¿Nos hace falta la COB?, la otrora poderosa Central Obrera Boliviana que aglutinaba a todos los sindicatos y organizaciones sociales. Quizás tendríamos que preguntarnos: ¿Quiénes deberían tener representación en la COB?, y también, ¿quiénes habrían de asumir la necesidad de esa representación?
Luego de la última movilización social que tuvo como centro el bloqueo carretero del país durante 50 días, con fuertes efectos negativos en la economía nacional y prácticamente ningún resultado en sus demandas, mucho menos en la principal: la renuncia del presidente Rodrigo Paz. ¿Qué queda como ganancia para la gente movilizada? Hay quienes hablan de que cierto logro es el resurgimiento de la COB.
El periodista y docente universitario Carlos Soria Galvarro ha planteado el tema, el resurgimiento, recuerda que por el 2003 se decía algo similar luego las movilizaciones de octubre que hicieron caer al presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y permitieron más adelante la llegada de los gobiernos de Evo Morales y del MAS-IPSP (Movimiento al Socialismo – Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos), un periodo de 20 años en que la COB se apagó al ser, de alguna forma, parte del gobierno.
Hoy la COB ha resurgido porque las bases así lo quisieron, como diría en esos años la aguerrida dirigente del magisterio Wilma Plata, ante la ausencia de otro referente político al cual aferrarse. Ha fracasado en la reciente batalla, pero es evidente que la guerra seguirá ante una nueva etapa gubernamental enfocada al liberalismo económico, la reducción del Estado y su presencia en servicios sociales, y su proximidad a gobiernos de derecha del continente americano.
Al contrario que en décadas anteriores, donde la preminencia al interior y dirigencia de la COB la tenían los trabajadores mineros (considerados la “vanguardia revolucionaria”, por su condición de asalariados), hoy el enorme grupo de peso movilizado y político es el campesinado. Los mineros, por normas internas, mantienen la máxima dirección y han sido activos en las protestas, pero con menos presencia, así como el magisterio. El sector fabril (el obrero histórico) prácticamente no existe. Y escribo en masculino, porque todas estas representaciones son así, un mundo de hombres, salvo en el campesinado donde “las Bartolinas” tienen un lugar relevante, pero secundario.
Desde principios de siglo, y quizás antes, se habla de la necesidad de que la COB modifique su normativa interna para que se abra a los tiempos actuales y dé mayor espacio a otros grupos laborales también explotados, como profesionales en precariedad. También se debería abrir a las mujeres entendiendo de que se trata de la mitad de la población que, al margen de su nivel económico, tienen una situación de explotación (por sus labores de cuidados en casa y por el patriarcado) y especialmente las asalariadas que viven una doble opresión, de ello viene hablando el feminismo marxista o socialista desde hace más de un siglo (Flora Tristán: «la mujer es la proletaria del proletariado»; Rosa Luxemburgo: los derechos políticos de las mujeres se vinculan a la lucha anticapitalista; Clara Zetkin: sufragio y derechos laborales; Silvia Federici: salario para el trabajo doméstico; y otras).
¿La COB es un ente caduco? De ninguna manera, sigue siendo un instrumento de representación y lucha por derechos y conquistas sociales pese a que hoy no refleje cabalmente las necesidades de quienes requieren de su intervención. Y aquí hay un conflicto de, llamémosle, ceguera identitaria: ¿Quiénes deberían ver a la COB como también suya y la rechazan? Mucha gente que se cree de clase media (por aspiración o por origen) y es clase baja o precaria a pesar, incluso, de tener estudios o un micro negocio.
Sí, tener estudios o ser micro comerciante porque no hay más con qué ganarse el pan, no encajan en la categoría tradicional de “proletariado”; sin embargo, hoy la fuerza de trabajo tiene también estudios y genera plusvalía. En el caso de las mujeres suma la conciliación trabajo doméstico y oficina.
La COB es el resultado de una batalla ideológica por un mundo mejor, una batalla que ha sufrido una gran derrota al punto de que incluso no plantea con fuerza un horizonte claro; sin embargo, no significa que no existan las razones para permanecer en la defensa de la mayoría con desventajas sociales. Hace falta limpieza, renovación, ampliación y mucha pedagogía para concientizar a quienes deberían formar parte por su situación de explotación y precariedad.

















































































