De la hoja a la taza
El proyecto que busca transformar Los Yungas a través del desarrollo alternativo
En Los Yungas bolivianos, la hoja de coca ha sido durante siglos parte de la identidad cultural, económica y social de las comunidades. Su uso tradicional, ancestral y medicinal sigue profundamente arraigado en la vida cotidiana de miles de familias. Sin embargo, en las últimas décadas, la expansión de los cultivos también comenzó a generar otra realidad: presión sobre los suelos, dependencia económica de un monocultivo y dificultades para construir economías sostenibles en una de las regiones más productivas del país.
Bolivia es actualmente el tercer productor mundial de coca, después de Colombia y Perú, y según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en 2024 el país registró 34.000 hectáreas cultivadas, pese a que la Ley General de la Coca N.º 906 autoriza un máximo de 22.000 hectáreas legales. Solo en Los Yungas, donde la superficie permitida alcanza las 14.300 hectáreas, el monitoreo de UNODC identificó 4.930 hectáreas excedentarias.
En municipios como La Asunta, Chulumani y Caranavi, el crecimiento del monocultivo de coca comenzó a desplazar otros productos tradicionales como cítricos, arroz, maíz y plátano, afectando la seguridad alimentaria de las comunidades y profundizando la dependencia económica de un solo cultivo.
La presión económica alrededor de la coca también transformó la dinámica social de Los Yungas. Durante los últimos años, miles de familias migraron desde el altiplano y otros departamentos hacia municipios como La Asunta, buscando subsistencia económica en el cultivo de coca. Cada año, los sindicatos agrarios reciben cientos de solicitudes de nuevos afiliados, muchos de ellos jóvenes sin acceso a oportunidades educativas o laborales. Sin embargo, esta dependencia económica también dejó a numerosas familias expuestas a la volatilidad del mercado y a los conflictos políticos vinculados al control de cultivos excedentarios.
Frente a ese escenario, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) en Bolivia, con financiamiento de la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA), impulsa en municipios como La Asunta, Caranavi y Chulumani un proyecto de desarrollo alternativo que apuesta por el café como una alternativa económica viable, sostenible y con potencial de exportación internacional.
Pero el proyecto no pretende solamente cambiar cultivos: busca transformar la lógica económica de las comunidades.
“Lo más importante para nosotros es poder incentivar el desarrollo alternativo con cultivos sostenibles y que permitan a las comunidades de esta región tener ingresos que realmente mejoren su calidad de vida”, explica Mónica Mendoza, Representante de la UNODC en Bolivia.
La estrategia apunta a fortalecer cultivos sostenibles mediante acuerdos agroforestales, asistencia técnica, capacitación especializada y apertura de mercados internacionales para café boliviano de especialidad.
Impulsar estas iniciativas permite tres elementos importantes. El primero es poder profesionalizar la producción de cultivos alternativos, en este caso de café; lo segundo es impulsar un trabajo a largo plazo que permita la sostenibilidad de las comunidades, y lo tercero es dar a conocer a las comunidades de Los Yungas de Bolivia en el mundo como un motor cafetalero de especialidad.
Un desafío que va más allá del cultivo
En las comunidades yungueñas, muchas familias reconocen que la coca continúa siendo el cultivo más rápido para generar ingresos inmediatos.
“Con la coca producimos, vendemos rápido y tenemos economía”, cuenta Florinda Blanco Gómez, productora de la comunidad Tercera Bolívar. “Por eso muchos cultivamos coca, porque es más accesible”.
La lógica económica es clara: mientras otros cultivos requieren inversión, tiempo y asistencia técnica, la coca ofrece liquidez inmediata. Por eso, uno de los principales desafíos del proyecto ha sido generar confianza en el futuro. Producir café de especialidad implica un proceso largo que requiere conocimientos específicos, nuevas técnicas agrícolas y formación permanente.
“No se trata de una producción que aparece de la noche a la mañana”, explica Mónica Mendoza. “Cultivar café orgánico de especialidad para competir en mercados internacionales requiere tiempo, inversión y responsabilidad”.
El proyecto ‘Fortalecimiento de las economías locales y control de la expansión de cultivos excedentarios de coca a través del mejoramiento de la productividad y comercialización de café en sistemas agroforestales en Los Yungas’, busca instalar capacidades permanentes dentro de las propias comunidades para fortalecer una producción sostenible y competitiva. Hasta ahora, 117 productores fueron capacitados en diseño e implementación de sistemas agroforestales; 131 en producción de plantines y manejo de viveros de café; 102 en huertos hortícolas orientados a reforzar la seguridad alimentaria; y 51 participaron en procesos de fortalecimiento organizativo y enfoque de género.
