Hoy domingo, Colombia vuelve a las urnas. Lo hace con el mismo mapa de fuerzas con que cerró la primera vuelta del 31 de mayo: un país partido casi en dos mitades, sin margen para la comodidad de ninguno de los dos candidatos. Abelardo de la Espriella, abogado penalista de 47 años y candidato del movimiento Defensores de la Patria, obtuvo el 43,74% de los votos. Iván Cepeda, senador del Pacto Histórico y figura emblemática de la izquierda colombiana, quedó segundo con el 40,90%. Menos de 700.000 sufragios los separan. El balotaje que se disputa este domingo definirá quién sucede a Gustavo Petro en la Casa de Nariño para el periodo 2026-2030.
«Los resultados de la primera vuelta dan una foto del país bastante dividida en dos pedazos», dice Diego Area. «Es un país que está pasando por un proceso de polarización que no es aislado, sino parte de un fenómeno global”.
Area dirige Global Americans, un think tank no partidario con sede en Washington dedicado a repensar las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Desde esa posición de observancia, el balotaje colombiano no le parece una anomalía. Le parece un síntoma.
El outsider inesperado
Durante meses, las encuestas favorecieron a Cepeda. El candidato oficial llegaba con el respaldo de un gobierno en ejercicio. Con una maquinaria electoral rodada y con la legitimidad histórica de representar la primera experiencia de izquierda en el poder en Colombia. De la Espriella, en cambio, era visto como un fenómeno mediático. Abogado penalista conocido por sus apariciones televisivas, sin experiencia de gobierno. Su estilo, deliberadamente disruptivo, parece inspirado en Nayib Bukele y Javier Milei. La primera vuelta invirtió el tablero.
Las encuestas de la semana previa al balotaje consolidan esa ventaja. Guarumo y Ecoanalítica, en una medición presencial de 2.073 personas en 54 municipios, le asignan a De la Espriella el 52,6% frente al 45% de Cepeda. AtlasIntel, la firma que acertó en la primera vuelta, lo proyecta ganador con el 52,2% contra el 44,5%. El Centro Nacional de Consultoría reduce la brecha: 48,6% contra 44,7%. En todas las mediciones, sin excepción, De la Espriella encabeza.
Para Area, la clave de ese desempeño no es solo táctica. Es estructural. «Abelardo utiliza mucho este nuevo fenómeno de líderes conservadores, no tradicionales y antisistema, que pareciera estar teniendo mucho éxito alrededor del mundo y en Latinoamérica también. Estamos en una ola hacia la derecha, y eso también es una de las variables que le favorecen».
Disputa por el centro
Pero Area advierte que las encuestas no son el resultado y que la segunda vuelta tiene su propia dinámica. «Hay que ser muy cuidadoso y conservador a la hora de analizar estos fenómenos», dice. Lo que va a definir la presidencia, en su lectura, no es la base dura de ninguno de los dos: es el voto de centro. Ese segmento que quedó huérfano tras la eliminación de Paloma Valencia (Centro Democrático) y Sergio Fajardo en la primera vuelta.
«Me parece que el esfuerzo por conquistar el voto de centro es lo que va a definir quién se queda con la presidencia”, sostiene.
Los datos le dan sustento a esa tesis. AtlasIntel estima que el 76,4% de los votantes de Valencia en primera vuelta migrarán hacia De la Espriella. Los votos de Fajardo, que obtuvo alrededor del 4%, se habrían repartido también mayoritariamente hacia el candidato de derecha. Son transferencias que, de confirmarse, amplían una ventaja que ya era real desde el 31 de mayo.
Pero la aritmética no alcanza para explicar todo. Area insiste en que el balotaje tiene una dimensión que va más allá del recuento. «Este proceso de segunda vuelta obliga a ambos candidatos a buscar el centro, a buscar apoyo en quienes son moderados, que son lamentablemente ahora la minoría. Ojalá eso marque el tono de cualquiera de las dos presidencias: la necesidad de tener interlocución con el otro”.
Es una advertencia dirigida especialmente al favorito. «Abelardo y esa otra parte del país tiene que seguir pensando cómo integrar a la otra mitad, porque no se puede gobernar para una sola”.
El péndulo latinoamericano
Colombia no elige en el vacío. Area sitúa el balotaje dentro de un patrón que conoce bien desde su punto de observación en Washington. «Estamos en uno de los múltiples y cíclicos momentos que tiende a ser muy pendular en Latinoamérica a lo largo de su historia. En distintos momentos hay una ola de gobernantes de derecha, y luego le sucede una ola de la izquierda, y así sucesivamente”.
El ciclo progresista que protagonizaron Petro en Colombia, Lula en Brasil, Boric en Chile y López Obrador en México está siendo sucedido por un giro de signo contrario. Milei en Argentina, Bukele en El Salvador, Noboa en Ecuador. Y ahora, con alta probabilidad, De la Espriella en Colombia.
«No creo que sea un fenómeno nuevo», dice Area. «Es simplemente una reedición de cómo funciona de forma pendular la política en la región”. A eso se suma, en su análisis, el fenómeno de los antigobiernistas. «Los que están en el poder normalmente son castigados por las poblaciones, así que los nuevos y los que están en contra del sistema tienden a desplazarlos”.
Esa doble variable —el péndulo ideológico y el castigo al oficialismo— explica en buena medida por qué Cepeda, pese a ser un candidato sólido con décadas de trayectoria, no logró capitalizar la primera vuelta como el gobierno de Petro esperaba.
La variable Washington
Si hay un elemento que distingue este balotaje de otros en la región, es la inusual visibilidad del factor externo. El presidente Donald Trump felicitó públicamente a De la Espriella tras la primera vuelta, lo llamó «El Tigre» y anunció su apoyo de cara al balotaje. El senador Bernie Moreno, nacido en Colombia, estuvo en el país el 31 de mayo y prometió regresar para el domingo.
Para Area, esto no es ruido marginal. Es una variable con consecuencias concretas. «El apoyo directo que ha demostrado el presidente Trump al candidato Abelardo va a jugar un rol, y lo que eso significa en términos de oportunidades de comercio y de reencuentro con su relación histórica con los Estados Unidos”.
El contraste con el escenario alternativo es nítido. «Una continuación de la presidencia de Petro mantendría las relaciones muy frías y rocosas que ha tenido Colombia con los Estados Unidos en este último periodo”.
Area, cuya institución se dedica precisamente a reimaginar ese vínculo hemisférico, ve en la variable Washington algo más que geopolítica. Ve una señal sobre hacia dónde se orienta el eje de gravedad de la región. Una victoria de De la Espriella este domingo no solo cambiaría el mapa político de Colombia. Confirmaría que el péndulo latinoamericano, por ahora, sigue girando hacia el mismo lado.
«Lo que necesitamos en Latinoamérica», concluye Area, «es encontrar un espacio de acuerdo sobre aquello en lo que podemos coincidir más allá de los ciclos electorales y avanzar en conjunto hacia allá. De lograrlo, romperíamos muchos ciclos negativos de nuestra historia”.
Colombia vota hoy domingo. La respuesta llegará en horas.





















































































