14 de septiembre, Cochabamba conmemora 215 años de su grito libertario. Esta fecha invoca la memoria de un territorio que, con el tiempo, se convirtió en un importante nodo demográfico y cultural del país. Con una densidad poblacional de 36,1 habitantes por kilómetro cuadrado, según los datos del último censo —superando a La Paz (22,6) y más de cuatro veces superior a Santa Cruz (8,4)—, el departamento cochabambino se erige como un caso excepcional en el panorama nacional: un territorio pequeño, pero de enorme gravitación.
María Teresa Zegada Claure, reconocida socióloga y académica, analiza las características que han definido a Cochabamba a lo largo de más de dos siglos en esta entrevista en exclusiva con Escape, de La Razón. Con una sólida trayectoria en el estudio de las dinámicas sociales bolivianas, Zegada ofrece una mirada reflexiva sobre los procesos que han configurado la identidad cochabambina, desde su rol colonial como proveedor agrícola hasta su transformación en un complejo mosaico urbano contemporáneo.
Historia: el territorio articulador
La configuración histórica de Cochabamba como centro neurálgico del país tiene sus raíces desde antes de la República. «En la época de la colonia ya jugó un rol central como una suerte de proveedor de alimentos a las zonas mineras», explica Zegada, quien destaca que esta función primordial «va configurando todo un entorno productivo y que le da una personalidad a Cochabamba relacionada con esa misión de productor de granos, hortalizas y demás para la provisión a los centros mineros y a La Paz».
Añade que, «desde que se funda Bolivia, Cochabamba queda ubicada en el centro del país y se vuelve como un territorio obligado de paso del occidente al oriente, del norte al sur», señala nuestra invitada. Esta posición geográfica privilegiada transformó al departamento en «un lugar de paso, pero también de comercio y de servicios».
El carácter de territorio de tránsito y acogida ha sido determinante en la conformación de su identidad. Según Zegada, «las condiciones atmosféricas, climáticas y geográficas en general han favorecido mucho a que sea un territorio visto como un lugar gravitante en el país en ese sentido de atracción poblacional». Esta capacidad de atracción se intensificó particularmente después de la Revolución de 1952, cuando Cochabamba «fue prácticamente duplicando su población hasta el año 2001».
Un momento decisivo en esta evolución demográfica fue «la relocalización de los trabajadores mineros de los años 1985 y 1986, con la medida del decreto supremo 21060», que «provocó un fuerte impulso migratorio hacia Cochabamba» y redefinió la geografía urbana del departamento, particularmente en la zona norte de la ciudad capital del departamento homónimo.
Sociedad: un mosaico fragmentado
La socióloga describe a Cochabamba como «una ciudad fragmentada» y «un mosaico», características que responden a su particular proceso de crecimiento. «En Cochabamba no tenemos una identidad regional bien definida, como en el caso de Santa Cruz, por ejemplo. Cochabamba más bien es como un crisol de identidades, porque es un lugar de acogida a los sectores que han estado transeúntes por esta zona», anota Zegada.
Esta configuración social ha generado un patrón urbano particular. Mientras «el casco viejo de la ciudad de Cochabamba» se consolidó históricamente como espacio de «una clase privilegiada, acomodada», la expansión urbana siguió una lógica de segregación espacial: «hacia el norte se han ido ubicando las zonas residenciales de la ciudad y hacia el sur las zonas más mestizas, más empobrecidas».
El proceso no fue espontáneo. «Después de 1900 se expulsaron a los sectores más mestizos o más populares del centro de la ciudad para mantenerlo como un lugar privilegiado, y estos se fueron desplazando hacia la zona sur de la ciudad», explica la académica, evidenciando «procesos de segregación social que se han ido dando en la construcción histórica de la ciudad de Cochabamba».
Actualmente, Cochabamba presenta «alrededor del 70% de población urbana y un 30% de población considerada rural», distribución que incluye no solo la ciudad capital sino a los siete municipios aledaños que constituyen el área metropolitana de Cochabamba. Sin embargo, advierte Zegada, «no hay una división tan clara entre norte, centro y sur» porque «conviven, cohabitan, realidades distintas» en espacios vecinos. En la zona norte hay barrios populares que colindan con otros que están entre los más ricos y exclusivos.
Economía: del agro a los servicios
La transformación económica de Cochabamba refleja los grandes cambios estructurales del país. La Revolución de 1952 marcó un punto de inflexión: «al acabar con las haciendas, el proceso de reforma agraria no fue precisamente un proceso exitoso (en Cochabamba) que le permitió al campesino mantener la actividad productiva. Se ha ido despoblando el área rural y la gente se ha ido trasladando a la ciudad», explica Zegada.
