El anuncio del presidente Donald Trump el pasado domingo, autorizando la reapertura del estrecho de Ormuz y levantando el bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes, fue suficiente para desplomar el precio del petróleo. El crudo Brent y el WTI cedieron aproximándose al nivel de los $us 70 en niveles mínimos de los últimos tres meses. Los mercados festejaron, pero los analistas piden cautela.
«El barril estaba a $us 65 cuando se produjo el problema en Medio Oriente. Luego llegó hasta $us 120, casi el doble», precisa Álvaro Ríos, ingeniero químico y exministro. «Eso ha causado que los más ricos se vuelvan más ricos y los más pobres más pobres, porque los impactados son los ciudadanos de a pie. Son ellos quienes han tenido que pagar más por el combustible”.
El acuerdo exige que el estrecho vuelva a sus niveles de tráfico anteriores a la guerra en un plazo de 30 días. Sin embargo, reconoce que aún hay minas en sus aguas que deben ser destruidas. El optimismo de los mercados choca con la realidad logística del terreno.
Daños duraderos
Morgan Stanley prevé un déficit de suministro de petróleo de 3,4 millones de barriles diarios durante el tercer trimestre. Esto seguirá reduciendo las reservas mundiales —ya en mínimos desde 1990, según la AIE— a un ritmo de 2,1 millones de barriles diarios. El pronóstico de Morgan Stanley es un Brent promedio de $us 90 entre julio y septiembre, y $us 80 en el último trimestre del año. Goldman Sachs, algo más optimista, espera que las exportaciones del Golfo que pasan por Ormuz se normalicen hacia fines de julio. Aun así, recortó su pronóstico para el Brent al cuarto trimestre desde $us 90 hasta $us 80.
El problema no es solo de rutas porque parte del daño es físico. La planta de licuefacción de Ras Laffan, en Qatar, que suministra normalmente el 17% del gas natural licuado mundial, fue alcanzada al inicio del conflicto. Dos de sus 14 unidades quedaron inutilizadas. Su reactivación llevará más tiempo que la de cualquier pozo petrolero. A ello se suman los daños a infraestructura evaluados por Rystad Energy en hasta $us 58.000 millones. Además, con una factura de reparación de al menos $us 34.000 millones, con estimaciones de hasta dos años para recuperar los niveles de producción previos.
Inventarios
Ríos señala que el mundo no llegó al desabastecimiento total precisamente porque existe una red de amortiguación. «No solamente los países tienen reservas estratégicas de petróleo, gasolina y diésel. También las grandes empresas refinadoras tienen stocks de almacenaje para operar durante varias semanas. Parte de eso salió al mercado y por eso el mundo no estuvo totalmente desabastecido, sino solo parcialmente”.
Esa red tiene, no obstante, límites. La AIE llegó a liberar 400 millones de barriles de reservas estratégicas para contener el golpe, y Japón otros 80 millones. El FMI ya recortó su estimación de crecimiento global para 2026 desde el 3,4% previo a la guerra hasta el 3,1%. También elevó la inflación proyectada al 4,4%. Ese daño macroeconómico no se revierte con la reapertura del estrecho.
El debate sobre acudir a fuentes renovables que reabrió el conflicto tampoco le convence del todo a Ríos. «No vamos a mover los tractores del planeta, ni vamos a mover maquinaria, ni camiones, ni buques, ni aviones con paneles eléctricos», sostiene.
La reapertura de Ormuz es una buena noticia. La normalización, es otra historia.




















































































