En días pasados el sector de la inteligencia artificial (IA) sw vio sorprendida cuando el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, envió una carta al CEO de Anthropic, Dario Amodei. Contenía una orden sin precedentes: los modelos de inteligencia artificial Fable 5 y Mythos 5 quedaban sujetos a controles de exportación hacia cualquier lugar fuera de Estados Unidos. La restricción alcanzaba, además, a todas las personas extranjeras dentro de territorio estadounidense, sin discriminar a los propios empleados extranjeros de la compañía. Para cumplir con la directiva, Anthropic tuvo que deshabilitar ambos modelos para todos sus clientes en el mundo. La razón invocada fue la seguridad nacional, aunque la carta no proporcionó detalles específicos.
El episodio no tardó en proyectar su sombra sobre la cumbre del G7 que tuvo lugar entre lunes y miércoles de esta última semana, en Évian-les-Bains, Francia. Lo que en otros años hubiera sido un debate abstracto sobre soberanía tecnológica se convirtió, de golpe, en una demostración empírica. Washington había desconectado a los países aliados de EEUU de la infraestructura de IA más avanzada del mundo mediante una decisión unilateral.
«Se está creando una brecha digital bastante grande y peligrosa», advierte Hugo Miranda, ingeniero industrial y especialista en economía digital. «Mucho se decía que la tecnología tiene que ser para todos, pero Estados Unidos claramente está diciendo que no», remarca.
El interruptor
La restricción sobre Fable 5 y Mythos 5 no es un incidente aislado. Se inscribe en una disputa más amplia entre la administración Trump y Anthropic, que comenzó cuando la empresa se negó a permitir que sus modelos operaran en sistemas de armas autónomas. Desde entonces, el Pentágono declaró a Anthropic un «riesgo para la cadena de suministro» y prohibió su uso en contratos de defensa. La orden de exportación fue el siguiente escalón.
Ante los líderes del G7, el presidente francés Emmanuel Macron señaló el riesgo central. Teme que las empresas de IA pierdan clientes si Estados Unidos puede de repente «apagar el interruptor». La Comisión Europea, por su parte, argumentó que resultaba de interés mutuo para ambas partes que los aliados pudieran usar los mejores modelos disponibles. «Usamos la tecnología de confianza del otro. Nuestros sistemas financieros están interconectados», dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Lo hizo durante el almuerzo de trabajo en el que participaron los CEOs de OpenAI, Google DeepMind y Anthropic. También estaban líderes de Mistral, Meta, Salesforce y Cohere.
Esas conversaciones derivaron en la discusión de un esquema de «socios de confianza». Se trata de un mecanismo de acceso preferencial que permitiría a aliados selectos —países o empresas— utilizar los modelos estadounidenses actualmente restringidos. Las partes establecerían una plataforma entre democracias occidentales en el próximo mes, con una reunión de líderes prevista para septiembre.
Código abierto o cerrado
Para Miranda, la restricción sobre los modelos de IA de Anthropic ilumina una tensión que ya existía pero que pocos habían evaluado en términos de riesgo corporativo. Es la diferencia entre adoptar herramientas cerradas de origen estadounidense o herramientas abiertas de origen chino. «Los chinos te permiten bajarte directamente todo el desarrollo de DeepSeek o de Qwen e implementarlo en tu propia empresa o en tu propio servidor», señala. «Es algo muy bueno, pero hay que tener en cuenta que también hay intereses de China detrás de eso».
Ambas opciones tienen su talón de Aquiles. Los modelos cerrados estadounidenses pueden cortarse por decreto. Los modelos abiertos chinos ofrecen autonomía operativa, pero plantean interrogantes sobre espionaje y dependencia estratégica de otro tipo. «Son cosas que habría que ponerse a pensar realmente hasta dónde va a llegar todo eso», reflexiona Miranda.
Lo que la semana del G7 dejó en claro es que esta decisión ya no es solo técnica. Es una decisión geopolítica que las empresas latinoamericanas tendrán que tomar, quieran o no, más pronto que tarde.




















































