Esta migración del campo a la ciudad reconfiguró completamente el perfil económico departamental. «Ha habido más bien una concentración de la actividad económica en los sectores comercio, transporte y servicios, que más o menos corresponden a casi el 60% de la actividad económica de la ciudad», detalla la socióloga. El sector secundario representa «alrededor de un 20% a 23%» mientras que «un porcentaje importante de la población es empleada en el sector público, que son alrededor del 10%».
El epicentro de esta transformación es «el área de la Cancha (el principal mercado de la ciudad), que es un centro histórico desde la época republicana» y que «ha ido concentrando la actividad comercial, ha crecido con la ciudad. Se ha vuelto un centro laboral y de intercambio muy fuerte, un emblema, un ícono casi en Cochabamba». Esta concentración comercial “ha generado que no haya otros mercados tan importantes en el resto de la ciudad».
La influencia de estos sectores trasciende lo económico. «El municipio no puede prescindir de su vinculación de pactos, de estrategias, de relacionamiento con el sector comerciante y con el sector transporte», situación que «ha acompañado la historia también, más que con sectores productivos o sectores anclados en el agro».
Política: la mirada nacional
Una característica distintiva del pensamiento político cochabambino ha sido su perspectiva nacional por encima de los intereses regionales. «Cochabamba, desde el inicio de la República, ha tenido una mirada más nacional que regional, justamente por esta carencia de una identidad propia», analiza Zegada.
Esta particularidad se evidencia en los aportes intelectuales históricos. «José Antonio Arze, Ricardo Anaya, todos esos otros pensadores también previos a la Revolución del 52, tampoco han centrado sus ideas y sus textos en la región, sino que siempre han tenido una mirada más nacional», sostiene la académica. Incluso en el siglo XIX, cuando otros departamentos desarrollaban propuestas regionalistas, los cochabambinos presentaron «una propuesta de descentralización concebida desde una visión más bien de darle una solución a los problemas del Estado, de la construcción del Estado boliviano «.
Solo con «la Ley de Participación Popular (en la década de 1990) y los procesos de descentralización posteriores» cada región se vio obligada a «construir sus propios liderazgos», surgiendo figuras como Manfred Reyes Villa, «un político muy local que ha hecho toda su historia en Cochabamba». Sin embargo, incluso líderes nacionales como Evo Morales, pese a su base cochabambina, mantuvieron «una perspectiva más nacional».
Cultura: entre la tradición y la modernidad
En el ámbito cultural, Cochabamba presenta una dualidad interesante. «Lo que se ha buscado en Cochabamba es ir construyendo deliberadamente una suerte de identidad regional, con mucho éxito en algunos casos y con poco en otros», observa Zegada.
El caso más exitoso es indudablemente la gastronomía. «La capital gastronómica de Bolivia es Cochabamba por la variedad, cantidad, sabores, etcétera, de la comida». Este elemento cultural ha logrado consolidarse como “un factor de identidad fuerte y muy real en Cochabamba».
En contraste, otros intentos de construcción identitaria no prosperaron. «Se ha intentado sin mucho éxito crear una identidad, por ejemplo, con este famoso sello del ‘Orgullo Cochala’, o de la música que se ha creado alrededor de generar un sentimiento regional con los elementos simbólicos que están ahí, como el Tunari, el Cristo de la Concordia», aunque reconoce que «no hay tanta atracción por ese tipo de símbolos, aunque son los que turísticamente recorren nuestros aires».
La ubicación geográfica central, que históricamente ha sido una ventaja, también genera desafíos. «Es una ubicación que es a la vez un privilegio, porque está ubicado en el centro del país, pero al mismo tiempo se convierte en un problema, porque lo que sucede en Cochabamba afecta al resto del país también, en términos, por ejemplo, de conflictos, de bloqueos. El movimiento cocalero, desde la década ya de los años 90, ha aprovechado esta posición estratégica».
A 215 años de su grito libertario, Cochabamba se presenta como un territorio complejo y contradictorio, donde conviven realidades sociales diversas en un espacio geográfico privilegiado pero desafiante. Como sintetiza Zegada, es un departamento que ha forjado su identidad no desde la uniformidad sino desde la diversidad, convirtiéndose en un crisol de la Bolivia contemporánea.




















































































