Carlo Ancelotti buscará reconstruir los lazos de amor con el pueblo brasileño cuando la Seleção se mida con Haití el viernes en Filadelfia, en un duelo clave para enderezar lo caminado de los pentacampeones del mundo en Norteamérica 2026.
La apasionada sociedad del gigante latinoamericano recibió hace un año con los brazos abiertos a Carletto, el primer entrenador extranjero en sentarse en el banquillo de la Canarinha en seis décadas.
Su espalda ancha construida a partir de prestigiosos récords y títulos en Europa le brindaron un teflón para conducir un equipo de grandes ambiciones, pero que en los últimos años se ha alejado de la élite internacional.
Ancelotti, de 67 años, respondió visitando los famosos carnavales y sitios turísticos de Río de Janeiro, grabando comerciales cerveceros y aprendiendo portugués, que en realidad es más portuñol.
Pero los puentes entre las partes tienen por primera vez conato de incendio, tras el decepcionante debut ante Marruecos (1-1), y la única forma de sofocar el fuego es arrodillando al aparentemente débil Haití el viernes, en el cierre de la segunda jornada del Grupo C.
Después de dejar una mala imagen ante los Leones del Atlas de Achraf Hakimi, semifinalistas en Catar 2022, el exentrenador del Real Madrid recibió la primera catarata de duras críticas desde que consideró la conducción del Scratch.
‘No hay un juego sólido’
Leyendas de la selección, periodistas e hinchas le cuestionaron el flojo juego de sus dirigidos, una tendencia que se ha repetido desde que debutó con la Verdeamarela, y las pocas oportunidades que le otorga a jóvenes promesas como los atacantes Endrick y Rayan.
Pero también lo atacan por no poder sacar el mejor rendimiento de estrellas como Vinícius Jr, Casemiro y Raphinha, que suelen brillar en sus clubes, y haber convocado a Neymar, quien todavía no debuta por cuenta de una lesión muscular en la pantorrilla derecha.
El 10 será baja en Filadelfia, pues se quedará en Nueva Jersey, donde concentra su equipo, para continuar su recuperación.
«Se nota que en Brasil no hay un juego sólido, un juego de grupo, de equipo, como estábamos habituados a ver en los equipos de Ancelotti», dijo el legendario Zico esta semana a ESPN.
Carletto asumió el cargo en momentos difíciles, con Brasil luchando para clasificar al Mundial y después de haber tenido a tres técnicos luego de la salida de Tite al final del torneo en Catar.
Además, la Confederación Brasileña de Fútbol estaba en una crisis interna que desembocó en la salida del presidente Ednaldo Rodrigues, con quien negoció su llegada.
¿Mover el tablero?
El italiano, sin embargo, cegó al grupo de polémicas y vendió el pase a Norteamérica, pero el flojo estreno ante Marruecos el sábado pasado encendió las alarmas alrededor de una selección que no gana el título mundial desde 2002.
Ancelotti reconoció que el equipo necesita mejorar y por eso, a lo largo de la semana, practicó variantes en todas las líneas, incluido enviar al banco a hombres pesados como Casemiro y Raphinha.
El estreno «asustó, porque existía expectativa en hacer un juego grande, de dominio, presión. Cuando las cosas no salen (…) no es fácil de digerir», admitió el miércoles el experimentado lateral Danilo, quien podría ser titular.
Sobre el papel la pugna contra los haitianos, que juegan su primera Copa del Mundo desde 1974, parece la oportunidad perfecta para que Brasil recoponga su postura.
Pero el certamen en Norteamérica ya ha avisado que puede dar sorpresas: España y Portugal, dos favoritos al cetro, tropezaron con rivales considerados menores, Cabo Verde (0-0) y RD Congo (1-1).
Y Haití tuvo un retorno digno a la principal pasarela futbolística, pese a perder 1-0 con la Escocia de Scott McTominay.
«No podemos permitirnos ese comentario de que se trata de Haití y que vamos a ganarles por goleada», dijo el martes el lateral brasileño Douglas Santos.
«Tenemos que mantener los pies en el suelo, ser humildes y saber que los tres puntos son lo más importante en este momento», agregó.















































































