El país vive en medio de una crisis política inédita. Los daños producidos en más de mes y medio de bloqueo de caminos nos tienen al borde de la devastación general por la interrupción de la producción, la circulación de personas, de mercaderías e insumos y, sobre todo, por la escasez de alimentos en las ciudades, especialmente en La Paz y El Alto.
Un sufrimiento generalizado y, como todo, distribuido de forma harto desigual. La impotencia gubernamental es insuperable y los bloqueos, aunque amainan, se mantienen firmes en lugares estratégicos. ¿Cómo llegamos a semejante situación?
Es una crisis política compleja e inédita por la confluencia de muchos factores; citamos algunos. En primer lugar, lo extraordinario: el hundimiento del MAS por efecto de su disputa interna, que por mano externa dejó una enorme base social, especialmente campesina, sin representación política, vaciando de contenido democrático a la Asamblea Legislativa Plurinacional.
Dos, la deriva gubernamental propia de un gobierno que emerge de una estafa electoral. Pero, sobre todo, consecuencia del déjà vu neoliberal del presidente —al ceremonial de su posesión con quitasoles solo faltó un carruaje para cruzarlo de vereda—, una locuacidad monotemática y sin norte y una afinidad natural con los grupos de poder del agronegocio.
Tres, el error de caracterizar la resistencia social —obrera y campesina— como si fuera una resistencia digitada por Evo Morales, sin entender las diferencias políticas de fondo como las que hay entre la COB y la Federación Túpac Katari, que solo tienen en común que no quieren volver al siglo XX. La oposición social global es el rechazo al neoliberalismo de los 90, con la privatización de las empresas estratégicas del país, los financiamientos condicionados del FMI, un ovejuno alineamiento internacional, etcétera.
Estrategias
Finalmente, en el centro del equívoco, enfocar su estrategia política en el desgaste de la movilización campesina y los bloqueos de caminos, desconociendo que es el summum de su lucha histórica. Apostar a la maquinaria publicitaria de los grandes medios de comunicación que no son periodismo sino empresas —salvo el caso ejemplar de DTV, al que buscaron acallar delictivamente—. Y para coronar, el penoso rol de cortesanos intelectuales promocionados para denostar a la dirigencia social a partir de su amargo resentimiento de clase media.
Esta crisis no puede entenderse en su inmediatez —a seis meses de gobierno— si no partimos de la estafa electoral con el electorado occidental altiplánico aimara-quechua. La legitimidad democrática parte del voto y de los acuerdos electorales adosados al mismo. Esto es el núcleo de un mandato de gobierno (por eso al presidente y al vicepresidente llamamos mandatarios). En materia penal, vender gato por liebre es un delito.
En la Argentina, conforme a la oferta electoral, están cambiando la carne vacuna por carne magra, en medio de un monumental proceso de desindustrialización y corrupción al más alto nivel. Lo que, de todas maneras, fue un avance frente a la respuesta del presidente Menem (en los años 90), cuando un periodista le preguntó por el cambio del programa peronista por uno neoliberal: «Si eso decía, no me votaban».
Bueno, pero volviendo a nuestra crisis, tan compleja y profunda. No hay que olvidar que, si bien la pérdida de legitimidad del gobierno y la resistencia social empezaron con la estafa electoral —acompañada por decretos y leyes inconstitucionales—, hubo una confluencia de hechos de corrupción, narcotráfico y, la que nunca olvidaremos, la gasolina basura, que dispararon la crisis.
Denuncias
La corrupción gubernamental y el narcotráfico alcanzaron niveles récord, aunque mimetizados por un enorme aparato comunicacional. A días del inicio de gobierno, entraron al país por Viru Viru las famosas maletas que llegan en un chárter exclusivo de Miami. Luego, la avalancha de las «narcomaderas» (una novedad). Hay tres envíos detectados y uno con récord mundial de más de 100 toneladas de droga (en medio de más de 1.000 toneladas de madera). Las drogas —cocaína, ketamina, principalmente— impregnan mediante un sofisticado sistema químico que requiere instalaciones industriales. A días de la denuncia del fiscal general de Chile sobre las maderas contaminadas en tres puertos chilenos (Arica, Valparaíso y San Antonio), desde Viru Viru se intenta enviar otro alijo mediante BOA y directo al norte. En medio del esquema delictivo, algunos reportes periodísticos independientes identifican en la trama a ministros y viceministros con sus esposas.
Sin embargo, más allá de estos hechos que restan al gobierno legitimidad y autoridad moral para hablar de vándalos, delincuentes y narcotraficantes, lo más crítico terminó siendo la gasolina desestabilizada o, popularmente, basura. Es el tema más grave por los daños masivos a vehículos privados o públicos, pero especialmente nocivo para los transportistas que tienen en sus vehículos su fuente de trabajo. Acá la caja negra está blindada. Cayeron ministros y presidentes de YPFB, pero nadie explica los sobreprecios en los contratos de importación comparando precios del mismo lugar y proveedor que en nuestro caso simplemente se multiplican.
Gobernabilidad
No es necesario abundar más. El tema central es la crisis de gobernabilidad y su costo para el país y la economía en general. Los daños son inmensos y tardaremos años en recuperarnos. Por ello se entiende el acuerdo firmado por la COB, que había quedado sin el apoyo de los sindicatos de Huanuni y Colquiri —claves para la FSTMB—, que firmaron antes. La COB ya estaba fuera de los bloqueos y, aunque dejó su último pliego como testimonio de su posicionamiento político, apostó a impedir la dictación del estado de excepción. Perdió porque dejó al movimiento campesino en la estacada y el gobierno le clavó el puñal por la espalda.
¿Qué pasará con los bloqueos campesinos de las provincias paceñas y los de Cochabamba? Las decisiones están en las organizaciones de base, aunque la dictación del estado de excepción será un aliciente para su radicalización y lo sucedido con la COB, el amargo antecedente. Ojalá haya un paréntesis: estamos en pleno invierno y el frío altiplánico es insoportable —ni hablar de la intemperie— y la situación general de crisis estatal está al límite.
Sobre lo que no hay duda es en la evaluación del agronegocio cruceño y en la de su partido, el Partido Cívico, que claramente está en contra de este acuerdo o de cualquier otro, porque esto impide aprovechar los bloqueos para exigir el estado de excepción que discipline «con mano dura» a obreros y campesinos o, de lo contrario, cambiar por un gobierno propio y no prestado. Frente a estas terminantes demandas, el gobierno volvió a conceder; esta es su base social y política.
En vilo
El país y la democracia están en pie, pero se ha elevado la tabla de la vigencia del gobierno. El gobierno debió entender desde un principio que es de transición y que su rol histórico no era la añoranza neoliberal. No sería novedad, ni antidemocrático, volver a elecciones que corrijan a fondo el esperpento de sistema político que logramos entre todos; unos más que otros, ciertamente.
Salud





















































































