La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos —NOAA, por sus siglas en inglés— confirmó que el fenómeno El Niño está oficialmente establecido en el Pacífico tropical. La NOAA es el organismo federal que gestiona las predicciones meteorológicas y oceánicas del gobierno estadounidense. Sus alertas climáticas son referencia global.
Los modelos internacionales le asignan al evento un 63% de probabilidad de convertirse en un Super El Niño. Las proyecciones del organismo prevén que el fenómeno persista al menos hasta el primer trimestre de 2027.
Para Sudamérica, los efectos serán asimétricos. Las costas del Pacífico —Perú y Ecuador— enfrentarán lluvias intensas e inundaciones. El interior continental recibirá el golpe contrario: sequía. Bolivia se ubica en la zona de mayor vulnerabilidad. Investigadores de la Iniciativa MAP advierten que la escasez de lluvias afectará el acceso al agua, la producción agropecuaria y los incendios forestales en la Amazonía boliviana. El oriente del país concentrará además las temperaturas más extremas, con anomalías que podrían superar los 2,5°C sobre lo normal.
Los países ya reaccionan ante la llega de El Niño. Brasil movilizará 20 ministerios bajo la Jefatura de Gabinete para gestionar sequías en el norte y nordeste e inundaciones en el sur.
El impacto de El Niño no se limitará a las sequías en el interior del continente; las lluvias intensas y las inundaciones que se anticipan en las costas del Pacífico, especialmente en Perú y Ecuador, también generarán un efecto dominó sobre la infraestructura crítica y la logística regional.
Estos eventos extremos pueden interrumpir el transporte y la producción en zonas que son clave para las cadenas de suministro de los países andinos, lo que sumaría presión a una ya de por sí compleja coyuntura económica.




















































