La iniciativa beneficiará directamente a 5.000 personas —entre productores y miembros de sus familias— además de 30 funcionarios municipales y 20 técnicos del Ministerio de Desarrollo Productivo, Rural y Agua en Bolivia. De manera indirecta, el proyecto beneficiará a más de 108.000 habitantes de los tres municipios.
Café boliviano para mercados internacionales
Uno de los principales objetivos del proyecto es convertir el café de Los Yungas en un producto competitivo dentro del mercado internacional. Las alturas, la humedad y las características climáticas de la región permiten producir cafés de especialidad altamente valorados en mercados extranjeros.
La UNODC señala que, con apoyo de la cooperación internacional, se logró comercializar más de 289 toneladas de café en mercados internacionales y nacionales y actualmente se trabaja en la apertura del mercado coreano. El objetivo es que los productores obtengan mayores ganancias reduciendo intermediarios y fortaleciendo canales directos de exportación.
“En los últimos tiempos se ha visto, en diferentes países, a Bolivia como un lugar con uno de los mejores cafés. El café ha ido creciendo y ahora también se ve que es una opción para crecer y mantener a la familia”, comenta Jaime Rubén Pairo, productor de la Comunidad Segunda Bolivar del municipio de La Asunta.
Sin embargo, la visión del proyecto va incluso más allá del café, tienen la intención de convertir a Los Yungas en una región reconocida internacionalmente no solo por su producción agrícola, sino también por su potencial turístico y ambiental. “Bolivia puede competir con cafés como el colombiano o el brasileño”, afirma Mónica Mendoza. “Queremos posicionar otra imagen de Los Yungas y de Bolivia en el mundo”.
Jóvenes y mujeres: el motor del cambio
Uno de los componentes más importantes del proyecto es la participación de jóvenes y mujeres y el proyecto busca que al menos el 40% de las acciones estén dirigidas específicamente a fortalecer su participación dentro de la cadena productiva.
En la comunidad Simón Bolívar II, Erick Mamani Ovando, de 24 años, representa justamente esa nueva generación. “Como joven me animé a emprender en este proceso porque vemos que el café tiene mercado seguro y posibilidades de exportación”, dice.
Además del café, su familia produce cítricos, plátanos y paltas, una diversificación que permite reducir riesgos económicos y fortalecer la seguridad alimentaria. Ese modelo forma parte central de los acuerdos agroforestales promovidos por el proyecto. “Para mí es un reto grande, viene con mucha responsabilidad. He visto que en otros países la producción de café es un futuro seguro”, comenta Erick.
Él, al igual que otros jóvenes que son parte del proyecto, tienen la expectativa de lograr una buena producción y acceder a un mercado para la exportación de café de altura. “Lo que espero para mi comunidad es que crezca, poder tener agua potable, qué más personas quieran dedicarse al café y que mi comunidad progrese también en educación”, explica Erick.
Sin embargo, en muchas parcelas de Los Yungas, el café todavía convive con pequeñas extensiones de coca. El cambio no ocurre de manera inmediata y los propios productores reconocen que abandonar completamente la coca depende de que el café logre ofrecer estabilidad económica real.
“Queremos dejar poco a poco la coca”, expone Jaime Rubén Pairo. “Pero el café tiene que generar suficiente economía para mantener a la familia”.
Para el proyecto de la UNODC existen dos grandes metas: lograr sostenibilidad económica y consolidar mercados internacionales permanentes para el café boliviano.
Una transformación a largo plazo
Para KOICA, el proyecto representa mucho más que cooperación internacional. “Ver a agricultores que dejaron cultivos de coca y optaron por alternativas sostenibles nos genera una gran satisfacción”, señala Seoyoung Park, subdirectora de KOICA.
En Los Yungas, el cambio todavía está en construcción. Muchos productores recién comenzaron a sembrar sus primeras plantas. Otros esperan infraestructura, sistemas de secado, acceso a agua potable o mejores caminos.
El gran desafío que afrontan estos productores en Los Yungas es poder construir una economía sostenible que permita a las familias no volver a depender de la coca ni de monocultivos que deterioran los suelos y profundizan la vulnerabilidad de sus comunidades. Porque en Los Yungas, el café ya no representa solamente un cultivo alternativo: comienza a convertirse en una posibilidad concreta de futuro.
Café, una alternativa de alto perfil ante la coca





















































































