Cuando se habla de exportaciones de litio chilenas, la cifra agregada oculta una distinción relevante: Chile no exporta un solo producto sino tres. Cada uno ocupa un lugar diferente en la cadena de valor global de las baterías.
El carbonato de litio es el producto principal y el de mayor precio unitario en el mercado al contado. Representa el 75% del valor exportado por Chile en los primeros cuatro meses de 2026, con $us 1.606 millones en envíos. Es el compuesto que alimenta las baterías de tipo LFP —litio-hierro-fosfato—. Estas son las más extendidas en vehículos eléctricos de precio accesible y en sistemas de almacenamiento energético a gran escala. Su producción ocurre en las plantas químicas que Novandino y Albemarle operan en las cercanías del Salar de Atacama. La salmuera extraída se concentra por evaporación durante meses y luego se procesa hasta alcanzar el grado batería.
El hidróxido de litio es el segundo producto, con $us 94 millones exportados en el mismo período. Técnicamente más exigente de producir que el carbonato, el hidróxido alimenta las baterías NMC —de níquel, manganeso y cobalto—. Son de mayor densidad energética y autonomía, usadas en vehículos de alta gama. SQM produce hidróxido directamente en Chile, aunque en menor volumen que el carbonato.
El tercer producto es el sulfato de litio, que en el primer cuatrimestre de 2026 alcanzó $us 436 millones en exportaciones, un crecimiento del 808% respecto al mismo período del año anterior. Es un semielaborado que Chile exporta a China, donde plantas de SQM convierten ese sulfato en hidróxido para abastecer a fabricantes de baterías asiáticos. Dicho de otro modo, el valor agregado final de ese flujo se completa en Asia, no en Chile.




















































































