El mercado mundial del litio vive en 2026 un ciclo de recuperación tras el desplome de precios entre 2023 y 2025. Los dos grandes productores sudamericanos llegan a este repunte con volúmenes récord y perspectivas de expansión sostenida. Argentina y Chile no solo aceleran su producción: están redefiniendo su peso en el mercado mundial de los minerales críticos.
Chile, el líder regional
Chile es el segundo productor mundial de litio, detrás de Australia, y el primero de América del Sur. El primer trimestre de 2026 marcó un hito: las exportaciones crecieron un 25% respecto al mismo período del año anterior, alcanzando 84.000 toneladas. Para el cierre del año, los analistas proyectan que el país rozará o superará las 300.000 toneladas de carbonato de litio. Con esto alcanzará un nuevo récord histórico. El motor principal es Novandino Litio, la sociedad conjunta formada en diciembre de 2025 entre Codelco y SQM. Operará en el Salar de Atacama hasta 2060 y concentra alrededor de 250.000 toneladas de la producción proyectada para este año. Albemarle, el otro gran operador del salar, aportará entre 70.000 y 74.000 toneladas adicionales.
En términos de ingresos, el efecto combinado de mayor volumen y precios recuperados es contundente. En los primeros cuatro meses de 2026, Chile exportó litio por $us 2.136 millones, con China absorbiendo el 57% de los envíos. El modelo chileno de captura fiscal es el más robusto de la región: las regalías escalonadas pactadas con Corfo pueden llegar al 40% del precio de venta. Con la constitución de Novandino el Estado pasará a capturar hasta el 70% del margen operacional de la nueva producción entre 2025 y 2030. Esto podrá llegar hasta el 85% a partir de 2031, sumando pagos a Corfo, impuestos al fisco y utilidades de Codelco. Solo en 2025, Codelco registró una utilidad excepcional de $us 2.035 millones atribuible directamente al reconocimiento contable de su participación en Novandino.
Argentina apura el paso
Argentina llega a 2026 con un dinamismo productivo sin precedentes. En abril procesó 11.466 toneladas de carbonato de litio, un salto del 60,4% respecto al mismo mes del año anterior. El acumulado del primer cuatrimestre acumula un alza del 48,2% interanual. La producción de 2025 cerró en 116.000 toneladas de carbonato de litio y las proyecciones para 2026 apuntan a entre 130.000 y 150.000 toneladas. Estos volúmenes consolidarán al país entre el cuarto y quinto puesto mundial, compitiendo con Zimbabue por ese escalón. La mira está puesta en superar a Chile hacia mediados de la próxima década.
Los siete proyectos operativos —distribuidos entre Jujuy, Salta y Catamarca— tienen a China como destino principal. La potencia asiática absorbe más del 53% de las exportaciones del bloque noroeste. En enero de 2026, las exportaciones mineras totalizaron $us 812 millones, récord histórico para ese mes y casi el doble del mismo período del año anterior.
El contraste con el modelo chileno es, sin embargo, pronunciado en materia fiscal. La Ley de Inversiones Mineras limita las regalías provinciales al 3% del valor boca de mina. El gobierno de Milei busca profundizar esa lógica. El «Súper RIGI» enviado al Congreso en mayo de 2026 prohíbe expresamente que las provincias cobren regalías o cánones a los megaproyectos que adhieran a este régimen. La iniciativa busca atraer inversiones superiores a los $us 1.000 millones a cambio de una alícuota reducida del 15% en el impuesto a las ganancias. La apuesta es por velocidad de expansión sobre captura de renta. En la última década, las empresas mineras invirtieron más de $us 7.600 millones en el país, estableciendo siete plantas y generando más de 5.000 empleos directos en el norte argentino.
Dos modelos en carrera
El contraste entre ambos países sintetiza una tensión clásica en la economía de los recursos naturales. Chile apostó por el Estado como socio estratégico y rentista mayoritario, con control sobre quién produce, cuánto y con qué condiciones. Argentina apostó por el capital privado como motor de expansión, con captura fiscal mínima y puertas abiertas. Los dos modelos tienen sus propias racionalidades, y los próximos años dirán cuál resulta más eficiente y sostenible.



















































































